Iban a ser las ocho de la noche de un día laborable de mediados de 1967. César Rodríguez Granados caminaba sin prisa por una de las aceras del costado sur del parque de la Villa de Sogamoso. En sentido contrario avanzaba, cabizbajo, el alcalde de la ciudad, Rafael Sandoval Medina.

César, quien tenía un cercano lazo de parentesco por línea materna con él, al encontrárselo de frente, le descubrió un gesto de molestia en su semblante.
—Rafa, lo veo raro. ¿Qué le pasa?
—El gobernador me hizo una jugada que no puedo tolerar.
El alcalde le comentó que ese día había acudido a las ocho de la mañana al despacho del gobernador de Boyacá, Antonio Bayona Ortiz, en Tunja, atendiendo una citación telefónica.
—Me habían advertido que debía estar a primera hora y así lo hice.
Al llegar a la Gobernación, la secretaria le dijo que en ese momento el doctor Bayona estaba ocupado. Le señaló una silla donde podía sentarse. Él atendió la insinuación. Pasaron cuatro horas y seguía allí. A la una de la tarde, la secretaria le comentó que el gobernador continuaba atareado. No se movió del lugar. Cuando ya eran las tres de la tarde se dio cuenta de que el gobernador había salido a almorzar por otra puerta. Decidió permanecer en esa oficina. A las cinco y media, le preguntó a la secretaria si el gobernador lo iba a recibir. Ella entró al despacho. Al regresar le notificó que el gobernador ya no podía atenderlo y que le solicitaba volviera al día siguiente, a las ocho de la mañana.
—No tuve opción distinta a la de venirme para Sogamoso.
—Y, entonces ¿ahora qué va a hacer?
—Esto no me lo aguanto. Voy para la oficina a redactar mi carta de renuncia.
César, que a la sazón tenía 27 años y se desempeñaba simultáneamente como director del noticiero de la Voz del Oriente de la cadena Caracol y corresponsal del diario El Espectador, quedó impactado por lo sucedido. Se dirigió a la emisora y produjo, en directo, un avance informativo sobre lo ocurrido al alcalde. Al día siguiente en la emisión meridiana de su espacio radial hizo un comentario editorial en el cual protestó por el desplante al alcalde.
—En ese editorial, no sé en qué momento se me ocurrió proponer que, en señal de protesta nos separáramos de Boyacá. ¿Sabe qué? pensé que eso iba a caer en el vacío. ¡No señor! Inmediatamente comenzaron las llamadas de las gentes manifestando respaldo a la iniciativa. A los pocos días, se creó un comité segregacionista de Sogamoso que propuso la creación del departamento de Sugamuxi. Esa nueva entidad territorial estaría conformada por los municipios de las provincias de Sugamuxi, Valderrama y Casanare. Así se inició la campaña. El apoyo fue espontáneo, abrumador y sorprendente.
Los concejales de Sogamoso, mediante resolución, se unieron al movimiento. Las fuerzas vivas locales y regionales anunciaron apoyo irrestricto. Se realizaron varios cabildos abiertos, moderados por el presidente del Concejo de Sogamoso en aquel momento, Álvaro González Santana.
Como resultado de la acción proselitista surgida en las provincias de Sugamuxi, Valderrama y Casanare, se constituyeron grupos de estudio de la propuesta. En estos se concluyó que, por razones presupuestales, era aconsejable constituir inicialmente una intendencia y luego sí, crear el departamento.
Bajo la autoría del representante a la Cámara por Boyacá Eduardo Fonseca Galán se radicó en el Congreso de la República el proyecto creando la intendencia de Casanare, con Sogamoso como capital, constituida por los municipios de Sugamuxi y Casanare. Los municipios de Valderrama no fueron incluidos porque los líderes cívicos y políticos de estos manifestaron su propósito de seguir vinculados a Boyacá. Como ponente de tal iniciativa fue designado el parlamentario Luis Villar Borda. El proyecto, finalmente, fue archivado por vencimiento de términos.
Aunque el cometido inicial no se logró, la resonancia de la movilización cívica y política producida por ese intento separatista, reafirmó la capacidad de convocatoria de este periodista sogamoseño, quien por esos días estaba celebrando la culminación exitosa de una campaña que seis años antes había iniciado a través de los micrófonos de una emisora local bajo el lema: ‘Sogamoso necesita estadio’.
