

Después del terremoto que sacudió a buena parte del Eje Cafetero, Chocó y Valle del Cauca, como casi todos, he visto en redes sociales decenas de videos de personas saliendo a ayudar, buscando sobrevivientes, removiendo escombros, llevando alimentos y organizando centros de acopio.
En medio de la tragedia, hay una imagen que particularmente me llamó la atención. En un video aparecen varias personas en una volqueta en Cali. Llevan tapabocas, guantes y gorras. No están esperando a que alguien les diga qué hacer: están listos para desplazarse hacia las zonas afectadas y ayudar a quienes más lo necesitan. Detrás de ellos va un camión con más personas y, alrededor, varios motociclistas con sus parrilleros. Todos tienen el mismo propósito: ayudar.
El caption del video decía: “El verdadero pueblo cuando se une”.
Y pocas frases podrían describir mejor lo que estamos viendo. Porque en momentos como este aparecen las mejores expresiones de lo que significa vivir en sociedad. Cada persona puede ayudar de acuerdo con sus posibilidades. Algunos podrán desplazarse hasta las zonas afectadas y, bajo el sol y entre los escombros, contribuir a encontrar y rescatar sobrevivientes. Otros organizarán centros de acopio para reunir alimentos, agua, medicamentos, ropa o elementos de primera necesidad. Habrá quienes puedan donar dinero, prestar un vehículo, ofrecer una herramienta o simplemente dedicar unas horas de su tiempo.
No todos podemos hacer lo mismo, pero todos podemos hacer algo.
Y ahí está precisamente la importancia de entendernos como sociedad. La solidaridad no significa que todos tengamos que aportar de la misma manera; significa que cada uno pone a disposición de los demás aquello que está en capacidad de ofrecer.
Pero también hay algo fundamental: ayudar debe hacerse de manera organizada. Una emergencia de esta magnitud no necesita únicamente voluntad; necesita coordinación. No se trata de que cientos de personas lleguen simultáneamente a una zona afectada sin saber qué hacer, sino de lograr que esa enorme capacidad de solidaridad pueda convertirse en una respuesta efectiva.
La ciudadanía, las autoridades, los organismos de socorro, las organizaciones sociales y el sector privado deben trabajar de manera articulada. Porque una tragedia también pone a prueba nuestra capacidad de organizarnos.
Vivimos en una sociedad llena de diferencias. Pensamos distinto, tenemos posiciones políticas diferentes, defendemos intereses distintos y muchas veces nos enfrentamos por ellos. Y eso no necesariamente es malo: una sociedad democrática está construida precisamente sobre la posibilidad de pensar diferente.
Pero hay momentos en los que nuestras diferencias deben pasar a un segundo plano.
Una emergencia como esta nos recuerda que, antes que cualquier diferencia política, ideológica o regional, somos ciudadanos. Y que nuestra condición de ciudadanos también implica una responsabilidad con los demás.
El verdadero progreso de un país no se mide únicamente por sus carreteras, sus edificios, sus indicadores económicos o sus avances tecnológicos. También se mide por su capacidad de responder cuando uno de los suyos está en dificultades.
Quizás por eso la imagen de aquella volqueta sea tan poderosa. No muestra grandes discursos ni dirigentes pronunciando palabras solemnes. Muestra personas comunes poniéndose en movimiento. Personas que probablemente no se conocen entre sí, pero que entienden que, frente a una tragedia, el problema de uno puede convertirse en el problema de todos.
Eso también es hacer país.
Hoy unos necesitan ayuda y otros tienen la posibilidad de ofrecerla. Mañana las circunstancias podrían invertirse. Esa es, en buena medida, la esencia de vivir en sociedad: entender que no estamos solos y que nuestra suerte también está vinculada a la de los demás.
Por eso, ante una tragedia de esta magnitud, cada quien puede preguntarse qué puede hacer. No importa si es mucho o poco. Importa que la ayuda llegue, que esté organizada y que tenga como propósito aliviar el sufrimiento de quienes hoy lo necesitan.
Porque cuando una sociedad consigue poner sus diferencias a un lado, organizarse y trabajar por una causa común, aparece una de sus mayores fortalezas.
La unión hace la fuerza. Pero, sobre todo, la unión demuestra que todavía sabemos ser sociedad.
La entrada La unión hace la fuerza – #ColumnistaInvitado se publicó primero en Boyacá 7 Días.


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