
Ubicado en el corazón geográfico de Colombia, dotado de una extraordinaria diversidad de climas y heredero de una de las tradiciones culturales más antiguas y ricas del país, Boyacá es mucho más que un departamento.
Además de regalarnos la artesanía, la carranga y una parte esencial de nuestra memoria histórica, nos alimenta todos los días, resguarda una porción invaluable de nuestro patrimonio natural y se juega mucho en la elección presidencial de este domingo.
Este es el departamento con mayor extensión de páramos en Colombia: cerca de una cuarta parte de estos ecosistemas estratégicos se encuentra en su territorio.
Son mucho más que paisajes de alta montaña. Constituyen una infraestructura natural silenciosa que regula el agua, contribuye a la producción de alimentos, sostiene actividades económicas y fortalece la resiliencia climática del país. Su conservación, por el bienestar de toda la nación, debería ocupar un lugar prioritario en la agenda del próximo gobierno.
Pero Boyacá es también la tierra del campo, de lo rural y del agro. Lo sabemos, aunque pocas veces nos detenemos a pensarlo, porque cada día consumimos la papa que allí se produce, los lácteos que salen de sus municipios y las frutas y verduras que se cultivan en sus tierras.
Denominada la despensa agrícola de Colombia, esta región desempeña un papel fundamental en la seguridad alimentaria del país, un desafío cada vez más urgente en un mundo marcado por la incertidumbre climática y económica.
Según el DANE, más de una cuarta parte de la población boyacense vive en zonas rurales y enfrenta un enorme reto: el envejecimiento poblacional y la migración de jóvenes hacia las ciudades.
Este fenómeno ha provocado municipios con pérdida de habitantes y dificultades para garantizar el relevo generacional en el campo. La deuda con el campesinado boyacense es una realidad y lo que ocurra el próximo domingo tendrá mucho que ver con la forma en que el país decida saldarla.
De su gente trabajadora, de su historia marcada por las raíces indígenas y las tradiciones precoloniales, de su papel fundamental en el sueño republicano y de las innumerables vidas que han contribuido al desarrollo nacional, emerge una cultura que constituye también un legado histórico y patrimonial.
Un legado que se extiende por sus 123 municipios y que abarca los fósiles de Villa de Leyva, los tesoros escondidos de Tunja y la leyenda de Fura y Tena en las montañas donde nacen las esmeraldas más famosas del planeta.
Las múltiples transformaciones nacionales y globales amenazan hoy buena parte de estas riquezas: la crisis climática, los incendios forestales, las presiones sobre los ecosistemas estratégicos, los cambios demográficos y migratorios, la competencia internacional y las escasas oportunidades económicas de muchos municipios son apenas algunos de los desafíos que enfrenta esta tierra andina.
El próximo presidente deberá comprender la magnitud de estos retos, sentirse cercano al relato de los boyacenses, aliado en sus luchas y comprometido con sus causas. Gobernar también implica admirar y proteger los recursos naturales, valorar la cultura y el patrimonio, y construir un diálogo nacional que incluya a esta tierra de sueños, oportunidades y campesinos que, silenciosamente, sostienen buena parte de la vida del país.
El 7 de agosto de 1819 se libró en suelo boyacense la batalla decisiva para conquistar la independencia. Aquel día, cientos de hombres y mujeres entregaron su vida persiguiendo el sueño de la libertad. Más de dos siglos después, su legado nos recuerda el privilegio de tener una República y una democracia. Honrarlo implica también comprender el valor estratégico de esta región y asumir que, al decidir el futuro de Boyacá, estamos decidiendo, en buena medida, el futuro de Colombia.
La entrada ¿Qué se juega Boyacá en esta elección presidencial? se publicó primero en Boyacá 7 Días.











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