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En 1969, año en el que me convertí en asiduo lector del periódico El Espectador, comencé a familiarizarme con el nombre de César Rodríguez Granados. Al leer ese diario, luego de enterarme de las principales noticias del día, buscaba información sobre Boyacá. En aquel momento era cuando encontraba las corresponsalías de César, enviadas desde Sogamoso.
Después, a partir de mayo de 1974, por iniciativa del periodista José Manuel Medina Cortés, quien redactaba y leía el noticiero ‘Reportaje a la ciudad’, que se transmitía por La Voz del Oriente de Caracol en Sogamoso y cuyo director era César, empecé a presentar, desde Tunja, informes diarios sobre el acontecer boyacense. Aunque no tuve ningún tipo de contacto con él, al monitorear el noticiero me fui familiarizando con su nombre y luego con su voz, porque con frecuencia intervenía leyendo notas editoriales.
En agosto de 1978 fui designado corresponsal de El Espectador en Tunja. Entré, entonces, a formar parte con él de la plantilla departamental de ese periódico. Entre los dos no hubo ninguna interacción. En diciembre de ese mismo año fue creada la Página de Boyacá; tampoco tuvimos contacto, por cuanto él enviaba directamente su material a Bogotá y yo hacía lo propio. Sin embargo, aquella fue una ocasión para conocer de cerca, a través de las noticias y de la columna ‘Mochacá libre’, que publicaba dos veces por semana, su habilidad comunicativa. Me llamó la atención su redacción clara, ceñida a la corrección y propiedad idiomáticas. Además, observé acierto en sus apreciaciones y seriedad en sus planteamientos, alejados de polémicas y sectarismos.
Fue solo a mediados de 1979 cuando lo conocí en persona. La oportunidad se presentó con motivo de un desplazamiento que realizó a Tunja. Fue a la oficina de la corresponsalía de El Espectador, situada en el Centro Comercial Colonial. En ese momento me encontraba concentrado redactando una información. Dejé que lo atendiera una compañera de trabajo. Cuando dijo su nombre, me puse de pie, me acerqué, me presenté y le expresé mi agrado por conocerlo.
Recuerdo bien sus facciones. Rostro más ovalado que rectangular, frente amplia, cabello negro, cejas pobladas, nariz recta y proporcionada, pómulos discretos, labios finos, mentón redondeado y gafas de marco metálico.

Sin haber terminado la noticia que estaba elaborando, lo invité a tomar café, en el primer piso de aquel centro comercial. Hablamos durante un buen rato. Tres o cuatro semanas después viajé a Sogamoso y conocí la oficina de la corresponsalía. Me atendió con generosidad. No se me olvida que me invitó a almorzar en un reconocido restaurante. Allí aprecié su señorío y sus buenas maneras. Desde entonces tuvimos muchos encuentros en Tunja y Sogamoso.
A finales de febrero de 1981 la empresa aérea SAM invitó a un grupo de banqueros y periodistas de Tunja, Duitama y Sogamoso a una excursión a Panamá. César fue escogido en representación de los periodistas de Sogamoso y yo, seleccionado entre los periodistas de Tunja. Solicitamos la autorización para ese desplazamiento a los directivos de El Espectador y nos fue concedida.
En febrero de 1982 estuve en Sogamoso cumpliendo la misión que me encomendaron desde la dirección de El Espectador para cubrir la gira del candidato del Nuevo Liberalismo a la Presidencia de la República, Luis Carlos Galán Sarmiento, que incluyó desplazamientos por Sogamoso, Paz de Río y Jericó. En Sogamoso, César, además de facilitarme su oficina para elaborar y enviar el material informativo, me invitó a cenar al restaurante Los Toriles, el cual, por un largo tiempo, se convirtió en mi restaurante favorito en esa ciudad.
