
Muy pronto Sogamoso estrenará un nuevo estadio. Una obra moderna y necesaria para una nueva época del deporte en la ciudad. Pero mientras avanza la expectativa por su inauguración, vuelve a aparecer una discusión que curiosamente ya se había vivido hace casi seis décadas: cómo debía llamarse el estadio de Sogamoso.
Y ahí aparece inevitablemente el contraste entre lo viejo y lo nuevo. El antiguo Olímpico del Sol nació desde el civismo; el nuevo estadio nace desde la modernidad.
El primero fue construido gracias al esfuerzo colectivo de ciudadanos que entendieron que levantar un estadio también era construir ciudad. Hubo campañas comunitarias, jornadas de trabajo y episodios que todavía permanecen en la memoria de generaciones enteras de sogamoseños, como la recordada “marcha del ladrillo”, donde la ciudad entera se movilizó alrededor de un sueño común.
Por eso el antiguo estadio terminó convertido en mucho más que un escenario deportivo. Fue, probablemente, la muestra más grande del civismo sogamoseño.
Pero, además, el viejo estadio tenía algo que iba mucho más allá del fútbol. Los domingos no solo se llenaban las tribunas. También se llenaban los alrededores de familias enteras que encontraban allí un punto de encuentro, conversación y tradición. El estadio hacía parte de la vida cotidiana de la ciudad.
Detrás de esa historia estuvo el histórico Comité Pro-Estadio, integrado por hombres que dedicaron años de trabajo para convertir aquel sueño en realidad. Sin ellos, sencillamente no habría existido el escenario que marcó durante generaciones la vida deportiva y emocional de Sogamoso.
Curiosamente, incluso el nombre del estadio nació en medio de una discusión parecida a la actual. Antes de la inauguración de 1967 existían distintas opiniones sobre cómo debía llamarse el escenario. Pero fue durante aquella histórica transmisión radial cuando el maestro del periodismo deportivo en Colombia, Alberto Piedrahíta Pacheco terminó bautizándolo espontáneamente como “Olímpico del Sol”, un nombre que terminó convertido en parte de la identidad sentimental de la ciudad.
Hoy la historia parece repetirse. Inicialmente sonó el nombre de Radamel Falcao García. Después aparecieron propuestas relacionadas con líderes comunales y ciudadanos. Y hoy valdría la pena analizar el nombre de Octavio Álvarez Murillo, profundamente ligado a la formación deportiva y a la historia misma del estadio dentro del comité que marco esta historia.
Pero más allá del nombre que finalmente se escoja, hay algo que la ciudad no puede permitirse perder: la memoria de quienes hicieron posible el primero.
Por eso el nuevo estadio debería tener una placa permanente con los nombres de quienes conformaron el Comité Pro-Estadio. Porque el nuevo escenario tendrá nuevas tribunas y una nueva historia por escribir, pero difícilmente volverá a levantarse desde un acto de civismo tan grande como aquel que construyó el antiguo Olímpico del Sol.
Y quizás esa sea hoy la verdadera tarea de Sogamoso: encontrar un nombre para el nuevo estadio sin olvidar jamás la historia del viejo.
La entrada ¿Qué nombre merece el nuevo estadio de Sogamoso? se publicó primero en Boyacá 7 Días.
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