La gestión eficiente del recurso hídrico se perfila como un eje determinante para mejorar la calidad de vida, fortalecer sectores productivos y reducir desigualdades en el país.
*Por: Nury Vargas

En Colombia, el tratamiento del agua potable continúa siendo un desafío que avanza de manera progresiva, pero que aún enfrenta obstáculos significativos. Más de cinco millones de personas no cuenta con acceso a agua apta para el consumo, de acuerdo con la Contraloría General de la Nación, una cifra que refleja no solo un problema de salud pública, sino también un freno para el crecimiento económico y la sostenibilidad.
Las diferencias entre territorios hacen más complejo el panorama. Mientras en las zonas rurales el impacto se siente directamente en la calidad de vida de las comunidades, en los centros urbanos el foco está en el manejo de aguas residuales que, al no ser tratadas adecuadamente, terminan deteriorando fuentes hídricas y ecosistemas.
Aunque la cobertura del servicio de acueducto alcanza el 79 % de los municipios y distritos del país, según el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio, la calidad del suministro sigue siendo una tarea pendiente.
Solo el 80 de las 1.103 entidades territoriales cumplen con todos los indicadores que garantizan agua segura tanto en áreas urbanas como rurales, lo que deja en evidencia brechas estructurales en el acceso y la prestación del servicio.
En este contexto, el papel de la formación profesional cobra relevancia. Juan Barrera, profesor del diplomado de Diseño de Plantas de Tratamiento de Agua Potable y Aguas Residuales de la Universidad Católica de Colombia, sostiene: “en Colombia, donde aún hay brechas en el acceso al agua potable y el saneamiento, es fundamental formar profesionales capaces de brindar soluciones desde lo social y lo ambiental, ya que el manejo adecuado del recurso hídrico constituye uno de los principales retos de la ingeniería contemporánea”.
Y agregó, “Por esto, realizar un diplomado en el Diseño de Plantas de Tratamiento de Agua Potable y Aguas Residuales en la Universidad Católica de Colombia, permite a los profesionales aportar desde su área para brindar soluciones efectivas a la población que realmente lo necesita”.
Más allá de la necesidad básica, el agua también se consolida como un factor determinante para la economía. Sectores como la agroindustria, la manufactura, la energía y el turismo dependen directamente de la disponibilidad y calidad del recurso para su funcionamiento. La ausencia de agua tratada no solo incrementa costos operativos, sino que también reduce la competitividad y limita la productividad.
A la par, el uso eficiente del recurso hídrico abre la puerta a iniciativas sostenibles que fortalecen el desarrollo regional. Muchas empresas han comenzado a invertir en proyectos ambientales, entendiendo que su crecimiento está ligado al cuidado del entorno. Esta relación también se traduce en generación de empleo, lo que amplía el impacto positivo en las comunidades.
Sobre este punto, el mismo experto concluye: “teniendo en cuenta este reto que nos involucra a todos como sociedad, es clave que los profesionales busquen aportar soluciones sostenibles a los desafíos hídricos del país, por lo anterior, es vital que cada día más profesionales se formen en la transformación del agua, como motor de desarrollo económico de zonas vulnerables”.
*Redactora de Boyacá Sie7e Días
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