En 1985 me retiré del periódico El Espectador. No volvimos a tener contacto sino hasta 37 años después, el 27 de julio de 2022, cuando a través de Messenger le envié el siguiente mensaje: “Hola César, qué gusto saludarlo. Gran abrazo”. Al día siguiente me respondió: “El gusto es mío Gustavo, después de estos años. Un gran abrazo”. De inmediato le respondí: “Me gustaría hacerle llegar un libro que escribí recientemente. Por favor, facilíteme por este medio su dirección para enviárselo. Fuerte abrazo”. Una hora después me escribió. “Gracias por tu ofrecimiento. Mi dirección es…”
Le envié el libro y el dos de agosto de ese 2022, también por Messenger, me escribió: “Gustavo, te agradezco muchísimo el envío de tu libro ‘Desafío a lo imposible’. Estoy seguro de que será todo un deleite para el intelecto adentrarse en esta obra literaria tuya. Un gran abrazo”. Entonces, sin tardanza, le repliqué: “Con todo gusto César. Le reitero mi alegría por haber podido comunicarme nuevamente con usted, pues lo aprecio y lo valoro como un gran señor, un magnífico periodista y estupendo amigo”.
Ese contacto con César, después de tantos años, fue muy grato para mí. Me pregunté ¿por qué, a pesar de habernos entendido tan bien en nuestro paso por El Espectador y de profesar por él una alta estimación no propicié un encuentro y ni siquiera una comunicación telefónica en todo ese tiempo?
A comienzos de julio de 2025, motivado por su reconocido desempeño periodístico, su decidido espíritu de servicio a las gentes y su férrea defensa de los intereses de su ciudad y su departamento, se me ocurrió escribir su perfil.
Al navegar por internet, a finales de agosto, me enteré de la iniciativa del comunicador Víctor Manuel Dávila de realizar el seis de septiembre de este 2025 en el auditorio de la Cámara de Comercio de Sogamoso el evento “Génesis y anecdotario de la radio sogamoseña”, en el cual serían homenajeados reputados radiodifusores de esa ciudad encabezados por César Rodríguez Granados. No dudé en asistir.
A las 10 de la mañana de la fecha señalada llegué al sitio previsto. De inmediato se inició el acto. Después de los saludos protocolarios y de la lectura del programa, el primero en intervenir fue César. Escuchándolo, quedé embelesado. Hizo gala de su elocuencia, dicción y claridad conceptual. A los asistentes nos dio lecciones de historia de la radio colombiana, boyacense y sogamoseña. Relató anécdotas del acontecer local y resaltó la función del periodismo radial en el desarrollo de esta ciudad. No dejó dudas sobre su jerarquía profesional. Utilizó las palabras precisas y necesarias. No cayó en la trampa de la sobreactuación ni se dejó tentar de la megalomanía.
En un receso, me acerqué a la mesa principal, lo saludé, le solicité el contacto telefónico y le anuncié mi propósito de llamarlo para concretar mi idea de redactar un escrito sobre él. Con la seriedad de siempre en su rostro, pero con una jovialidad atrayente en su ánimo, agradeció mi asistencia. Me suministró el número de su móvil y convinimos hablarnos la semana siguiente. Así ocurrió. Lo llamé y le reiteré mi inquietud de elaborarle un perfil. Tras unos rodeos aceptó. Convinimos que tan pronto regresara de Yopal, a donde se disponía a viajar en ese momento, respondería mis preguntas y me contaría su vida.
El siete de octubre lo llamé. Estuvimos hablando casi hora y media. Esta fue una de por lo menos 10 conversaciones que sostuvimos durante el mes siguiente. Abordamos diversos temas. De manera sucinta me relató su vida. Lo sentí efusivo al contarme algunos pasajes de su existencia, pero reflexivo y hasta nostálgico, al recrearme escenas familiares y laborales.
César Rodríguez Granados es el primogénito del hogar conformado por Rafael Rodríguez Macías y Rosalía Granados Sandoval.
Su padre y su abuelo paterno nacieron en Tunja. Su bisabuelo y su tatarabuelo paternos eran oriundos de Sogamoso. Su abuela paterna era de Salamina, Caldas. Por el lado materno, toda su ascendencia es sogamoseña.
Nació en Sogamoso el 7 de julio de 1940. Cuando apenas tenía un mes, su madre lo llevó consigo a vivir a la zona de Corinto, cerca al hoy municipio casanareño de Aguazul, en uno de los campamentos asignados a los trabajadores y profesionales que laboraban en la construcción de la carretera del Cusiana, obra a la cual había sido asignado su padre, un farmaceuta químico egresado de la Universidad Nacional. Allí estuvo hasta cumplidos los seis años.
