
La mañana del lunes 22 de junio de 2026 amaneció con un silencio extraño en el sector conocido como ‘El Infierno’, vía a la vereda Tuaneca arriba, en el municipio de Toca, Boyacá. Allí fueron hallados dos caninos sin vida, víctimas del envenenamiento. La escena, más que un hecho aislado, es una muestra de la crueldad y de cómo algunos habitantes recurren a prácticas que, lejos de solucionar problemas, se han convertido en un asunto de salud pública.
El envenenamiento de animales no es solo violencia contra seres indefensos; refleja una mentalidad colectiva que erosiona la moral y la responsabilidad frente al prójimo, categoría a la que también pertenecen los perros. Quien decide acabar con ellos de manera tan despiadada no solo destruye vidas, sino que siembra miedo y desconfianza entre vecinos, propiciando disputas y enfrentamientos.
La Ley 1774 de 2016 reconoce a los animales como seres sintientes y tipifica el maltrato como delito. Sin embargo, la distancia entre la norma y la realidad se hace evidente en casos como este. ¿Quién responde por la muerte de estos caninos? ¿Quién investiga y sanciona? ¿Dónde están las autoridades municipales cuando esto ocurre? Para responder habría que revisar las acciones administrativas en favor del bienestar público y animal. Si bien en Toca se han adelantado campañas de esterilización, hechos como el mencionado demuestran que no es suficiente: se necesitan iniciativas que primero transformen la mentalidad de los habitantes y generen un impacto real. Es hora de que el Gobierno local, en articulación con la Policía y autoridades ambientales, se apersone de esta situación.
El veneno que mató a esos dos perros no solo acabó con su existencia. También envenenó la esperanza de convivir en un municipio donde la vida, toda vida, sea respetada. La columna vertebral de una sociedad justa se mide en cómo trata a los más vulnerables. Y en Toca, hoy, esa medida nos deja un saldo de vergüenza y urgencia.
Esto es solo la punta del iceberg, hay tantos casos no denunciados precisamente porque cuando la crueldad se normaliza, la impunidad se convierte en cómplice silenciosa de quienes creen que la vida animal es desechable. El maltrato animal no puede seguir siendo un crimen invisible.
La entrada Perros envenenados: un crimen invisible – #ColumnistaInvitado se publicó primero en Boyacá 7 Días.
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