El 20 de julio pasado en el Congreso; toda una clase de Ciencia Política. Logrolling, Necessitá, Coaliciones legislativas.

domingo 26 de julio de 2026, 7:00 am
Juan Pablo Camargo Gómez

Gabriel García Márquez insistía en que “Toda buena novela es una adivinanza del mundo”.

En el libro Cómo mueren las democracias se explica que estas serán saludables si dentro del Estado coexisten sistemas robustos de frenos y contrapesos para evitar el hiperpresidencialismo. La elección del senador Honorio Henríquez impidió que el nuevo gobierno de La Espriella asumiera con un aliado directo a la cabeza del Legislativo, y permitió también una clase de ciencia política para los gustosos de ella y, abrió la puerta para que estos cuatro años cada senador interprete y analice las adivinanzas de una novela que cada sesión implicara la mayor astucia, inteligencia y activismo de bancadas a la hora de votar cualquier proyecto de ley.

La reciente e inesperada dinámica de votación para la conformación de la Mesa Directiva del Senado de la República de Colombia revivió un viejo debate sobre la adaptación y movimientos que hacen los partidos políticos cuando ven asediadas sus pretensiones o cuando otro partido intenta opacarles en el ejercicio y ostentación de poder. Esto la verdad no es nuevo.

Teorías como Logrolling, Necessitá, Coaliciones mínimas ganadoras, acuerdos programáticos son pan de cada día, que no necesariamente —como lo dijo la senadora Corcho— se trata de una adhesión o afinidad ideológica, definitivamente No. Un poco aquí vamos a tratar de traer el contexto de esas varias teorías que estudiosos de la ciencia política anticiparon desde antes de los años ochenta.

Todos se sorprendieron al ver a sectores tradicionalmente antagónicos cruzar votos estratégicos en el recinto de la democracia para elegir dignidades claves en el primer año de Gobierno y que, seguramente, marcará el rumbo del lenguaje y narrativa que necesariamente como ciudadanos debemos reconocer, interpretar y reaccionar de cara al futuro del país.

El martes 21 de julio la prensa escrita, la radio, los analistas políticos, entre otros, llevaron a la opinión pública los titulares más mediáticos que movieran el aparato social y opinístico, como suele suceder en todos los cafés de las plazas públicas de nuestras capitales y municipios del país. La opinión pública se batió entre los calificativos o categorías políticas-morales como “primer derrota”, «traición», «sorpresa» o «anomalía».

Sin embargo, para la ciencia política contemporánea, este comportamiento no representa un error del sistema ni una claudicación ética; por el contrario, constituye la aplicación metodológica y rigurosa de los teoremas de supervivencia institucional y maximización del poder en contextos de fragmentación parlamentaria.

Para despojar el análisis del romanticismo doctrinario, es imperativo examinar la conducta de las bancadas bajo el lente de la Teoría de la Elección Racional y los modelos clásicos de formación de coaliciones legislativas.

El punto de partida analítico obligatorio es el trabajo pionero de William H. Riker en su obra clásica The Theory of Political Coalitions (1962). Riker formuló matemáticamente el concepto de Coalición de Tamaño Mínimo Ganador (Minimum Winning Coalition), demostrando que en cuerpos colegiados los actores políticos racionales operan bajo un principio de economía de escala.

Según Riker, los partidos no buscan crear alianzas sobredimensionadas ni ideológicamente puras, sino coaliciones restringidas que alcancen el número estrictamente necesario de votos para ganar (el 50 % más uno), lo que sucedió el día lunes de independencia.

Aliar más sectores de los requeridos diluye el beneficio político directo, como el control de la agenda legislativa, las comisiones y la representación institucional. En el escenario del Senado colombiano, pactar con el rival histórico no fue un acto de simpatía pragmática, sino el cálculo óptimo para asegurar una mayoría numérica frente a la amenaza de un tercero.

Cuando la supervivencia institucional colectiva está bajo amenaza, el comportamiento orientado estrictamente al cargo (office-seeking) predomina de forma absoluta sobre el comportamiento orientado a la política pública (policy-seeking), un marco analítico profundamente tipificado y que indica que el control del aparato estatal legislativo cuando está en juego, la distancia ideológica discursiva se reduce temporalmente a cero.