—A Sogamoso me traían muy esporádicamente. Entonces, me criaron con alimentación llanera y en el ambiente de los límites de la sabana casanareña.
En 1948, como consecuencia de los problemas de orden público que se produjeron tras el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, se suspendieron los trabajos de construcción de la carretera del Cusiana. Por razones de trabajo del padre, la familia debió radicarse un año en Bogotá, luego, otro en Tunja y, finalmente, regresar a Sogamoso para instalarse allí de manera definitiva.
La primaria, la inició en el Colegio de la Presentación de Sogamoso, la continuó en el Gran Colombia de Tunja y en el Americano de Sogamoso; la terminó en el Gimnasio Sogamoso. El bachillerato lo adelantó en el renombrado Colegio de Sugamuxi. Fue en desarrollo de los bazares que organizaba esta institución en la Plaza de la Villa cuando se hizo evidente el talento de César para la locución. Por su voz grave, ceremoniosa y agradable, sumado a su fluidez verbal, recibió la responsabilidad de manejar el micrófono del equipo de sonido.
Por su atracción a la locución, en 1959 se presentó a Radio Sogamoso de propiedad de los hermanos José Clodomiro y José Manuel Medina Sánchez, al igual que de la señora María Antonia Machado viuda de Medina. El primero, que era odontólogo, se le conocía como ‘Cocó’ Medina y desempeñaba la gerencia; el segundo, conocido como ‘Joseto’ Medina, ejercía la dirección de la emisora. Allí solicitó una oportunidad de trabajo como locutor. Después de algunas pruebas en cabina, fue contratado.
—Desde el primer día comencé la tarea de tratar de perfeccionar mi labor como locutor. Al poco tiempo llegó un periodista, José Urrea Pulido, a dirigir el noticiero ‘Aquí Boyacá’, quien me encaminó por el periodismo. Empezó a enseñarme cómo escribir correctamente. Luego, las directivas de la emisora me asignaron tareas de periodista deportivo y fue cuando se hizo célebre la frase: “Sogamoso necesita estadio”, con la cual iniciaba y terminaba todos mis programas.

De un momento para otro el trabajo le absorbió todo su tiempo. En la emisora debía hacer turnos de locución, redactar y grabar cuñas, redactar noticias y realizar programas informativos en vivo. A causa de las intensas jornadas de trabajo que debía realizar, a comienzos de 1962 le sobrevino una crisis emocional que lo llevó a renunciar intempestivamente a la emisora.
Aquel día, después de renunciar y de solicitar la liquidación, salió de la estación radial y tomó la carrera once. Comenzó a caminar a paso lento. De pronto se encontró con el inspector de educación de Casanare, Carlos Mogollón, quien era amigo suyo.
—¿A usted que le pasa? ¿Por qué esa cara de tristeza? —le preguntó Mogollón.
—Acabo de renunciar en la emisora. No quiero saber nada de micrófonos. Ahora me toca conseguir trabajo —le respondió César.
—Pues le tengo el puesto —le replicó su amigo
—¿Cuál es el puesto? —le averiguó César.
—Venga nos tomamos un tinto y le cuento —le propuso el inspector Mogollón.
Buscaron una cafetería cercana. Allí el funcionario educativo le comentó que estaba vacante la plaza de director de la escuela de varones de Yopal. A César le llamó la atención la propuesta y aceptó de inmediato.
Al día siguiente, a las cuatro de la mañana, tomó un bus en Sogamoso con destino a Yopal. Llegó dispuesto a enfrentar ese reto. No contaba con capacitación pedagógica alguna. Recordó la metodología de sus profesores de primaria y la aplicó. Tenía a su cargo los cinco grados de primaria. Se dedicó con entusiasmo al cumplimiento de sus deberes docentes. Debió superar grandes dificultades en el ejercicio didáctico. Al finalizar el año decidió no continuar esa labor. El alcalde y el párroco de Yopal viajaron a la Secretaría de Educación de Boyacá a solicitar la continuidad de César, pero él hizo saber que definitivamente no continuaría.
