
Uno de los fenómenos políticos más llamativos de esta campaña presidencial ha sido el ascenso de Abelardo de la Espriella. Su candidatura ha logrado conectar con miles de ciudadanos a partir de una narrativa poderosa: la de un hombre que llega a desafiar el establecimiento, a enfrentar a las élites políticas tradicionales y a romper con las estructuras de poder que, según su discurso, han gobernado Colombia durante décadas.
En un país donde la confianza en los partidos políticos atraviesa uno de sus momentos más bajos, la figura del outsider suele resultar atractiva. La idea de alguien que llega desde afuera para sacudir el sistema genera esperanza entre quienes consideran que los problemas nacionales son consecuencia de una clase dirigente desconectada de la ciudadanía.
Sin embargo, cuando se observa con detenimiento la evolución de la campaña de De la Espriella, surge una pregunta incómoda: ¿sigue siendo realmente un outsider?
La duda no surge por sus propuestas ni por sus discursos, sino por las alianzas y respaldos que han comenzado a consolidarse alrededor de su candidatura.
Tras la primera vuelta presidencial, la senadora uribista Paloma Valencia anunció públicamente su respaldo a De la Espriella. No se trata de una figura menor dentro del escenario político colombiano. Valencia representa una de las corrientes más influyentes de la derecha tradicional y forma parte de una estructura política que ha ejercido poder durante buena parte del siglo XXI. Su apoyo evidenció que importantes sectores del establecimiento político comenzaron a cerrar filas alrededor de la candidatura del abogado monteriano.
Pero ese no ha sido el único respaldo que ha despertado interrogantes.
Diversos análisis periodísticos han advertido que alrededor de su campaña han empezado a converger dirigentes regionales, operadores electorales y estructuras políticas tradicionales, particularmente en algunas zonas de la Costa Caribe. La Silla Vacía ha documentado cómo sectores asociados a viejas maquinarias políticas han encontrado en la candidatura de De la Espriella un vehículo para mantener influencia en el escenario nacional.
Y es precisamente allí donde aparece la principal contradicción.
Porque una cosa es no haber ocupado cargos de elección popular y otra muy distinta estar realmente por fuera de las estructuras tradicionales de poder. La condición de outsider no depende únicamente de la hoja de vida de un candidato; también depende de quiénes lo rodean, quiénes lo impulsan y quiénes terminan viendo en él la mejor alternativa para preservar sus intereses.
Si quienes durante años han sido protagonistas de la política tradicional encuentran refugio en una candidatura que promete combatir precisamente esa política tradicional, resulta legítimo preguntarse si estamos frente a una verdadera ruptura o simplemente frente a una renovación del mismo poder con un discurso diferente.
La contradicción se vuelve aún más evidente cuando se analiza la trayectoria personal del candidato.
De la Espriella no proviene de los márgenes del sistema político o económico colombiano. Durante años ha sido uno de los abogados más reconocidos del país, con una amplia presencia en medios de comunicación y una extensa red de relaciones en círculos empresariales, políticos y económicos. Su historia está mucho más cerca de las élites nacionales que de los sectores históricamente excluidos de los espacios de poder.
Pero existe otro elemento que merece ser analizado y que ha acompañado su campaña desde el primer día.
Durante varios años, Abelardo de la Espriella fue abogado de Alex Saab, empresario señalado por las autoridades estadounidenses como uno de los principales operadores financieros del régimen de Nicolás Maduro. La relación profesional entre ambos fue reconocida por el propio De la Espriella y se extendió durante buena parte de la década pasada.
Naturalmente, ejercer la defensa jurídica de una persona no constituye delito alguno. En un Estado de derecho, toda persona tiene derecho a ser representada por un abogado. Ese no es el punto de discusión.
El asunto es político.
Resulta llamativo que uno de los principales pilares del discurso de De la Espriella sea precisamente su oposición frontal al chavismo y al régimen venezolano. En numerosas intervenciones públicas ha utilizado el caso venezolano como ejemplo de lo que Colombia debe evitar y ha convertido la crítica a Maduro en una de sus principales banderas electorales.
Por eso, para muchos ciudadanos, la relación profesional que mantuvo durante años con uno de los hombres más cercanos al régimen venezolano genera una tensión difícil de ignorar. No porque implique responsabilidad alguna sobre las actuaciones de su antiguo cliente, sino porque introduce un elemento de contradicción dentro de una narrativa política construida alrededor de la confrontación con aquello que dice combatir.
Y es justamente allí donde aparece el hilo conductor de todas estas discusiones.
No se trata de acusar a Abelardo de ilegalidades. No se trata de cuestionar el derecho de cualquier dirigente político a construir alianzas. Tampoco se trata de afirmar que un abogado comparte necesariamente las ideas de quienes representa.
Se trata de coherencia.
Porque mientras se presenta como un candidato antisistema, recibe el respaldo de sectores tradicionales de la política colombiana.
Mientras denuncia a las élites, importantes actores de esas mismas élites se alinean detrás de su candidatura.
Mientras se proyecta como una ruptura frente a la política tradicional, parte de las maquinarias regionales ven en él una opción conveniente.
Y mientras convierte la lucha contra el chavismo en una bandera central de campaña, carga con el antecedente de haber sido durante años abogado de quien fue considerado uno de los hombres más cercanos al régimen de Maduro.
Quizás la discusión de fondo no sea si Abelardo de la Espriella representa un cambio o una continuidad. La verdadera discusión es si todavía resulta sostenible la imagen de outsider cuando cada vez son más visibles los vínculos, apoyos y relaciones que lo conectan con sectores tradicionales del poder político y económico.
Al final, en política las alianzas suelen revelar más que los discursos. Y hoy son precisamente esas alianzas las que ponen a prueba la narrativa antisistema sobre la que Abelardo de la Espriella ha construido buena parte de su proyecto presidencial
La entrada Abelardo de la Espriella y la paradoja del outsider: cuando las élites terminan respaldando al candidato antisistema – Cristian Morales Reyes #ColumnistaInvitado se publicó primero en Boyacá 7 Días.





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