
Meta niega todo y dice que sí se preocupa por los adolescentes. El juicio apenas empieza y el veredicto llegaría hacia octubre.

Esta semana arrancó en California uno de los juicios más importantes en la historia de la tecnología. En el banquillo está Meta, la dueña de Instagram, Facebook y WhatsApp, acusada de algo gravísimo: haber diseñado sus redes, a propósito, para enganchar a los niños y adolescentes.
No es una demanda cualquiera. La ponen 29 estados de Estados Unidos juntos, y le exigen a Meta 200.000 millones de dólares. Y lo interesante es que no se pelea por lo que se publica en las redes, sino por cómo están hechas. Los fiscales lo comparan con las tabacaleras, que enganchaban a los jóvenes sabiendo el daño que causaban.
El testimonio más duro vino de Arturo Béjar, un ingeniero que trabajó ocho años en la seguridad de estas plataformas, o sea, alguien que estuvo por dentro. Contó que él mismo les advirtió a los directivos, incluido el dueño Mark Zuckerberg, sobre los daños que sufrían los jóvenes, y que no le hicieron caso porque lo que importaba era el tiempo pegado a la pantalla. Lo resumió en una frase escalofriante: «Si dejas de usar el producto, no van a ganar dinero».

Pero lo que más golpea es algo personal. Béjar, experto en seguridad infantil, no dimensionó el peligro hasta que su propia hija de 14 años abrió Instagram y empezó a recibir mensajes de contenido sexual y fotos íntimas de desconocidos. Si al hijo de un experto le pasó eso, imagínese al resto.
Según su testimonio, la empresa medía cuántos jóvenes reportaban acoso o autolesiones, pero nunca hizo públicos esos datos. Y señaló funciones que hacen daño a una mente joven, como los videos que se reproducen solos uno tras otro, o los contadores de likes, que alimentan esa comparación constante que tanto lastima a esa edad.
Hay que ser justos: Meta niega todo y dice que sí se preocupa por los adolescentes. El juicio apenas empieza y el veredicto llegaría hacia octubre.

Pero más allá de lo que pase en ese tribunal, lo que a nosotros nos toca es lo de acá. Porque las mismas aplicaciones, con el mismo diseño, las usan nuestros hijos en Boyacá y en toda Colombia. Y ahí no hay que esperar a ningún juez.
Como papás podemos hacer cosas hoy: usar el control parental que las apps traen, sacar el celular de los cuartos en la noche, acordar horarios sin pantallas, y sobre todo hablar con los hijos, preguntarles qué ven y cómo se sienten. No para espiarlos, sino para acompañarlos.
Al final, este juicio deja algo claro, gane quien gane, estas aplicaciones no son inocentes: están hechas por gente muy inteligente cuyo trabajo es que uno no las suelte. Y en esa pelea desigual entre una empresa de billones y un muchacho de 14 años, el único que de verdad puede equilibrar la balanza no es un tribunal lejano, sino un papá o una mamá presente. Esa sigue siendo la mejor protección que existe.
La entrada Llevaron a Meta a juicio por diseñar Instagram y Facebook para volver adictos a los jóvenes. se publicó primero en Boyacá 7 Días.











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