Durante más de medio siglo, Octavio Álvarez Murillo fue protagonista silencioso de algunos de los capítulos más importantes del deporte sogamoseño y boyacense.
Por Miguel Ángel García Salcedo Periodista deportivo

Durante décadas, miles de sogamoseños han celebrado goles en el Estadio Olímpico El Sol, han vibrado con campeonatos en el Coliseo Cubierto Alfonso Patiño Rosselli y han visto a niños y jóvenes formarse en escenarios que hoy hacen parte del patrimonio deportivo de la ciudad. Para la mayoría, esos espacios siempre han estado ahí. Pocos, sin embargo, conocen la historia del hombre que dedicó buena parte de su vida a convertir esos sueños en realidad.
Mucho antes de que el deporte ocupara un lugar protagónico en el desarrollo de Sogamoso, cuando las instituciones apenas comenzaban a organizarse y la infraestructura deportiva era una aspiración más que una realidad, Octavio Álvarez Murillo ya hablaba de construir escenarios, fortalecer clubes, formar dirigentes y darle al deporte un papel fundamental en la transformación social de la ciudad. Mientras otros veían partidos, él pensaba en cómo garantizar que las futuras generaciones tuvieran dónde jugar, quién las dirigiera y qué instituciones respaldaran su crecimiento.
Su historia no puede contarse únicamente desde los cargos que ocupó ni desde las pocas distinciones que recibió. Está escrita en cada club que ayudó a organizar, en cada torneo que impulsó, en las ligas que fortaleció, en las escuelas deportivas que promovió y en los escenarios que contribuyó a consolidar. También permanece en la memoria de quienes fueron testigos de una época en la que el deporte avanzaba gracias al trabajo desinteresado de dirigentes convencidos de que construir comunidad era mucho más importante que buscar reconocimiento personal.

Durante más de medio siglo, Octavio Álvarez Murillo fue protagonista silencioso de algunos de los capítulos más importantes del deporte sogamoseño y boyacense. Su liderazgo acompañó la organización del fútbol municipal, la creación de nuevas instituciones, la consolidación del principal escenario deportivo de la ciudad y la representación de Boyacá en los máximos organismos del fútbol colombiano.
Su legado no se limita a una obra física ni a un periodo específico; permanece vivo en una estructura deportiva olvidada que benefició a miles de niños, jóvenes y deportistas.
Esta es la historia de un hombre que entendió que los grandes triunfos no siempre se consiguen dentro de una cancha. Algunos se construyen durante toda una vida.
Mucho antes de convertirse en uno de los dirigentes deportivos más influyentes de Sogamoso, Octavio Álvarez Murillo construyó las bases de una vida marcada por la disciplina, el trabajo y la vocación de servicio. Su historia comenzó lejos de las canchas y de las reuniones dirigenciales. Fue en los talleres, la industria y la aviación donde adquirió los conocimientos y la experiencia que, años después, definirían su estilo de liderazgo.
Su formación como Técnico Industrial y Experto Mecánico en el Instituto Industrial de Tunja le abrió las puertas a una destacada trayectoria profesional. Trabajó como mecánico de máquinas neumáticas en Acerías Paz del Río, se desempeñó como técnico de vuelo en Aeropesca y en Scadta, y posteriormente asumió responsabilidades como jefe de talleres de mecánica industrial. Cada una de esas experiencias fortaleció un carácter metódico, organizado y orientado a la solución de problemas.
La aviación, una actividad donde el margen de error prácticamente no existe, le dejó enseñanzas que marcarían el resto de su vida: la importancia de la planificación, la precisión en cada decisión, el liderazgo sereno y el trabajo coordinado para alcanzar un objetivo común. Valores que, con el paso de los años, trasladaría al ámbito deportivo con la misma convicción con la que había asumido cada reto profesional.

