

«Hay edificios que desaparecen. Hay historias que no pueden permitirse el mismo destino».
Dentro de pocas semanas desaparecerá el Coliseo Cubierto Alfonso Patiño Rosselli. En su lugar se levantará un escenario moderno y multifuncional, acorde con las necesidades del Sogamoso de hoy. Sin embargo, antes de que caiga el último muro, vale la pena detenerse a recordar la historia de una obra que nació del civismo, de la perseverancia y de la visión de una generación de dirigentes deportivos que entendió que construir escenarios era también construir ciudad.
La historia comenzó en la década de los setenta. Después de la construcción del Estadio Olímpico El Sol, Sogamoso necesitaba un escenario cubierto que respondiera al crecimiento del baloncesto, el voleibol y otras disciplinas. Desde la Junta Municipal de Deportes, dirigentes como Octavio Álvarez Murillo impulsaron ese sueño en sus primeras etapas. Posteriormente, Jaime Vargas Izquierdo asumió el liderazgo de una obra que avanzaba lentamente por la falta de recursos y que durante años permaneció reducida a una inmensa estructura de hierro y concreto.
El proyecto encontró un punto de quiebre cuando el entonces ministro de Hacienda, Alfonso Patiño Rosselli, visitó a Jaime Vargas Izquierdo en su residencia y conoció personalmente el estado de la obra. A partir de ese momento gestionó los recursos que permitieron culminar el coliseo. Esa es la verdadera razón por la que el escenario lleva su nombre: no por la tragedia del Palacio de Justicia, ocurrida años después, sino por su decisivo aporte para hacer realidad una de las obras deportivas más importantes de Sogamoso.
La construcción también dejó una huella de innovación. Los planos originales no contemplaban la cubierta y fue el ingeniero Jairo Paérez Avella quien diseñó el sistema de techo suspendido por cables de acero, que permitió concluir el proyecto. Finalmente, el 15 de enero de 1982, el presidente Julio César Turbay Ayala inauguró oficialmente el Coliseo Cubierto Alfonso Patiño Rosselli, escenario que durante más de cuatro décadas acogió competencias nacionales e internacionales, eventos culturales y los sueños de miles de deportistas.
Pero la historia del coliseo guardó un último secreto. En el 2016, Octavio Álvarez Murillo me reveló que la noche del 14 de enero de 1982 retiró la placa que sería descubierta durante la inauguración porque no compartía que en ella figurara el nombre de la entonces congresista María Izquierdo. Aunque reconocía sus gestiones en favor del proyecto, consideraba que ese reconocimiento no reflejaba el verdadero esfuerzo de quienes durante años lucharon por hacer realidad el coliseo. Guardó la placa en el patio de su casa entrerrada y nunca hizo pública esa decisión. Hasta hoy.
Dentro de poco desaparecerá el Coliseo Cubierto Alfonso Patiño Rosselli. El nuevo escenario escribirá su propia historia. Pero el viejo coliseo deja una lección que ninguna demolición podrá borrar: las grandes obras no las levantan únicamente los presupuestos: las construyen ciudadanos con visión, dirigentes que perseveran y generaciones que creen en los sueños colectivos.
El Coliseo Cubierto Alfonso Patiño Rosselli será demolido en los próximos días. Su último secreto, desde hoy, deja de pertenecer al silencio y pasa a formar parte de la historia de Sogamoso.
La entrada El último secreto del Coliseo Cubierto Alfonso Patiño Rosselli – #ColumnistaInvitado se publicó primero en Boyacá 7 Días.



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