
Bueno, ya estamos en la recta final de esta campaña para la presidencia de Colombia. Quizá por oxigenar un poco el ambiente podemos ir a los temas importantes que debería abordar el nuevo presidente, porque mientras el país está polarizado y los votantes enardecidos con sus campañas, en los hospitales está muriendo gente y otros enfermos están esperando que las EPS les aprueben un tratamiento. Cada vez que Colombia discute una reforma a la salud, el debate termina atrapado en las mismas preguntas: quién administra los recursos, quién paga, quién presta los servicios y cuál debe ser el papel de las EPS o del Estado. Son discusiones necesarias, pero insuficientes. La verdadera pregunta debería ser otra: ¿qué entendemos por salud?
La pandemia nos dejó una lección imposible de ignorar. Descubrimos que ni el crecimiento económico, ni la tecnología, ni el poder político son capaces de sostener una sociedad cuando la salud se fractura. Pero también comprendimos algo más profundo: la salud humana no existe aislada. Lo que ocurre en los ecosistemas afecta a los animales; lo que sucede con los animales afecta a las personas; y lo que hacemos como sociedad termina impactando todo el sistema de vida. Por eso resulta tan relevante el concepto de One Health o Una Sola Salud, una visión que entiende la salud humana, la salud animal y la salud ambiental como dimensiones inseparables de una misma realidad. No se trata de una teoría novedosa ni de una moda académica. Es el reconocimiento de una verdad elemental: no puede existir una población sana en territorios enfermos.
La discusión sobre la reforma a la salud en Colombia debería aprovechar esta oportunidad histórica para trascender la lógica exclusivamente hospitalaria. Durante décadas hemos construido un sistema orientado principalmente a atender la enfermedad. Invertimos enormes esfuerzos en curar, pero relativamente pocos en prevenir. Nos preocupamos por las camas hospitalarias cuando ya se produjo la crisis, pero prestamos menor atención a la contaminación de los ríos, a la calidad de los alimentos, a la salud mental, al deterioro de los ecosistemas o a las condiciones de vida que terminan enfermando a millones de personas.
Desde la perspectiva de Una Sola Salud, una reforma verdaderamente transformadora no se limita a reorganizar instituciones. Implica reconocer que los ministerios de Salud, Ambiente, Agricultura, Educación y Ciencia deben actuar como partes de una misma estrategia nacional. Implica entender que la lucha contra las enfermedades transmitidas por vectores está vinculada al cambio climático; que la resistencia a los antibióticos tiene relación con las prácticas productivas; que la seguridad alimentaria es una política de salud pública; y que la protección de la biodiversidad es también una forma de prevención. Esta visión encuentra además un profundo eco en los saberes ancestrales de los pueblos indígenas. Durante siglos, comunidades como los arhuacos han comprendido que el bienestar humano depende del equilibrio entre la naturaleza, la cultura y la espiritualidad. Mucho antes de que la academia hablara de One Health, ya existían cosmovisiones que entendían la vida como una red de interdependencias y no como compartimentos separados. El desafío para Colombia es enorme. Somos uno de los países más biodiversos del planeta y, al mismo tiempo, uno de los más afectados por conflictos ambientales, desigualdades territoriales y brechas en el acceso a la salud. Por eso nuestra reforma no puede limitarse a resolver problemas administrativos. Necesitamos una transformación conceptual que coloque la prevención, el cuidado y la sostenibilidad en el centro de las decisiones públicas.
Quizá la gran reforma pendiente no sea la del sistema, sino la de nuestra manera de pensar. Mientras sigamos creyendo que la salud se encuentra únicamente en los hospitales, seguiremos llegando tarde. La salud comienza en el agua que bebemos, en el aire que respiramos, en los alimentos que consumimos, en la estabilidad de los ecosistemas y en la forma como nos relacionamos con los demás seres vivos. Colombia necesita una reforma que garantice atención oportuna y universal, sin duda. Pero también necesita una reforma cultural capaz de asumir que no existen tres saludes distintas —la humana, la animal y la ambiental— sino una sola. Porque, al final, el futuro del país dependerá de entender una verdad tan sencilla como poderosa: cuidar la vida exige cuidar toda la vida.
La entrada La reforma pendiente: una sola salud para un solo país se publicó primero en Boyacá 7 Días.








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