Quienes lo conocieron coinciden en que esa formación técnica moldeó su manera de entender la dirigencia. Para Octavio Álvarez Murillo, el desarrollo del deporte no dependía únicamente del talento de los jugadores. Era necesario construir instituciones sólidas, organizar procesos y planificar el futuro. Esa visión, poco común para la época, terminaría convirtiéndose en el sello de una gestión que transformó el deporte sogamoseño y dejó una huella que aún permanece vigente.
En 1958, cuando Sogamoso avanzaba hacia un proceso de crecimiento industrial y comercial, Octavio Álvarez Murillo decidió emprender un proyecto que con el tiempo se convertiría en una de las empresas reconocidas de la ciudad: Industrias Álvarez. Más que un negocio, la empresa representó una oportunidad para generar empleo, fortalecer la industria local y aportar al desarrollo económico de la región.
Sin embargo, para él el éxito empresarial nunca estuvo desligado de la responsabilidad con la comunidad. Convencido de que el progreso debía compartirse, hizo de su empresa una aliada permanente del deporte sogamoseño. Desde allí respaldó clubes, campeonatos, actividades comunitarias y procesos de formación deportiva, brindando apoyo a iniciativas que, en muchos casos, encontraban dificultades para salir adelante por falta de recursos.
Su compromiso iba mucho más allá del patrocinio. Entendía que invertir en el deporte era apostar por la formación de mejores ciudadanos, por ofrecer alternativas a la juventud y por fortalecer el tejido social de una ciudad que comenzaba a consolidarse como uno de los principales centros urbanos de Boyacá.

Esa visión acompañaría toda su trayectoria. Mientras su empresa crecía y generaba oportunidades para numerosas familias, Octavio Álvarez Murillo también dedicaba tiempo y esfuerzos a impulsar proyectos deportivos que terminarían marcando un antes y un después en la historia de Sogamoso. Para él, el desarrollo económico y el desarrollo deportivo no eran caminos separados, sino dos pilares fundamentales para construir una ciudad con mayores oportunidades para todos.
Antes de convertirse en dirigente, Octavio Álvarez Murillo vivió el deporte en primera persona. No observó su evolución desde la tribuna ni asumió responsabilidades administrativas sin conocer la realidad de los deportistas. Fue precisamente su experiencia dentro de los escenarios de competencia la que le permitió comprender las necesidades de quienes encontraban en el deporte una pasión y un proyecto de vida.
Su espíritu competitivo lo llevó a practicar diversas disciplinas, entre ellas fútbol, baloncesto, atletismo, tenis de mesa, tejo, billar, bolos y ajedrez. Esa versatilidad le permitió conocer diferentes dinámicas deportivas y desarrollar una visión amplia sobre la importancia de promover espacios para todas las modalidades, más allá del protagonismo que siempre tuvo el fútbol en su trayectoria.
Sus primeros logros llegaron muy joven. Entre 1949 y 1950 integró la Selección de Fútbol de Tunja y se proclamó campeón juvenil de baloncesto de la capital boyacense. En 1953 hizo parte del Club Atlético Sogamoso y, dos años más tarde, vistió la camiseta de la Selección de Fútbol de Sogamoso, consolidando una carrera deportiva que le permitió ganarse el reconocimiento dentro y fuera de las canchas.
Aquella experiencia resultó determinante para el resto de su vida. Haber sido deportista le permitió entender que detrás de cada competencia existían necesidades que iban mucho más allá del talento: mejores escenarios, organizaciones sólidas, dirigentes comprometidos y procesos de formación que garantizaran el crecimiento de las nuevas generaciones. Esa convicción sería la que, años después, lo impulsaría a dedicar gran parte de su vida a fortalecer el deporte de Sogamoso y de Boyacá.

