Hoy es el Día del Ingeniero en Colombia, y nunca antes la profesión enfrentó un cambio tan grande

viernes 29 de mayo de 2026, 5:00 pm

Hoy, 29 de mayo, celebramos su día. Y la celebración llega en el momento más complicado que ha vivido la profesión en más de un siglo.

La Sociedad Colombiana de Ingenieros, fundada el 29 de mayo de 1887, instituyó esta fecha como Día del Ingeniero en Colombia. Hoy cumple 139 años de tradición. Foto: archivo particular
La Sociedad Colombiana de Ingenieros, fundada el 29 de mayo de 1887, instituyó esta fecha como Día del Ingeniero en Colombia. Hoy cumple 139 años de tradición. Foto: archivo particular

Quienes somos ingenieros sabemos que esta no es una profesión cualquiera. Es la que diseñó el puente por el que usted pasa todos los días, la que pensó el sistema eléctrico que prende la luz cuando llega a la casa. La ingeniería es invisible cuando funciona, y solo se vuelve visible cuando algo falla.

La fecha del Día del Ingeniero tiene historia. Un día como hoy de 1887, hace 139 años, se fundó la Sociedad Colombiana de Ingenieros. Por eso se escogió el 29 de mayo. Esa misma sociedad entrega cada año los Premios a la Ingeniería Nacional y la Orden al Mérito Julio Garavito.

Y mientras esa tradición se mantiene firme, el oficio cambia a una velocidad nunca vista. La inteligencia artificial se metió en cada paso del trabajo: en los planos, en los cálculos, en los presupuestos, en las simulaciones.

Un cálculo estructural que hace cinco años tomaba dos semanas, hoy una IA lo hace en minutos. La revisión de un proyecto eléctrico que demoraba días se está volviendo automática. Y los entregables que antes se hacían a mano, hoy se generan con un par de instrucciones.

La inteligencia artificial ya está integrada al trabajo diario del ingeniero: cálculos estructurales en minutos, simulaciones automáticas y revisión de proyectos asistida. Pero la firma profesional sigue siendo humana. Foto: archivo particular
La inteligencia artificial ya está integrada al trabajo diario del ingeniero: cálculos estructurales en minutos, simulaciones automáticas y revisión de proyectos asistida. Pero la firma profesional sigue siendo humana. Foto: archivo particular

Eso abre una pregunta enorme para los jóvenes que estudian ingeniería en la UPTC, en la Nacional o en cualquier universidad del país: ¿qué va a quedar del ingeniero cuando las máquinas hagan los cálculos?

La respuesta es clara. Va a quedar lo más importante.

Un cálculo está perfecto sobre el papel y aun así puede ser un mal diseño en la realidad. Una solución óptima en eficiencia puede ser un desastre social si nadie pensó en la gente que vive cerca de la obra. Un puente puede ser técnicamente impecable y destruir el ecosistema de un río. La IA no ve eso. Ve los números, no los contextos.

Ahí entra el ingeniero. El que conoce el terreno porque lo caminó. El que sabe que en Boyacá no se construye igual que en la Costa. El que va a la obra y se da cuenta, antes que el software, de que algo no cuadra. El que decide, con criterio ético, cuándo decir «esto no se puede hacer así, aunque el cliente lo quiera». Esa parte no la programa nadie.

Lo otro que no se va es la responsabilidad. Cuando una obra falla, no se demanda a un algoritmo. Se demanda al ingeniero que firmó. La tarjeta del COPNIA no se la dan a una máquina. Se la dan a una persona que pone su nombre como garantía. Y esa firma vale más, no menos, en una era donde todo se genera automáticamente.

El ingeniero del futuro no será el que rechace la IA, sino el que aprenda a usarla con criterio. La tarjeta del COPNIA garantiza algo que ninguna máquina puede asumir: la responsabilidad sobre la obra. Foto: archivo particular
El ingeniero del futuro no será el que rechace la IA, sino el que aprenda a usarla con criterio. La tarjeta del COPNIA garantiza algo que ninguna máquina puede asumir: la responsabilidad sobre la obra. Foto: archivo particular

El verdadero reto hoy no es competir contra la IA. Es aprender a usarla mejor que la competencia. El que sepa orquestar estas herramientas para diseñar más rápido y con más precisión, va a ser el más buscado. El que se quede pegado a los métodos de hace 20 años, va a quedar fuera.

A los colegas que enseñan en las facultades, a los que están en obra debajo de un sol bravo, a los que diseñan en oficinas pequeñas de pueblo, a los que apenas reciben hoy su tarjeta: feliz día.

Que la inteligencia artificial nos haga mejores. Pero que nunca nos haga olvidar para qué nos formamos. Porque una sociedad se mide por los puentes que construye. Y también por los ingenieros que los construyen.

Redacción Tecnología / IA

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