En Corea del Sur, Taiwán y China ya se detectaron los primeros casos de estudiantes que usan lentes inteligentes para copiar en los exámenes más difíciles.

La copia en los exámenes es tan vieja como el colegio mismo. Todos conocemos el papelito escondido en la manga, las fórmulas escritas con lápiz en el brazo, o la mirada de reojo a la hoja del compañero de al lado.
Pero lo que está apareciendo ahora en Asia es de otro planeta, y tiene a las universidades del mundo entero rascándose la cabeza.
Según reportó la cadena CNN, en Corea del Sur, Taiwán y China ya se detectaron los primeros casos de estudiantes que usan lentes inteligentes, con inteligencia artificial, para copiar en los exámenes más difíciles, esos que definen si entran a medicina, a ingeniería, o si consiguen un buen trabajo.
La cosa funciona así de sencilla y así de impresionante: el estudiante se pone unos lentes que por fuera parecen unas gafas normales, corrientes, de esas que usa cualquiera. Fija la mirada en la hoja del examen y una camarita escondida en la montura le toma la foto a las preguntas.
Esa imagen viaja al instante a una inteligencia artificial en internet, que lee, entiende y resuelve todo en segundos, y las respuestas le aparecen proyectadas discretamente en el mismo cristal de los lentes, donde solo el que los lleva puestos las alcanza a ver. Ni el profesor más pilo se da cuenta a simple vista.
Uno de los casos más sonados fue el de un aspirante a medicina en Taiwán, que llamó la atención de los examinadores por la forma rara en que parpadeaba y movía los ojos. Cuando lo revisaron, descubrieron los lentes, y un detalle que parece de película: la montura estaba caliente, porque el chip que llevaba adentro se recalentaba de tanto procesar información.
Para medir qué tan grave era el asunto, un profesor de Hong Kong hizo un experimento revelador. Con unos lentes de estos que cualquiera puede comprar hoy, resolvió un examen de ingeniería sin saber nada de la materia, y el puntaje que sacó lo habría ubicado entre los cinco mejores de un salón de más de cien estudiantes avanzados. Léalo de nuevo, entre los cinco mejores, sin haber estudiado una sola página.
Ante eso, en China ya tomaron medidas drásticas. En el examen nacional que presentan más de diez millones de jóvenes cada año, ahora obligan a revisar físicamente, uno por uno, todos los lentes de los aspirantes antes de dejarlos entrar al salón.
Y acá viene la pregunta de fondo, la que de verdad importa, más allá de la anécdota tecnológica: un experto australiano lo dijo sin anestesia, esto es un golpe tan grande para los exámenes como lo fue ChatGPT para los ensayos en el 2022, y sinceramente no ve manera de que los exámenes tradicionales sigan siendo confiables en el futuro.
Porque el problema no se arregla prohibiendo los lentes, ya que la tecnología va a seguir encogiéndose hasta volverse invisible, y ya hasta se habla de lentes de contacto con pantallas microscópicas adentro. Es una carrera que los vigilantes de examen tienen perdida de antemano.

Entonces, ¿qué hacer? Los que saben de educación coinciden en que la salida no es convertir los salones en cárceles con detectores de metales y sensores de calor, sino cambiar la forma de evaluar.
En lugar de premiar al que memoriza y repite, que es precisamente lo que una máquina hace mejor que nosotros, hay que volver a los exámenes orales, a los trabajos prácticos, a las preguntas donde el estudiante tiene que razonar, argumentar y defender sus ideas mirando al profesor a los ojos. Ahí, unos lentes no sirven de nada.
En Colombia esto no es un cuento lejano. Piense en las pruebas del Icfes, en los exámenes de admisión a las universidades públicas, en los concursos para conseguir un puesto en el Estado. Todos esos, tarde o temprano, van a tener que repensarse, porque la tecnología ya llegó y no se va a devolver.
Y hay algo todavía más de fondo que me dejó pensando. Si un muchacho copia y logra entrar a medicina o a ingeniería haciendo trampa con estos lentes, la pregunta no es solo si engañó al sistema. La pregunta es qué clase de médico o de ingeniero va a ser mañana, cuando tenga en sus manos la salud o la seguridad de otros, y no lleve los lentes puestos.
Al final, uno puede engañar un examen, pero no puede engañar a la vida. El conocimiento que no se trabaja con esfuerzo propio tarde o temprano se nota, casi siempre en el peor momento. Y esa, ninguna inteligencia artificial la resuelve.
La entrada Lentes con inteligencia artificial para copiar en los exámenes, ¿qué más vendrá? se publicó primero en Boyacá 7 Días.


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