Regresó a Sogamoso. Allí, a comienzos de enero de 1962, ya desvinculado de la Escuela de Varones de Yopal, fue a visitar a sus amigos de Radio Sogamoso. Con el primero que se encontró fue con el director, ‘Joseto’ Medina, con quien sostuvo la siguiente conversación
—¿Y que está haciendo ahora?
—Desde diciembre estoy sin trabajo.
—Si será pendejo, ¿Por qué no abrió la boca? Ya estaba trabajando, hombre
—O sea que me recibe de nuevo Mil gracias. ¿Y cuándo comienzo?
—Pues ya mismo.
Una vez reintegrado a la emisora, continuó su proceso de aprendizaje periodístico bajo la tutela de José Urrea Pulido.
— Él era de Bogotá, un cachaco en todo el sentido de la palabra. Se vestía con prendas distinguidas, utilizaba corbatín y hablaba rolo. Se enamoró de una chica de Tópaga o de Monguí. Se casó con ella y se vino a vivir a Sogamoso —dice César al referirse a Urrea Pulido.
Destaca la generosidad con la cual este cachaco acometió la tarea de enseñarle periodismo.
—Un día me dijo: “le voy a enseñar” y empezó a darme nociones de periodismo. Me instruyó cómo redactar, cómo enfocar las noticias, cómo hacer esto y lo otro. Yo le ayudaba a conseguir noticias, se las redactaba. Él me las corregía. En fin, hice una escuela con él. Cuando se fue, llegó Luis Páramo Barragán. Él tomó la dirección del Noticiero ‘Aquí Boyacá’. Me enseñó muchas cosas más. Yo era como un secante. Absorbía todo lo que me iban enseñando. Leía mucho.
Sobre su proceso de aprendizaje periodístico revela que tuvo otro gran maestro.
—Yo tenía un tío periodista. Se llamaba Simón Rodríguez Macías. Vivía en Bogotá. Tenía un periódico que circuló mucho en Tunja y Bogotá: ‘Atalaya’. Yo lo visitaba con frecuencia. Me iba los fines de semana. Me enseñaba muchas cosas sobre periodismo. Me regaló un libro maravilloso que es un compendio de lo que debe ser y hacer un periodista, titulado ‘Enciclopedia del periodismo’. Recibí mucha ayuda de personas muy queridas para mí, especialmente de mi tío que era, además, mi padrino de bautismo. Él, fue quien me presentó en el Colegio Nacional de Periodistas, al que ingresé cuando apenas tenía 21 años.
A mediados de 1961 viajó a Bogotá a visitar las cadenas radiales y establecer contactos con figuras destacadas de los medios. En RCN conoció a Alberto Piedrahíta Pacheco y al entonces gerente de Transmisora Caldas de Manizales, Eucario Bermúdez, quien estaba de visita en Bogotá. De los dos se hizo amigo cercano.
A comienzos de 1963 fue nombrado corresponsal deportivo de El Espectador. Algunos meses después pasó a ser corresponsal general de ese diario. A finales de ese mismo año consideró que era el momento de trabajar en otra emisora.
—Viajé a Bogotá a buscar trabajo y fui a dar con monseñor José Joaquín Salcedo, fundador y director de Acción Cultural Popular, organización a la que pertenecían las emisoras de Radio Sutatenza, una de las cuales transmitía desde Belencito, en las goteras de Sogamoso. Le conté un poco de cosas de mi vida y me dijo: “Ya está, Venga y trabaje aquí en Bogotá unos días mientras veo cómo lo ubico en Belencito; allá está Ramón Uribe Acevedo, que es un gran señor, un gran director”.
En efecto, dos meses después fue nombrado en la estación de Radio Sutatenza de Belencito. Allí desarrolló actividades de locutor y periodista. En su espacio deportivo continuó la campaña: “Sogamoso necesita estadio”.
A finales de 1964, su amigo Eucario Bermúdez, quien había dejado de ser gerente de Transmisora Caldas y se desempeñaba como director de la emisora Nuevo Mundo, estación básica de Caracol, le comentó que esa cadena radial había decidido montar una emisora en Sogamoso y que lo iba a postular como director de noticias.
