
Según las promesas de los sucesivos alcaldes, las grandes obras emprendidas y continuadas en Sogamoso pretendían servir por largo tiempo, pero solo lograron que quedaran inconclusas. Entre esas onerosas y fracasadas obras podemos citar algunas: el estadio, con solo una capacidad para cinco mil espectadores y una descabellada inversión, desde hace siete años esperamos su culminación para dar paso a una segura y fastuosa inauguración. El coliseo cubierto lleva años en espera de demolición y sin visos de alternativas. La planta de tratamiento de aguas residuales, PTAR, está en construcción desde el año 2005.
Otras más como el plan maestro de alcantarillado, la construcción de parques, la terminal de transportes, con sus interminables y nunca transparentes historias del terreno donde se pretende edificar y la arborización o la disminución del déficit del espacio público, son algunas que permanecen, desde siempre, como simples proyectos y promesas de campaña.
Hoy presenciamos otra gran inversión por la obligatoria demolición del vetusto e inseguro Centro Administrativo de la plaza Seis de Septiembre. Este fue diseñado y construido hace 53 años, con un particular diseño en forma de la letra Ye, por el entonces alcalde, Jalil Yunis Kattah, (1968 y 1972 -1973) quien prometió a la ciudadanía sería una construcción de once pisos, sin embargo, terminó con tan solo tres plantas.
Ante la demolición del edificio de la Ye y la necesidad de una nueva construcción del Centro Administrativo se presentaron dos posibles oportunidades:
Una primera surge por su ubicación. Esta, de acuerdo con lo prometido en campaña, debería obedecer al resultado de un estudio urbanístico apropiado a nuestras necesidades, que tuviera en cuenta del ya mencionado enorme déficit de espacio público, la movilidad y un fácil acceso de funcionarios y usuarios. Hoy con la decisión tomada e inicio de las obras en la misma Plaza aparece un escenario económico y financiero, que desconocemos si se tuvo en cuenta para la toma de decisiones. Consiste en diferenciar el uso de los términos inversión y gasto para el destino de los dineros públicos.
Al construir la mole en la Plaza Seis de Septiembre, el Municipio incurrió en un gasto porque para ejecutarlo debió acudir a una multimillonaria suma de dinero producto de un empréstito –el más importante en la historia de la ciudad— sin que mediara una futura recuperación. La inversión se hubiera podido alcanzar mediante el cálculo, a través de los réditos potenciales vía impuesto predial. Si la construcción se hubiera realizado en un lugar diferente, la consecuencia hubiera sido la urbanización del área de influencia o del entorno y se hubiera creado lo que el ilustre sogamoseño, Álvaro Patiño Rosselli, denominó como ‘polo de desarrollo’. Álvaro Patiño Rosselli fue el creador, precisamente en Sogamoso, del primer parque industrial de Colombia.
Entonces, con la decisión de edificar el centro administrativo en la Seis de Septiembre se desdeñó la posibilidad de realizar una inversión y se optó por acudir a un enorme gasto.
Como segunda oportunidad, se puede decir que su diseño debía convertirse en un hito de la arquitectura municipal y significante, que trajera al presente elementos de la cultura ancestral, unidos a las exigencias medioambientales y tecnológicas contemporáneas. El escritor Julio Cortázar definía al arte uno de los juegos de expresión más altos del ser humano. Porque “se utilizan todas las facultades sensibles no solamente la razón sino también lo irracional, los sueños, la fantasía y los sentimientos por el pasado, el presente y el porvenir”, afirmaba.
Es claro que lo que nos muestra la Administración municipal, a través de un simple banner diseñado por una máquina –la ahora famosa inteligencia artificial— que utilizó datos proporcionados sin incluir consideraciones artísticas y ecológicas, con base en el hierro, el concreto y otros materiales light como protagonistas. Es de tanta pobreza el diseño que nadie con trayectoria verificable como arquitecto o diseñador, con nombre y apellido, se atribuye la autoría de esta obra –debería ser de arte— de tanta trascendencia para Sogamoso que perdurará por décadas. Preguntado el entonces presidente del Concejo Municipal, Andrés Bello, sobre el nombre del arquitecto dio como justificación el hecho de que se desconocía, porque era el resultado de un contrato con un grupo interdisciplinario.
En un ejercicio de socialización, la Alcaldía convocó a la ciudadanía, el pasado mes de diciembre, a una reunión para dar a conocer los alcances del proyecto de construcción, cuando las decisiones ya eran un hecho y la adjudicación de la obra sería cuestión de días.
En cuanto al banner y las muchas explicaciones, un tanto confusas, dadas por los ingenieros y funcionarios, se destaca el poco respeto por la naturaleza, con la tala de los escasos árboles y fauna de la ciudad. También el desacato a la Constitución Política por la negativa de permitir la participación de la comunidad, con suficiente antelación para escuchar las sugerencias y propuestas, en el destino de su ciudad –se había prometido un concurso de méritos para los diseños—. Con respecto a esta participación se expresaba el galardonado arquitecto, Rogelio Salmona: “es indispensable por cuanto la arquitectura es un acto colectivo, político y democrático” y por una obviedad indiscutible: esta construcción será para el servicio directo del ciudadano y sus comunidades.
Algunas fuentes expertas en urbanismo y arquitectura, consultadas para la redacción de esta columna, manifestaron que el uso del cristal o plástico –como está previsto y muestra el banner ilustrativo sobre la construcción del edificio administrativo— en vez de muros con verdaderos y auténticos diseños, “nos quieren mostrar una falsa estética de transparencia, de libertad y modernidad tecnológica, para esconder, con materiales baratos, sus fines son económicos y ocultos para aprovecharse de los sobrecostos. Nos ofrecen una sensación superficial en vez de llevar a la reflexión crítica del entorno social que es el fin último del arte urbano”. Además, insistieron las fuentes consultadas en la palabra Arte que, como se anotaba anteriormente, está lejos de ser o siquiera parecer ser.
Por su parte el también reputado arquitecto Germán Téllez, en el primer tomo de su obra Crítica e Imagen, página 131, refiriéndose a la arquitectura de la Plaza de la Villa, escribe que “es fácil la constatación de un empobrecimiento estético asombroso, de un abandono profundo de la elemental noción de que la arquitectura se hace en un contexto urbano, y no en el vacío”. Tal pareciera que la apreciación y frases de Téllez se siguieran al pie de la letra hoy con el ‘diseño inteligente’ del futuro edificio administrativo.
Frente a esta situación, es lógico que la creencia popular centre su atención sobre el verdadero y oculto destino del enorme gasto institucional, y sobre los verdaderos intereses que mueven a quienes deciden, sin mediar la claridad y transparencia exigidas por la Constitución y las leyes. Con un aditamento más. El control político que debería existir por parte del Concejo Municipal estuvo ausente o se desconocen sus acciones y opiniones adversas. Por el contrario, más pareciera que las ondas de cambio que recorren el país miraran para otro lado u otras cosas menos hacia y para Sogamoso.
La entrada Ausencia estética (¿y ética?) en Sogamoso – Jorge Armando Rodríguez #ColumnistaInvitado se publicó primero en Boyacá 7 Días.



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