A finales de la década de 1950, el fútbol gozaba de una enorme popularidad en Sogamoso, pero su crecimiento enfrentaba una limitación evidente: hacía falta organización. Existían jugadores con talento, equipos con entusiasmo y una afición que llenaba las canchas, pero no había una estructura institucional capaz de orientar el desarrollo de este deporte. Fue en ese momento cuando Octavio Álvarez Murillo decidió asumir un papel que marcaría el futuro del balompié sogamoseño.
En 1957 fundó el Club Deportes Turín, una iniciativa que nació con el propósito de ofrecer un espacio organizado para la práctica del fútbol y contribuir al fortalecimiento de esta disciplina en la ciudad. Más que crear un equipo, buscó sembrar las bases de un proyecto que impulsara el crecimiento deportivo desde la organización y el compromiso.
Su visión dio un paso más en 1963, cuando participó en la creación de la División Sogamoseña de Fútbol, organismo que comenzó a regular y coordinar la actividad futbolística del municipio. Allí ocupó diferentes responsabilidades, entre ellas las de primer vocal, tesorero, vicepresidente y presidente, desempeñando un papel determinante en la consolidación de campeonatos, reglamentos, procesos disciplinarios y una estructura administrativa que permitió fortalecer el fútbol local.
Consciente de que el crecimiento del fútbol también requería jueces preparados, impulsó la creación del Colegio de Árbitros de Sogamoso, del cual fue presidente durante cuatro años. Su propósito era elevar el nivel del arbitraje y brindar mayores garantías a las competencias, convencido de que el desarrollo de un deporte depende del fortalecimiento de todos sus actores, no únicamente de los jugadores o los dirigentes.
Aquellas decisiones marcaron un punto de inflexión para el fútbol sogamoseño. La organización institucional comenzó a reemplazar la improvisación y el municipio empezó a construir una estructura deportiva que serviría de base para los grandes proyectos que llegarían en las décadas siguientes. Lo que hasta entonces era un conjunto de esfuerzos aislados empezó a convertirse en un verdadero sistema deportivo, con instituciones capaces de garantizar su crecimiento y permanencia en el tiempo.
A comienzos de la década de 1960, Octavio Álvarez Murillo comprendió que el crecimiento del deporte no podía depender únicamente del talento de los deportistas o de la buena voluntad de los dirigentes. Si Sogamoso aspiraba a convertirse en una ciudad con protagonismo deportivo, necesitaba contar con escenarios dignos que estuvieran a la altura de ese propósito.

Con esa convicción, en 1964 asumió un papel protagónico en la conformación del Comité Pro-Estadio, iniciativa que reunió a empresarios, comerciantes, clubes deportivos, dirigentes y ciudadanos alrededor de un objetivo común: hacer realidad el sueño de construir un estadio para la ciudad. Su liderazgo fue determinante para convertir una aspiración colectiva en un movimiento cívico que movilizó a distintos sectores de Sogamoso.
Pero el mayor desafío apenas comenzaba. En una época en la que los recursos eran limitados, la comunidad decidió asumir un papel activo en la construcción de su futuro. Así nacieron las recordadas Marchas del Ladrillo, campañas ciudadanas que convocaron a cientos de personas para aportar materiales y recursos destinados a levantar el escenario deportivo que la ciudad anhelaba. Más que una estrategia para recaudar fondos, aquellas jornadas simbolizaron el compromiso de una comunidad convencida de que el deporte también era una forma de construir progreso.
Con el paso de los años, ese esfuerzo colectivo se materializó en el antiguo Estadio Olímpico El Sol, un escenario cuya consolidación contó con la permanente gestión de Octavio Álvarez Murillo. Además de respaldar su desarrollo institucional, impulsó la adecuación técnica del terreno de juego para cumplir con las medidas reglamentarias internacionales, una decisión que permitió proyectar a Sogamoso hacia competencias de mayor nivel.
Lo que comenzó como un sueño compartido terminó convirtiéndose en una de las obras más representativas del deporte sogamoseño. Detrás de sus tribunas y de cada jornada deportiva quedó el legado de una generación de ciudadanos que entendió que construir un estadio significaba, en realidad, construir oportunidades para miles de jóvenes y escribir una nueva página en la historia de Sogamoso.
El compromiso de Octavio Álvarez Murillo con el desarrollo deportivo de Sogamoso no terminó con la consolidación del Estadio Olímpico El Sol. Convencido de que una ciudad necesitaba espacios adecuados para impulsar distintas disciplinas, también participó en las gestiones e iniciativas que hicieron posible el fortalecimiento de otros escenarios que hoy forman parte del patrimonio deportivo del municipio.
Entre ellos sobresale el Coliseo Cubierto Alfonso Patiño Rosselli, cuya consolidación respondió al esfuerzo conjunto de dirigentes y ciudadanos que entendieron la necesidad de ampliar la infraestructura deportiva para atender el crecimiento de nuevas disciplinas. En ese propósito, Octavio Álvarez Murillo fue un permanente defensor de la inversión en espacios que permitieran a niños, jóvenes y deportistas contar con mejores condiciones para entrenar y competir.