A comienzos de 1965 inició operaciones en Duitama la emisora La Voz de los Libertadores. Uno de los dueños de esa estación, Clemente J. Rodríguez, lo contactó y le propuso trabajar allí.

—La verdad es que me sonsacó de Radio Sutatenza de Belencito. Me ofreció un mejor salario y me fui para Duitama. Allí tuve la fortuna de trabajar con Alfonso Morillo Ricaurte, gran señor y excelente periodista.
El cinco de diciembre de 1965 inició sus emisiones la Voz del Oriente de Sogamoso.
—Don Fernando Londoño Henao, accionista y gerente general de Caracol, proyectó y materializó el montaje de La Voz del Oriente, por sugerencia de su esposa, doña Inés Reyes Puyana, dama ilustre, de estirpe sogamoseña.
Desde el mismo cinco de diciembre César comenzó a trabajar como director de noticias.
—En el noticiero ‘Reportaje a la Ciudad’, introduje en Boyacá el sistema de reportajes telefónicos en directo y en diferido, dándole oportunidad a todos los sectores de la actividad ciudadana de elevar su voz para exponer problemas y defender las causas más sensibles en lo social, cultural, cívico y deportivo.
Varios años después asumió, simultáneamente con la dirección del noticiero, la gerencia de la emisora.
En la Voz del Oriente trabajó nueve años. Luego, además de seguir siendo el corresponsal del periódico El Espectador desarrolló varios proyectos periodísticos locales.
Irrumpió en la empresa privada. Con un amigo suyo, Secundino Mejía, creó una fábrica de chocolate y poco tiempo después le compró a Jorge Santana Acosta la empresa de confecciones El Diario.
—Con esta empresa nos defendimos varios años hasta que llegó el actual presidente del Partido Liberal a la presidencia de la República. Allí impuso su política de apertura económica y acabó con más de una empresa de la confección en Colombia. Me tuve que retirar de ese campo y dedicarme a trabajar duro haciendo programas de televisión. Con eso me defendí un poco de años hasta que el alcalde de Sogamoso Édgar Espíndola, en el año 2000, me nombró jefe de comunicaciones de la Alcaldía. Al cabo de su Gobierno, yo tenía el tiempo de trabajo y la edad para solicitar la jubilación. Hice los trámites y logré esa pretensión. Ahora estoy disfrutando de la benevolencia de Dios y de la pensión.
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El 10 de enero de 1970 contrajo matrimonio con María Leticia Pérez Ricaurte. En unas semanas cumplirán 56 años de casados. Tuvieron tres hijos: Sandra Leticia del Pilar, César Augusto y Rafael Leonardo; la primera fue azafata, el segundo se graduó de sicólogo y el tercero, de ingeniero geólogo. Son abuelos de seis nietos.
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Además de descollar en el periodismo, su liderazgo cívico lo catapultó a través de la realización de campañas en favor de los intereses colectivos desde los medios de comunicación en los cuales laboró, al igual que de su vinculación a la Cámara Junior de Colombia, capítulo de Sogamoso y al Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Sogamoso.
De las campañas cívicas que gestó, la que más recuerda fue la encausada a la construcción del estadio de Sogamoso.
—Con el lema “Sogamoso necesita estadio”, se cumplió una de las campañas cívicas más importantes en la década de los 60, durante la cual organizaciones como La Voz del Oriente de Caracol, Radio Sogamoso, el Club de Leones, Club Rotario, Cámara Junior de Sogamoso, la Acción Comunal y La Sociedad de Mejoras Públicas pusieron todo su empeño para vincular a los diferentes sectores ciudadanos al esfuerzo final de dotar a Sogamoso de un estadio de fútbol. Los planos arquitectónicos fueron diseñados por el arquitecto Emilio Durán Medina. Se inauguró el 20 de julio de 1967 —evocó César el seis de septiembre de 2025 durante el homenaje tributado a figuras prominentes de la radio sogamoseña.
Esa cruzada la inició en 1961 en Radio Sogamoso, la continuó en Radio Sutatenza de Belencito y finalmente la desarrolló a plenitud en la Voz del Oriente de Caracol en su condición de director de noticias. Todos sus espacios noticiosos los comenzaba y terminaba con la frase: “Sogamoso necesita estadio”.
