
La semana pasada llamó la atención el requerimiento público que hizo el representante a la Cámara José Luis Bohórquez al congresista Wilmer Castellanos, responsabilizándolo indirectamente por los resultados obtenidos en Boyacá por el proyecto político que respalda la candidatura presidencial de Iván Cepeda.
El señalamiento podría haber pasado como una diferencia política más, si no fuera porque Bohórquez dirigió sus críticas exclusivamente contra Castellanos, pero guardó silencio frente al representante Jaime Raúl Salamanca, quien ejerce la vocería activa y visible del Partido Verde dentro de esa misma campaña.
La pregunta que surge es: ¿por qué a Castellanos sí y a Salamanca no? Quienes conocen las dinámicas internas del Partido Verde en Boyacá saben que la relación entre Salamanca y Castellanos ha estado marcada por diferencias personales y políticas que vienen de tiempo atrás.
Incluso, en distintos sectores se comenta que Salamanca no respaldaría una eventual candidatura de Castellanos a la Gobernación de Boyacá, escenario que inevitablemente le da una lectura política adicional a los recientes señalamientos; seguramente que Salamanca prefiere la versión del candidato Wilmer 2.0.
Las declaraciones de Bohórquez no pueden ser un hecho aislado, más bien parecen encajar dentro de una narrativa que busca encontrar un responsable de los resultados electorales y, de paso, debilitar la posición de uno de los dirigentes verdes.
Recientemente Castellanos desempeñó un papel determinante para que el Partido Verde mantuviera representación de Boyacá y lograra la elección de Yamit Hurtado como una de las dos curules obtenidas por la colectividad en el departamento.
También se comenta en los círculos políticos que renunció a impulsar una aspiración propia a la presidencia de la Cámara de Representantes para facilitar la llegada de Jaime Raúl Salamanca a esa dignidad, pero nada de eso parece haber tenido peso a la hora de repartir responsabilidades.
Hoy Castellanos aparece señalado como el responsable de lo malo que ocurre dentro de su colectividad y, además, termina cargando con los costos políticos de unos resultados que corresponden a una coalición mucho más amplia, en la que participan diversos sectores, liderazgos y estructuras.
Más allá de quién tenga la razón en esta controversia, el episodio deja una señal preocupante: buscar culpables antes que evaluaciones y autocrítica revela que es posible que el problema no esté únicamente en los resultados.
Tal vez lo que estamos viendo es la expresión pública de la fractura verde que venía incubándose desde hace tiempo y que ahora aflora al calor de una derrota.
Y es precisamente allí donde algunos parecieran estar aplicando sobre Castellanos el conocido ácido político del «ha sido un placer»: una fórmula utilizada para aislar, debilitar o sacar del camino a quienes dejan de ser funcionales a determinados intereses.
En la política como en la guerra lo más peligroso es el fuego amigo, porque es inesperado y destruye la confianza, y a Wilmer Castellanos parece que le están ‘disparando’ desde adentro de su partido.
La entrada El ácido en la política Verde y el reclamo de José Luis Bohórquez – Luis Francisco Lagos #Columnista7días se publicó primero en Boyacá 7 Días.




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