
La advertencia de la Dimayor de no programar partidos en estadios que no cuenten con iluminación adecuada a partir del segundo semestre del 2026 no es un hecho aislado. En realidad, responde a una situación que el fútbol profesional colombiano ha preferido ignorar durante años.
El más reciente comunicado del ente rector traza una línea clara: los escenarios deportivos deberán cumplir condiciones mínimas para albergar partidos oficiales, especialmente en horario nocturno.
No se trata de una recomendación, sino de una obligación. Quien no cumpla, simplemente se quedará sin fútbol profesional en su plaza.
El caso del estadio La Independencia de Tunja es apenas uno de los ejemplos más visibles. Las limitaciones en su sistema de iluminación han sido reiteradas, generando reclamos de equipos y medios, y podrían tener afectaciones directas en la programación de los encuentros.
Durante años, la liga ha convivido con situaciones inaceptables: partidos reprogramados por fallas técnicas, transmisiones afectadas, camerinos en condiciones precarias y escenarios que no cumplen con estándares básicos. Lo grave no es que ocurra, sino que se haya normalizado.
La falta de iluminación adecuada no solo impide disputar partidos en horario nocturno. Impacta directamente la programación, la calidad de las transmisiones televisivas, la asistencia del público y las condiciones de competencia. En otras palabras, afecta la esencia misma del espectáculo.
Y aquí aparece un punto clave: hoy el fútbol colombiano depende en gran medida de la televisión. Sin estándares técnicos adecuados, el producto pierde valor. Así de simple.
En Colombia, la mayoría de los estadios no pertenece a los clubes. Dependen de
administraciones públicas o de esquemas mixtos donde las responsabilidades se diluyen.
Las alcaldías y gobernaciones alegan falta de recursos, los equipos carecen de control directo y los operadores priorizan otros eventos.
En ese contexto, el mantenimiento queda en segundo plano. El resultado es evidente: una infraestructura rezagada frente a las exigencias del fútbol moderno.
La nueva directriz obliga a tomar decisiones. Clubes y administraciones locales tendrán que invertir, modernizar o, en el peor de los casos, resignarse a perder la localía. Porque la Dimayor ha sido clara: no habrá cambios de horario ni aplazamientos por estas razones.
La medida generará incomodidad, especialmente en plazas intermedias como Tunja. Sin adecuaciones, la ciudad podría quedar por fuera del calendario, con todo lo que ello implica en términos deportivos, económicos y de visibilidad.
Pero también puede ser una oportunidad. Si se asume con seriedad, este ultimátum puede convertirse en el punto de partida para modernizar los escenarios deportivos del país.
La entrada La iluminación deficiente es solo parte del problema – Luis Francisco Lagos #Columnista7días se publicó primero en Boyacá 7 Días.











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