—La primera marcha del ladrillo pro-estadio de Sogamoso tuvo repercusión nacional, gracias al apoyo que la cadena Caracol de Colombia le brindó, al incluir durante más de seis meses, en cada emisión nacional de la sección “
‘Cabalgata Deportiva Gillette’, la invitación a la marcha del ladrillo.
El estadio fue inaugurado el 20 de julio de 1967.
Desde la Cámara Junior apoyó y lideró acciones en favor de la salud, la niñez, el medio ambiente, la educación y el desarrollo integral de Sogamoso.
Al Cuerpo de Bomberos de Sogamoso se vinculó muy joven como subteniente, luego, tras cumplir los requerimientos institucionales y desarrollar los cursos respectivos fue ascendido, primero a teniente y, después, a capitán, grado en el cual fue designado comandante de esta organización.
De César Rodríguez Granados hablan bien en todas partes. Sus amigos, lo recuerdan con cariño.
Henry Sánchez Olarte, reconocida figura periodística y pública a nivel nacional, llegó a la radio y a la Cámara Junior a través de César Rodríguez Granados.
—A comienzo de la década de los años sesenta presenté a Henry ante los directivos de Radio Sogamoso, quienes, gracias a las dotes de locutor, lo contrataron para trabajar en esa emisora. Tiempo después, siendo presidente del capítulo Sogamoso de la Cámara Junior lo invité a ingresar a esa organización.
Henry Sánchez, además de haberse desempeñado como alcalde de Tunja, ha sido el único boyacense en ostentar las dos más altas dignidades de la Cámara Junior de Colombia: la presidencia de la junta directiva nacional y la presidencia del Senado Junior de Colombia.
—César es un gran periodista y un buen señor. Con él, más que una amistad hemos tenido una hermandad. Hablábamos mucho. Cada rato iba a su casa en Sogamoso. Fui amigo de su padre y lo soy de sus hermanas —asegura Henry.
A José Manuel Medina Cortés, destacado periodista radial, hijo de uno de los propietarios de Radio Sogamoso, “Joseto” Medina, le pregunté: ¿Para usted quién es César Rodríguez Granados? Me respondió:
—Es un hombre que entregó su vida con pasión, ética y responsabilidad a lo que siempre le gustó: el ejercicio del periodismo. Es una persona comprometida, estudiosa, que hizo todo el curso en su profesión porque inicialmente fue reportero y terminó siendo director exitoso del noticiero Caracol de Sogamoso. De él he tenido la mejor referencia como periodista, como padre de familia. Además fue miembro del cuerpo de bomberos, de la Cámara Junior. Todo eso marca la idea de vida que él tuvo.
Resalta que:
—Es un gran señor como persona, como periodista, como amigo, un ser servicial, porque de no ser así, no se hubiese vinculado a los Bomberos y a la Cámara Junior para ejercer un civismo no remunerado.
Termina señalando:
—César tuvo una hoja de vida laboral impecable.
Otro destacado hombre de radio, Juan N. Mora Suárez, publicó en la cuenta de Facebook de César una nota el nueve de febrero de 2024, en algunos de cuyos apartes señala: “Me honro de tener un gran amigo y profesor en la radio (…) he sido afortunado de contar con su sabiduría y conocimientos para mi desempeño en muchos lugares del país (…) Aprovecho este Día del Periodista Colombiano, para reconocer su enorme carrera profesional y su impecable trayectoria”.
En su misma cuenta de Facebook, el 30 de diciembre de 2024, al publicar una nueva foto de perfil, 43 de sus amigos hicieron comentarios que corroboran la imagen que se tiene de él en Sogamoso. Algunos de estos son los siguientes:
“Mi Capitán César, gran señor, guerrero y sabio. Un abrazo grande y mil bendiciones”, escribe Myriam Camargo. “Lo más grande del periodismo sogamoseño. Don César, super saludo”, dice Poncho Pulido. “Mi Capitán, un gran ejemplo lleno de valores, experiencias vividas”, señala Luz Angarita. “Un verdadero orgullo, privilegio, felicidad ser tu hermana. Gracias por ser ejemplo, guía, confidente, amigo. Un gran abrazo lleno de bendiciones infinitas, gratitud eterna y amor incondicional”, manifiesta emocionada su hermana Martha Helena. “Toda la historia del periodismo, ahí, en su talento y gallardía”, apunta el periodista Miguel Arango Devia. “Un excelente vecino”, testifica Blanca Carvajal Medina. “Persona integra muy humana, gran sentido de pertenencia en las labores que se propuso para con la comunidad sogamoseña y, por cierto, uno de los pocos comandantes de bomberos de Sogamoso que sí acompañaba en las emergencias”, comenta Miguel Pérez. “Gran señor y caballero”, indica Gustavo Torres Herrera. “Saludo muy especial a un señor de señores”, acota Jairo Alonso Ojeda.
