
Hay sesiones del Congreso que uno enciende por obligación profesional y termina viendo por gusto. Eso me ocurrió con la plenaria del Senado en la que desfilaron, uno tras otro, los aspirantes a contralor general de la República. Y lo digo con una satisfacción que no es frecuente en estos ejercicios: el nivel general de las intervenciones fue alto, más alto de lo que suele esperarse de un proceso que en Colombia tantas veces se resuelve por cálculo político antes que por mérito técnico.
Hago antes una salvedad, pequeña pero necesaria. Algunos aspirantes, una minoría, optaron por el discurso de las carencias superadas, la épica personal, la reivindicación de género convertida en eje de campaña. No dudo de la sinceridad de esas historias, pero cuando lo que se disputa es la cabeza técnica del control fiscal del país, contar de dónde se viene solo tiene sentido si ese origen guarda una relación directa con el cargo que se aspira a ocupar. Dicho esto, fue apenas un matiz dentro de una jornada que, en su conjunto, dejó ver algo poco común: candidatos que en verdad conocen el oficio que aspiran a dirigir.
Porque el grueso de las intervenciones, con la salvedad de uno o dos aspirantes cuyo discurso sonaba a lugares comunes de manual, estuvo lejos de la improvisación. Los demás candidatos hablaron con el detalle de quien ha caminado el control fiscal por dentro, y no con la vaguedad de quien lo mira desde afuera.
Se refirieron, por ejemplo, a la necesidad de una articulación efectiva con las oficinas de control interno de las entidades vigiladas, sin la cual buena parte de las alertas tempranas se pierden en el camino. Hablaron también de la puesta en marcha real y no apenas normativa del proceso verbal de responsabilidad fiscal, una figura que existe desde hace años en el papel pero que rara vez se utiliza. Mencionaron la democratización en el uso de la DIARI, esa herramienta que hoy sigue siendo, en la práctica, un privilegio vedado para las contralorías territoriales. Y profundizaron en el control concomitante y preventivo, entendido no como consigna de discurso sino como método de trabajo que permite intervenir antes de que el daño fiscal esté consumado. Son, todos ellos, puntos que solo identifica quien conoce la maquinaria por dentro y sabe exactamente dónde cruje.
Y es justamente esa abundancia de buenos perfiles la que complica el pronóstico: entre tantos aspirantes igualmente sólidos, la balanza termina inclinándose no por quien más sabe, sino por quien mejores alianzas sepa tejer entre bancada y bancada.
Ahora solo queda esperar lo que decida el Congreso en pleno este 12 de agosto. Y aunque hay un 90 % de probabilidades de que la elección recaiga en alguien capaz, la democracia siempre se reserva el derecho de sorprender. Puede que del ramillete de buenos candidatos que escuchamos esta semana se termine escogiendo a aquel que, ya sentado en la silla, descubra que todo lo que prometió en su discurso ya existía antes de que él llegara.
La entrada El discurso en la elección del contralor general de la República – #Columnista Invitado se publicó primero en Boyacá 7 Días.






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