
En el fútbol formativo, entrenadores, padres de familia y dirigentes se hacen una pregunta: ¿cómo identificar a un jugador con verdadero futuro? La respuesta esperan encontrarla en la técnica o en las condiciones físicas, pero puede estar mucho más relacionada con la mentalidad que con el talento.
La experiencia de quienes trabajan durante años en procesos de formación coincide en una conclusión: el talento abre puertas, pero los hábitos y la actitud son los que mantienen al futbolista en el camino hacia el alto rendimiento.
La primera gran señal es la capacidad de escuchar. Un jugador que presta atención, acepta las correcciones y las pone en práctica evoluciona mucho más rápido que aquel que cree saberlo todo.
La disposición para aprender sigue siendo una de las mayores ventajas competitivas en el deporte moderno (deporte inteligente).
La segunda es la actitud. No se trata de sonreír o de aparentar optimismo. La verdadera actitud se demuestra cuando el entrenamiento se vuelve difícil, cuando se presentan las derrotas o cuando las oportunidades parecen imposibles. Es allí donde se diferencia quien sigue trabajando del que se da por vencido.
La tercera característica es la tolerancia a la frustración. Ningún futbolista puede evitar cometer errores. Todos fallan un gol, pierden un balón atraviesan una mala racha. Sin embargo, quienes alcanzan niveles superiores no son los que nunca se equivocan, sino los que logran levantarse rápidamente y convertir cada dificultad en una oportunidad para crecer.
La cuarta señal es la disciplina, una virtud cada vez más escasa en una generación acostumbrada a lo inmediato. El jugador disciplinado entrena cuando tiene ganas y también cuando no las tiene. Comprende que la motivación es pasajera, mientras que los hábitos diarios son los que construyen una carrera deportiva.
Finalmente aparece la quinta condición que resume todas las anteriores: amar el proceso.
Los futbolistas que llegan lejos no disfrutan únicamente los triunfos. También encuentran satisfacción en entrenar, repetir movimientos, corregir errores y volver a intentarlo.
Entienden que el éxito es la consecuencia de miles de acciones silenciosas que él sólo ve.
Sin embargo, ninguna de estas cinco cualidades depende del talento natural. Por eso, en el fútbol formativo es común ver a jugadores con extraordinarias condiciones técnicas quedarse en el camino, mientras otros, con menos virtudes iniciales, terminan consolidándose como futbolistas profesionales gracias a su perseverancia, disciplina y compromiso.
Boyacá ha sido testigo de ello con referentes como Juan Alejandro Mahecha, Leonardo Pico y Fabián Ángel, quienes demostraron que el éxito no solo se construye con talento, sino también con trabajo constante y determinación.
En Boyacá, el fútbol representa una verdadera oportunidad de transformación para cientos de niños y jóvenes. La formación no puede limitarse a enseñar cómo controlar un balón o ejecutar un pase.
Debe orientarse, sobre todo, a formar personas resilientes, disciplinadas y capaces de aprender de cada experiencia, desarrollando la inteligencia para tomar las mejores decisiones dentro y fuera de la cancha, y la convicción de que, con esfuerzo y preparación, incluso aquello que parece imposible puede hacerse realidad.
La entrada El talento no basta: cinco señales de que un futbolista tiene futuro – Luis Francisco Lagos #Columnista7días se publicó primero en Boyacá 7 Días.






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