Los reductores que evidencian una deuda histórica – #ColumnistaInvitado

domingo 19 de julio de 2026, 9:30 am

Los nuevos reductores de velocidad instalados entre la Ye de Tibasosa y Sogamoso han dividido la opinión pública. Para algunos representan una solución necesaria frente a la alta accidentalidad que históricamente ha registrado este corredor; para otros, son el origen de interminables congestiones que afectan la movilidad, el transporte de carga, el turismo y la economía de la provincia de Sugamuxi.

Ambas posiciones tienen razón.

Quienes defienden la medida recuerdan una realidad imposible de ignorar: durante años este tramo fue escenario de numerosos accidentes, muchos de ellos fatales. Si reducir la velocidad salva vidas, cualquier sociedad responsable debe respaldar las decisiones que privilegien la seguridad vial.

Pero quedarse únicamente en esa discusión es perder de vista el verdadero problema.

La pregunta no debería ser si los reductores son buenos o malos. La pregunta es por qué un corredor nacional terminó necesitando reductores como principal estrategia para garantizar la seguridad.

Y la respuesta nos obliga a mirar hacia atrás.

Cuando comenzó a estructurarse la concesión Briceño–Tunja–Sogamoso (BTS), el proyecto contemplaba una doble calzada continua hasta Sogamoso, acompañada de variantes y otras obras destinadas a separar el tránsito nacional de la movilidad urbana. Sin embargo, durante la estructuración financiera del proyecto su alcance fue redefinido. Bajo un esquema de ejecución gradual, condicionado a proyecciones de tráfico y de ingresos por peajes, varias de las obras inicialmente previstas quedaron por fuera del alcance definitivo, entre ellas la continuidad de la doble calzada hasta Sogamoso.

La explicación parecía razonable para finales de los años noventa: las estimaciones de demanda no justificaban una inversión de esa magnitud. El problema es que la realidad terminó desmintiendo esas proyecciones.

Durante las dos últimas décadas, Sugamuxi dejó de ser únicamente una provincia con vocación agrícola e industrial para convertirse en una región con una dinámica económica mucho más diversa. Sogamoso consolidó su papel como centro de servicios, comercio y educación; Tibasosa fortaleció su atractivo turístico; Nobsa amplió su actividad industrial, y el crecimiento urbano comenzó a integrar cada vez más los municipios del corredor.

A esa transformación se sumó un factor estratégico que probablemente no recibió el peso suficiente en la planeación inicial: Sogamoso se consolidó como el principal punto de paso hacia la transversal del Cusiana, corredor que conecta el centro del país con Casanare y los Llanos Orientales. Hoy por esa vía no solo transitan quienes viajan entre Bogotá y Sugamuxi; también circula una parte importante del transporte de carga y de pasajeros con destino al oriente colombiano.

En otras palabras, el corredor cambió, pero la infraestructura no.

Las decisiones se tomaron con las cifras de finales del siglo pasado, mientras la carretera tuvo que responder al crecimiento económico, demográfico y logístico de los siguientes veinte años. Cuando la demanda superó ampliamente lo previsto, el cuello de botella ya estaba construido.

El resultado es evidente.

La doble calzada termina en la Ye de Tibasosa. Desde allí, todo el flujo proveniente de Bogotá, Tunja, Paipa y Duitama debe incorporarse a una vía de calzada sencilla que, al mismo tiempo, funciona como corredor nacional y como eje de movilidad para Tibasosa, Nobsa y Sogamoso. En ese mismo espacio conviven tractocamiones, buses intermunicipales, vehículos particulares, motociclistas, ciclistas y peatones.

Era cuestión de tiempo para que aparecieran los conflictos.

Y cuando la infraestructura no ofrece soluciones, las soluciones terminan buscándose sobre la infraestructura existente.

Los reductores son precisamente eso.

No representan un error de ingeniería ni una decisión caprichosa. Son una medida correctiva frente a un problema que nunca debió llegar a ese punto. Si hoy resulta necesario obligar a miles de conductores a disminuir la velocidad para proteger la vida de quienes habitan este corredor, es porque durante años se aplazó la construcción de una infraestructura capaz de garantizar simultáneamente seguridad y movilidad.

Esa es la verdadera paradoja.

El Estado invierte recursos para reducir la velocidad de un corredor nacional porque, décadas atrás, decidió que las proyecciones de demanda no justificaban completar la infraestructura que el territorio terminaría necesitando.

Los reductores no evidencian únicamente un problema de seguridad vial; evidencian el costo que tiene para una región planificar con las necesidades del ayer en lugar de anticiparse a las del mañana. Boyacá creció, Sugamuxi se transformó y Sogamoso se consolidó como un nodo estratégico hacia la transversal del Cusiana. La infraestructura, en cambio, permaneció detenida en las proyecciones de hace más de dos décadas.

Por eso, el debate no debería agotarse en cuántos reductores deben instalarse o qué tan altos deben ser. Esa discusión es apenas la consecuencia de otra mucho más profunda: ¿cómo es posible que uno de los corredores más importantes del departamento continúe operando con una infraestructura diseñada para un territorio que ya no existe?

Los resaltos no son el problema.

Son el síntoma de una deuda histórica de planificación.

Porque una región no se desarrolla obligando a sus carreteras a ir más despacio. Se desarrolla anticipándose a su crecimiento, entendiendo su vocación estratégica y construyendo la infraestructura que necesitará dentro de veinte o treinta años, no la que apenas responde a las cifras del pasado.

Mientras sigamos resolviendo con medidas correctivas los problemas que debieron prevenirse con visión de futuro, Boyacá continuará pagando el costo de una planeación que llegó tarde. Los reductores pueden salvar vidas, y eso nadie debería ponerlo en duda. Pero la verdadera deuda sigue siendo la misma: construir la infraestructura que una región en crecimiento merece y que, hace más de veinte años, se decidió postergar.

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