Mitos como «el asma se cura sola» o «los niños con asma no pueden hacer ejercicio» afectan directamente la calidad de vida de los niños y retrasan su tratamiento.

El asma afecta aproximadamente a 363 millones de personas en el mundo y es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la enfermedad crónica más común entre los niños, una condición que interrumpe su sueño, limita su actividad física y, cuando no está controlada, puede derivar en hospitalizaciones.
En ese contexto, el Día Mundial del Asma, conmemorado el 5 de mayo, es una oportunidad clave para visibilizar sus síntomas y derribar los mitos que aún persisten alrededor de su tratamiento.
De acuerdo con la especialista Diana M. Duarte de la Fundación Valle del Lili, esta patología afecta aproximadamente a uno de cada 10 niños y adolescentes, con mayor impacto en los menores de 5 años. Durante la infancia, además, es más frecuente en niños que en niñas.
A escala regional, Latinoamérica registra algunas de las prevalencias más altas, y Colombia no es la excepción: estudios en seis ciudades principales estiman que el 12 % de los niños presenta síntomas de asma, aunque solo el 7 % cuenta con un diagnóstico médico confirmado, lo que evidencia importantes brechas en su detección y manejo.
El riesgo de desarrollar asma no es igual para todos los niños. Vivir en entornos urbanos, tener padres con asma o enfermedades alérgicas, y estar expuesto al humo de tabaco, la contaminación del aire o el uso de combustibles de biomasa en el hogar son factores que aumentan significativamente la probabilidad de padecerla. A esto se suman las disparidades socioeconómicas y el acceso limitado a servicios de salud, que agravan la carga de la enfermedad en poblaciones más vulnerables.
En ese sentido, y siguiendo a la doctora Duarte, es clave que padres y cuidadores reconozcan los síntomas del asma y la diferencien de otras enfermedades respiratorias como la gripa. Esta se caracteriza por síntomas variables como sibilancias (silbidos en el pecho), tos recurrente —especialmente nocturna—, dificultad para respirar y opresión en el pecho, que pueden empeorar con el ejercicio, la risa o la exposición a alérgenos.
A diferencia de una infección viral, que es un episodio aislado y de corta duración, el asma presenta síntomas recurrentes, incluso cuando el niño no está resfriado.
«El diagnóstico errado del asma en pediatría es más común de lo que pensamos: entre el 30 y el 35 % de los niños con diagnóstico de asma en realidad no la tienen, mientras que hasta el 70 % de quienes sí la padecen permanecen sin diagnosticar y sin tratamiento adecuado.
Parte de la dificultad radica en que el asma puede confundirse con muchas otras condiciones, especialmente en lactantes y preescolares: bronquiolitis, bronquitis viral recurrente, rinitis alérgica o incluso reflujo gastroesofágico, presente en hasta el 86 % de los niños menores de 5 años con sibilancias recurrentes. Por eso, el diagnóstico requiere observar el patrón de síntomas a lo largo del tiempo, descartar otras causas y evaluar la respuesta al tratamiento», señala la dra. Diana M. Duarte.
Los mitos alrededor del tratamiento del asma: ¿se cura solo?
Los estudios muestran que la mediana de retraso entre los primeros síntomas y el diagnóstico formal de asma en niños es de 3,3 años, un rezago que tiene consecuencias clínicas reales pues el diagnóstico tardío se asocia con mayor riesgo de exacerbaciones.
Pero incluso cuando el diagnóstico llega, no basta si no va acompañado de un tratamiento adecuado. Y en ese camino, los mitos juegan en contra: múltiples concepciones erróneas entre padres y cuidadores afectan negativamente tanto la búsqueda de atención médica como el manejo de la enfermedad en casa. Por eso, derribarlos es tan importante como el diagnóstico mismo.
En ese sentido, la doctora Diana Duarte, neumóloga pediatra de la Fundación Valle del Lili, señala seis de los más comunes:
Mito 1: «El asma solo existe cuando hay silbido». El asma puede manifestarse como tos recurrente nocturna, sensación de falta de aire u opresión en el pecho, incluso sin sibilancias audibles.
Mito 2: «Los inhaladores hacen daño o causan dependencia». Los corticoides inhalados a dosis bajas son seguros y son el tratamiento de primera línea recomendado internacionalmente. Si bien puede observarse una leve reducción en la velocidad de crecimiento durante los primeros años, este efecto no es progresivo ni acumulativo.
Mito 3: «El asma se cura sola con el tiempo». Hasta el 60 % de los niños que desarrollan asma antes de los 10 años pueden experimentar remisión de síntomas, pero remisión no es curación. Las guías GINA 2025 advierten que el asma frecuentemente reaparece en la adultez y que los niños con remisión tienen mayor riesgo de deterioro acelerado de la función pulmonar.
Mito 4: «Los niños con asma no pueden hacer ejercicio». Las guías GINA 2025 recomiendan la actividad física en todos los niños con asma. La natación, en particular, mejora la función pulmonar y la condición cardiopulmonar. Si el ejercicio desencadena síntomas, estos pueden prevenirse con el tratamiento adecuado.
Mito 5: «Todos los niños con sibilancias tienen asma». Las sibilancias son comunes en menores de 5 años y, en la mayoría de los casos, están asociadas a infecciones virales sin diagnóstico de asma.
Mito 6: «Ciertos alimentos causan o curan el asma». No existe evidencia de que dietas específicas curen el asma. Si bien la alergia alimentaria puede ser un factor de riesgo en algunos niños, las restricciones dietéticas sin respaldo médico son innecesarias y pueden afectar la nutrición del niño.
«La meta del tratamiento del asma es que el niño tenga una vida completamente normal. Un niño con asma bien controlada puede jugar, correr, ir al colegio, practicar deportes y dormir bien sin limitaciones relevantes.
La evidencia es contundente: mientras el 70 % de los niños con asma no controlada reportan mala calidad de vida, solo el 2,7 % de los que sí la tienen controlada enfrentan esa limitación. El asma no debe ser un obstáculo, y con el tratamiento adecuado, no lo es”, concluye la dra. Diana M. Duarte.
Por último, se recomienda a los padres y cuidadores aprender a reconocer los signos de alarma y buscar atención médica urgente si el niño presenta respiración muy rápida, coloración azulada o no responde al broncodilatador.
Usar correctamente el inhalador es clave, pues hasta el 80 % de los pacientes no lo hace bien, lo que compromete el control de la enfermedad. Mantener la adherencia al tratamiento, controlar los desencadenantes ambientales y asistir a controles periódicos —incluso cuando el niño está asintomático— son acciones que marcan la diferencia entre una enfermedad controlada y una que limita la vida del niño.
La entrada Uno de cada 10 niños tiene asma: estos son algunos mitos que están afectando su tratamiento se publicó primero en Boyacá 7 Días.







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