
Tenza, municipio enclavado entre las montañas que bordean el valle que lleva su nombre, se viene marchitando poco a poco. Otrora reconocido como uno de los municipios más hermosos de Boyacá (premiado en los años 1983 y 2011), hoy atraviesa una crisis gestada en el letargo institucional, la politiquería como trampolín y las promesas incumplidas. La nefasta gestión consecutiva ha relegado su empuje agropecuario y turístico al plano más triste: el olvido institucional.
He sido testigo de esta lenta pero permanente decadencia, y por ello siento el deber de pasar a la acción; máxime cuando quienes habitamos o visitamos el municipio no pasamos de la queja al aire, en la tienda, en la viga, en el parque o en el hogar. Es precisamente allí donde el ciudadano debe tomar por su propia cuenta la organización para exigir una mejora profunda de su entorno: pasar de la simple crítica a la práctica. Es un llamado desde el corazón y desde el genuino deseo de mejora, porque los ciudadanos debemos dejar de conformarnos con lo poco y comprometernos a construir para lograr los máximos.
Por ello, antes de redactar este análisis, hice la tarea de preguntar a la fuente el porqué de muchas de las situaciones que, a mi modo de ver, comprometen el proyecto común de un municipio pujante, cultural y humanista. La respuesta a mi derecho de petición, elevado el 17 de octubre de 2025 ante la Alcaldía Municipal y contestado mediante la comunicación CE No. 2743 del 28 de noviembre de 2025, fue suficiente para corroborar la mediocridad y la falta de planeación que nos tienen en este profundo debate.
La inacción administrativa no constituye un simple vacío de gestión; es una decisión política con efectos concretos sobre la vida de las comunidades. En Tenza, la administración parece haber sustituido la planeación estratégica, las políticas públicas y la visión de futuro por el reduccionismo del anuncio, programas minúsculos que no van más allá de regalar un par de gallinas, unos kits, entregar útiles al inicio del año escolar o celebrar una fiesta, sin que se analicen las preguntas de fondo: ¿para dónde va el municipio? ¿Qué necesitan sus habitantes?
Ahí es precisamente donde la planeación juega un papel preponderante. Entendiendo las limitantes presupuestales; la gestión y las políticas públicas son las herramientas de mejora, porque lo que no se hace resulta tan determinante como aquello que efectivamente se ejecuta. El desarrollo territorial no puede depender de visitas protocolarias de autoridades, ni de promesas que jamás se materializan, algunas de las cuales quedan en sendos y extensos documentos, contratos o malas inversiones. La realidad se mide cuando el ciudadano siente directamente el cambio. Por eso, cuando la propia administración reconoce que los principales proyectos viales del municipio se reducen a iniciativas «anunciadas» durante una visita del gobernador, queda en evidencia una preocupante ruptura entre el discurso político y la ejecución de la política pública.
La infraestructura vial, como el corredor Tenza-El Crucero, que ya presenta sectores críticos, no se preserva con expectativas, sino con recursos ejecutados, supervisión técnica efectiva y el ejercicio oportuno de acciones frente a los contratistas incumplidos. Una vía inconclusa y sin mantenimiento, que no refleja ni justifica una inversión superior a los treinta y cuatro mil millones de pesos, resulta per se el símbolo más visible del fracaso de la planeación departamental y municipal.
Sin embargo, en este contexto cursa actualmente la supuesta contratación de la pavimentación de la vía Tenza-Sutatenza, con una inversión de más de cincuenta mil millones de pesos. La crítica no es contra la obra en sí; es contra la lógica que la rodea. Un municipio que no puede mantener en buen estado las calles del casco urbano, que no ha logrado arreglar el parque principal, que no garantiza agua potable durante todo el año y que no tiene capacidad para sostener sus vías internas y rurales, difícilmente tendrá la fortaleza financiera y técnica para mantener en el tiempo una arteria vial de esa envergadura. La inversión sin planeación no es desarrollo: es un derroche. El problema no es invertir; el problema es hacerlo sin preguntarse primero quién va a sostener lo que se construye y con qué recursos. Las grandes obras deben venir acompañadas de una estrategia de mantenimiento, de transferencia de capacidades y de un municipio fortalecido institucionalmente, no de una administración que todavía debe resolver sus necesidades más básicas.
El puente de los Micos, estructura fundamental para la conectividad cotidiana de los habitantes del municipio no cuenta con ningún informe técnico en las memorias administrativas sobre su construcción y estado actual, lo cual constituye una señal de alerta que no puede ignorarse. Reducir la gestión a la colaboración informal de la comunidad es muestra clara de una gerencia pública pobre, máxime cuando algunos políticos de la región se ufanan de sus grandilocuentes intervenciones para conseguir recursos que finalmente no llegan.
A esto se suma la preocupante admisión de que el municipio carece de protocolos y planes para la atención a emergencias. No tener una política pública de prevención de desastres en medio del cambio climático demuestra que la administración cumple apenas con el mínimo y, bajo esa lógica, los máximos seguirán siendo una utopía. Condicionar la elaboración de estos instrumentos a una eventual «revisión presupuestal» es un contrasentido administrativo. La función pública, en su matriz, está orientada a proteger la vida, los bienes y el ambiente. Cuando la prevención queda supeditada a la burocracia, el Estado invierte peligrosamente el orden de sus prioridades.
La ausencia de planificación también compromete el desarrollo económico local. Reducir la política turística y la protección de patrimonios naturales como los senderos Camino Real de la Guaya y Camino a la M, sumado al abandonado e inconcluso Parque del Artesano, a simples jornadas de ornato, evidencia la inexistencia de una estrategia sectorial de largo plazo. El turismo sostenible requiere proyectos estructurados, gestión de recursos, promoción territorial y articulación efectiva del incentivo a la comunidad y la municipalidad con entidades departamentales, nacionales y hasta internacionales. Lo que se ha hecho por sí solo resulta insuficiente para generar crecimiento económico y fortalecer la competitividad.
El artículo 311 de la Constitución Política asigna a los municipios la responsabilidad de promover el desarrollo de sus territorios y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Cumplir ese mandato exige abandonar la administración reactiva y adoptar una visión basada en la planeación, la ejecución y la rendición de resultados.
Una comunidad que merece más
Tenza es uno de los municipios más bellos del oriente boyacense. Su arquitectura colonial, artesanías, gastronomía, paisajes y su gente merecen una administración a la altura. Los tenzanos no piden milagros: piden vías transitables, servicios básicos, puentes seguros, calles iluminadas y turismo responsable; inversión para generar más empleo y evitar que los jóvenes tengan que abandonar su terruño; creación de empresas, estabilidad económica, formalización del trabajo y salud de calidad. Piden lo mínimo que un Estado debe garantizar.
Porque en un Estado social de derecho, la rendición de cuentas no es una cortesía del gobernante de turno: es una obligación.
Nota de verificación
Las afirmaciones de esta columna están respaldadas estrictamente en la respuesta oficial de la Alcaldía Municipal de Tenza, correspondencia enviada CE No. 2743 del 28 de noviembre de 2025.
La entrada El desdén: la ‘política pública’ ejecutada en Tenza – Cristian Camilo Abril #ColumnistaInvitado se publicó primero en Boyacá 7 Días.



![[Infografía] Los jugadores que más penales marcaron en la historia de los mundiales](https://www.ondasdelporvenir.com/wp-content/uploads/2026/06/042c85cb7394afa26e00d3444589b0bbc31f6b27-scaled-JfqsuS-1080x675.jpg)







0 comentarios