Del viaje que realizamos a Panamá me quedó tatuado en la memoria el momento en el cual, en el viaje de ida, estando sentado en la silla que me correspondió, quedé impactado al ver entrar por la portezuela del avión a César luciendo un traje militar caqui, tocado con un kepis del mismo color.
—Hola César, y ¿ese traje? — le dije sin siquiera haberlo saludado.
—Hola Gustavo, buenos días. Es mi uniforme de capitán de Bomberos —me respondió.
—¿Y en Panamá le permitirán entrar vestido así? Cuidado porque allá lo pueden detener en el aeropuerto —le repliqué.
—No hay ningún problema. Este uniforme es internacional —me contestó con seguridad y tranquilidad.
Al llegar a Panamá, con cierto nerviosismo estuve pendiente de la suerte de César. En el aeropuerto no tuvo ningún problema. En los desplazamientos a pie por la ciudad me di cuenta de que los policías uniformados locales se le ponían firmes y lo saludaban militarmente de forma ceremoniosa. Además, al cruzar la calle, detenían el trafico para que él y nosotros, sus acompañantes, pudiésemos pasar.
—César ¿en todos los países a los capitanes de Bomberos que van uniformados los tratan así? —le averigüé.
—No, no. Lo que pasa es que aquí en Panamá este uniforme es similar al de los altos oficiales de las fuerzas armadas —me explicó.
Ahora, cuando avanza hacia sus 86 años, vive en Sogamoso junto con su esposa. Está dedicado a escribir y leer. Su lucidez es plena y su memoria, formidable. Recuerda muchas anécdotas y las cuenta con gracia y entusiasmo. La última vez que hablé telefónicamente con él, me compartió dos. La primera me divirtió mucho y la segunda me confirmó su desinterés material y su espíritu inquieto y colaborativo.
Me relató un hecho gracioso, ocurrido el día de la inauguración del Hospital San José de Sogamoso. A ese acto asistió el entonces presidente de la República, Carlos Lleras Restrepo. El director del centro asistencial era el médico Julio Sandoval Medina, persona sobresaliente en la ciudad. Luego de los discursos estaba programada una visita a las salas de hospitalización. Como ya había enfermos recluidos, el número de integrantes de la comitiva debía ser restringido. La selección de esta estuvo a cargo de Sandoval Medina. Él con su dedo índice de la mano derecha comenzó a señalar. Decía: “usted”, “usted”. Cuando completó el número establecido miró al presidente Lleras, también señalándolo con el dedo le dijo: “y usted”.
—La carcajada de quienes estábamos allí fue estruendosa.
—¿Y cuál fue la reacción del presidente?
—Pues soltó la risa y festejó el apunte.
También me contó un ofrecimiento que le hizo el alcalde de Yopal en 1962, cuando él era el director de la escuela de varones de esa naciente ciudad.
—Un día me llamó el alcalde y me dijo: “oiga César, le puedo dar un lote para que usted en el futuro construya aquí”, Me llevó y me mostró un terreno situado a dos cuadras de la plaza, detrás de la iglesia. En ese momento Yopal era una ciudad muy pequeña y el municipio entregaba lotes a quienes quisieran construir sus casas. A mí no me estaba dando un lote, sino manzana completa. Yo le di las gracias, le dije que haría el trámite correspondiente, pero finalmente no hice nada.
La entrada El periodismo, su tribuna – Gustavo Núñez Valero #CrónicasYSemblanzas se publicó primero en Boyacá 7 Días.
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