A esta dinámica de asignación de dignidades se suma un mecanismo institucional silencioso pero omnipresente: el logrolling o intercambio de votos.

Para entenderlo y poder argumentar en el examen definitivo de este fenómeno —decía mi profesor Javier Torres— hay que ir a The Calculus of Consent (1962), la obra cumbre de los premios Nobel de Economía James M. Buchanan y Gordon Tullock.

Desde la óptica de la escuela del Public Choice (Elección Pública), los legisladores actúan esencialmente como maximizadores de utilidad en un mercado político. Buchanan y Tullock revolucionaron la teoría democrática al plantear una visión disidente y pragmática: la regla de la mayoría simple posee la limitación inherente de tratar todas las preferencias individuales con la misma intensidad, ignorando qué tan vital es un proyecto o cargo para un partido específico.

Del Bosque al Capitolio: La Metáfora de los Troncos en la Política Colombiana

El concepto de logrolling tiene un origen estrictamente físico y comunitario en los bosques norteamericanos del siglo XIX. Cuando los colonos talaban la tierra, descubrían que los troncos de los árboles grandes eran demasiado pesados para ser movidos por una sola familia: «Tú me ayudas a rodar mis troncos hoy, y yo te ayudo a rodar los tuyos mañana».

En el Congreso de la República de Colombia, los «troncos» ya no son de madera, sino que representan proyectos de ley, reformas constitucionales y, de manera muy calculada, los cargos de las mesas directivas.

Ningún partido político, por sí solo, tiene el peso suficiente para mover la pesada maquinaria del Estado o imponer una presidencia. Es allí donde la metáfora se materializa en el Capitolio Nacional.

Katz y Mair explican que los partidos utilizan las estructuras institucionales del Estado para asegurar su propia supervivencia colectiva y bloquear el ingreso o preeminencia de actores disruptivos. En un parlamento fragmentado, y más en su inicio, las bancadas deben interpretar rápidamente su futuro, ello les permitirá moverse de cara a cada proyecto legislativo radicado o bien por el Gobierno o bien por los mismos parlamentarios; comprenden entonces metodológicamente que es más seguro y eficiente establecer una tregua técnica para cogobernar y equilibrar el poder legislativo, que arriesgarse a quedar individualmente marginadas del control procedimental de las leyes bajo las presiones del poder ejecutivo.

Este crudo pragmatismo parlamentario evoca directamente las lecciones fundamentales de Nicolás Maquiavelo en El príncipe (1513). La política real (verità effettuale) no se edifica sobre las promesas idealistas de la plaza pública, sino sobre la necessità (necesidad) de conservación del poder y la capacidad adaptativa de los actores políticos ante los contextos y las presiones que se suscitan en cada nueva legislatura.

Al cruzar votos con sus históricos antagonistas, las bancadas legislativas aplicaron un axioma incombustible del realismo político: en la arena del poder, la rigidez dogmática ante circunstancias adversas es el camino más expedito hacia la irrelevancia institucional.

En conclusión, el análisis politológico desapasionado nos obliga a aceptar que en los cuerpos legislativos las fronteras doctrinarias son líquidas y las enemistades son estrictamente temporales.

Como demuestra la literatura de la elección racional, el mercado político del logrolling de Buchanan y Tullock, y el modelo de cartelización partidista, el Congreso no está estructurado para debatir verdades absolutas, sino para procesar de forma estratégica transacciones institucionales limitadas.

En las entrañas del Capitolio de la República, la matemática elemental de la supervivencia siempre terminará derrotando a los dogmas de la campaña electoral.

Los siguientes meses en las plenarias de Senado y Cámara tendrán una particularidad, las calculadoras como herramienta indispensable de los teléfonos celulares de los parlamentarios, pues aquí cada voto contará y será fundamental para llegar al número mágico que una y otra bancada querrán tener: 52.

Al final puede llegar a ser un cuatrienio en donde sectores que públicamente se confrontaban, sumarán fuerzas en secreto para mover un interés común, demostrando que en la alta política —al igual que en el bosque— la necesidad de supervivencia compartida pesa más que cualquier diferencia doctrinal.

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