La trasquilada del debutante: un ritual que el fútbol debe replantear – Luis Francisco Lagos #Columnista7días

sábado 23 de mayo de 2026, 7:00 am
Luis Francisco Lagos Rodríguez, Gerente de Boyacá Sie7e Días, en el módulo de la columna "Fútbol entre líneas"

En el fútbol hay tradiciones de camerino que hace rato dejaron de ser graciosas para convertirse en prácticas cuestionables. Una de ellas es la famosa “trasquilada” a los futbolistas juveniles el día de su debut profesional, un ritual que muchos siguen celebrando, pero que cada vez deja más interrogantes sobre el verdadero mensaje que transmite.

El debut de un jugador debería ser uno de los momentos más felices de su carrera. Es el premio a años de sacrificio, entrenamientos, viajes, lesiones, frustraciones y sueños compartidos con su familia. Sin embargo, en muchos equipos, ese instante histórico termina opacado por una escena que poco tiene que ver con el mérito deportivo: el capitán o los referentes del plantel toman una máquina y convierten al debutante en objeto de burla colectiva.

Entre más extravagante, desigual o ridículo quede el corte de cabello, más risas provoca en el camerino. Y peor aún, más exposición genera en redes sociales. Lo que debía ser noticia por su talento termina siendo tendencia por su apariencia.

El problema de fondo no es un simple corte de pelo. El verdadero debate está en la presión grupal que existe detrás de estas prácticas. El juvenil prácticamente no tiene posibilidad de negarse. Debe aceptar el ritual porque así funciona el camerino, porque “siempre se ha hecho”, porque quiere encajar y porque teme quedar señalado por los referentes del equipo.

Muchos futbolistas soportan el momento en silencio mientras familiares y amigos observan resignados cómo el día más importante de sus vidas termina convertido en un espectáculo publico incómodo. Resulta contradictorio que un jugador llegue al profesionalismo gracias a su disciplina, talento y personalidad, pero tenga que someterse a un suplicio para sentirse aceptado.

Lo más preocupante es que estas conductas siguen siendo promovidas y celebradas por algunos jugadores experimentados e incluso por integrantes de cuerpos técnicos. En vez de proteger emocionalmente al juvenil en un momento de máxima presión, terminan validando prácticas que rozan el abuso simbólico y la ridiculización.

Los grandes clubes hace tiempo entendieron que la cohesión de grupo no necesita humillar a nadie. El sentido de pertenencia se fortalece con liderazgo, acompaamiento y respeto, no mediante rituales que ponen al más joven en condición de inferioridad frente al resto.

El fútbol evoluciona en preparación física, tecnología y análisis táctico, pero aún arrastra costumbres antiguas que merecen una revisión profunda.

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