Su visión también estuvo presente en las iniciativas que impulsaron la creación y consolidación de la Unidad Deportiva Fabio Riveros Garzón, concebida como un complejo destinado a fortalecer la práctica deportiva y brindar nuevas oportunidades a las futuras generaciones. Para él, cada escenario representaba mucho más que una obra física; era una inversión en el desarrollo humano, la convivencia y el bienestar de la comunidad.
Con el paso del tiempo, esos espacios se convirtieron en el punto de encuentro de miles de deportistas que encontraron allí el lugar para entrenar, competir y perseguir sus sueños. Más allá del concreto, las graderías o las canchas, el verdadero legado de Octavio Álvarez Murillo quedó reflejado en una idea que defendió durante toda su vida: el deporte solo puede crecer cuando existen instituciones sólidas, dirigentes comprometidos y escenarios capaces de abrir oportunidades para todos.
Construir un estadio era apenas el primer paso. El verdadero desafío consistía en llenarlo de historia, de competencia y de oportunidades para el deporte. Octavio Álvarez Murillo entendía que una infraestructura de esa magnitud debía convertirse en un escenario al servicio de la comunidad y en una vitrina para proyectar a Sogamoso en el ámbito nacional.
Con el paso de los años, esa visión comenzó a hacerse realidad. Gracias a las gestiones adelantadas por dirigentes comprometidos con el desarrollo deportivo de la ciudad, entre ellos Octavio Álvarez Murillo, el Estadio Olímpico El Sol abrió sus puertas al fútbol profesional colombiano, recibiendo por primera vez partidos del Torneo A. Aquel hecho marcó un antes y un después para Sogamoso, que ingresó oficialmente al circuito del balompié profesional y comenzó a figurar en el calendario deportivo nacional.

La llegada del fútbol profesional no solo permitió que miles de aficionados disfrutaran de espectáculos de primer nivel sin salir de la ciudad. También consolidó un proceso que había comenzado décadas atrás con la organización del fútbol local, la creación de instituciones y la construcción de un escenario con condiciones técnicas para albergar competencias de alto nivel.
Así, el sueño de levantar un estadio encontró su mayor recompensa: verlo convertido en el escenario donde Sogamoso empezó a escribir una nueva página en la historia del fútbol colombiano. Más que una obra de infraestructura, el Estadio Olímpico El Sol se transformó en el símbolo de una ciudad que, gracias a la visión y perseverancia de dirigentes como Octavio Álvarez Murillo, logró abrirse un lugar en el deporte profesional del país.
Para Octavio Álvarez Murillo, el deporte no terminaba con la construcción de escenarios ni con la organización de campeonatos. Su verdadera razón de ser estaba en las personas. Por eso dedicó buena parte de su vida a impulsar procesos de formación dirigidos a niños y jóvenes, convencido de que cada cancha debía convertirse en una escuela de disciplina, respeto y trabajo en equipo.
Ese compromiso quedó reflejado entre 1969 y 1970, cuando asumió la dirección técnica de la Selección Sogamoso, aportando su experiencia al desarrollo del fútbol municipal y acompañando a los deportistas que representaban a la ciudad en diferentes competencias. Su labor no se limitó a los resultados deportivos; buscó fortalecer procesos que permitieran consolidar nuevos talentos.
Años más tarde, en 1979, dio un nuevo paso con la creación de una Escuela de Fútbol que reunió a más de 70 niños entre los 10 y 12 años. La iniciativa nació con el propósito de ofrecer un espacio de aprendizaje donde el deporte fuera también una herramienta para formar ciudadanos íntegros. Allí, el esfuerzo, la responsabilidad, el compañerismo y la disciplina se enseñaban con la misma importancia que las técnicas propias del fútbol.

Muchas de aquellas generaciones crecieron bajo esos principios y encontraron en el deporte una oportunidad para construir su proyecto de vida. Esa fue, quizás, una de las mayores satisfacciones de Octavio Álvarez Murillo: comprobar que el legado de un dirigente no se mide únicamente por las obras que impulsa, sino por las personas que ayuda a formar.
El trabajo de Octavio Álvarez Murillo nunca estuvo limitado al ámbito local. Su capacidad de gestión y su experiencia como dirigente lo llevaron a desempeñar un papel protagónico en el desarrollo del deporte boyacense, asumiendo responsabilidades que contribuyeron al fortalecimiento de las instituciones deportivas del departamento.
Durante más de 18 años hizo parte de la Junta Municipal de Deportes, donde ocupó los cargos de vocal, tesorero y revisor fiscal. Desde allí promovió procesos de organización que permitieron la legalización de 28 clubes deportivos, sentando las bases para una estructura institucional más sólida y organizada en Sogamoso.
Su liderazgo también se hizo sentir en la Liga de Fútbol de Boyacá, primero como revisor fiscal entre 1970 y 1975 y posteriormente como presidente entre 1975 y 1977. Desde esa posición impulsó el crecimiento del fútbol departamental, fortaleciendo la organización de los campeonatos y respaldando el desarrollo de clubes y ligas afiliadas.
A ese trabajo se sumó su papel como gestor y primer presidente de la Liga de Fútbol de Salón de Boyacá, disciplina que comenzaba a consolidarse en el departamento, además de su permanente apoyo al Comité de Baloncesto de Sogamoso, reflejando una visión que siempre entendió el deporte más allá de una sola disciplina.
Su legado en el ámbito institucional confirmó que el desarrollo deportivo no depende únicamente de los resultados obtenidos en las competencias. También requiere dirigentes capaces de construir organizaciones fuertes, generar oportunidades y trabajar para que el deporte se convierta en una política permanente al servicio de la comunidad.

La visión de Octavio Álvarez Murillo nunca se limitó a Sogamoso. Convencido de que el crecimiento del deporte debía extenderse a todo el departamento, promovió la organización de campeonatos, el fortalecimiento de comités deportivos y el desarrollo institucional en diferentes municipios de Boyacá. Su trabajo contribuyó a que nuevas comunidades encontraran en el deporte un escenario para la integración y el desarrollo social.
Ese compromiso lo llevó a respaldar procesos organizativos en municipios como Paipa, Socha y Sogamoso, además de otras poblaciones del departamento, donde impulsó la creación de estructuras deportivas que permitieran garantizar la continuidad de las competencias y la formación de nuevos talentos. Su propósito siempre fue el mismo: fortalecer el deporte desde sus bases para que su impacto trascendiera las fronteras de una sola ciudad.
Su liderazgo también quedó reflejado en la organización de numerosos eventos que marcaron la vida deportiva de la región. Desde el Primer Campeonato Municipal de Ping Pong, realizado en 1960, hasta torneos intermunicipales de tejo, hexagonales de baloncesto, campeonatos de fútbol, competencias ciclísticas, pruebas de conducción y certámenes nacionales de karts, Octavio Álvarez Murillo hizo del deporte un punto de encuentro para miles de boyacenses. Durante más de 18 años, además, coordinó la programación deportiva oficial de las festividades de Sogamoso, consolidando una agenda que fortaleció la tradición deportiva del municipio.
Su capacidad organizativa y su permanente disposición para servir hicieron que su influencia trascendiera los escenarios deportivos. Allí donde había un proyecto para fortalecer el deporte, era habitual encontrar a Octavio Álvarez Murillo aportando su experiencia, convencido de que el verdadero legado de un dirigente se construye trabajando por el bienestar de toda una región.
La entrada La historia de Octavio Álvarez Murillo, el dirigente que dejó una huella imborrable en el desarrollo deportivo de Boyacá se publicó primero en Boyacá 7 Días.






![[Infografía] América Latina y el Caribe en el nuevo orden geopolítico según la Cepal](https://www.ondasdelporvenir.com/wp-content/uploads/2026/08/image-23-MKkGkx-628x675.png)




0 comentarios