G&J Ferreterías: 55 años de una empresa boyacense que forjó su crecimiento a punta de acero, visión y trabajo familiar

domingo 30 de noviembre de 2025, 8:30 am

El origen de G&J no podría ser más boyacense: trabajo en familia, visión compartida y olfato comercial.

G&J Ferreterías está cumpliendo 55 años. Foto: archivo particular

En Boyacá pocas historias empresariales condensan con tanta claridad el espíritu laborioso de la región como la de G&J Ferreterías. Lo que hoy es una de las redes de distribución y transformación de acero más grandes del país nació hace 55 años como un pequeño local en la calle 16 de Duitama, atendido por dos hermanos: Gustavo y Jaime Ramírez Barrera, y sus esposas, Margarita Acevedo y Dora Ovalle. Allí, donde actualmente se levanta el Edificio Ramírez, comenzó una aventura que, sin hacer ruido y con disciplina casi artesanal, se convertiría en un referente nacional de la cadena del acero y la construcción.

De una ventica familiar a una organización nacional

El origen de G&J no podría ser más boyacense: trabajo en familia, visión compartida y olfato comercial. En los años ochenta, aprovechando el impulso que el Gobierno nacional dio a la vivienda social, los Ramírez comenzaron a vender ferretería y a empacar cemento, al tiempo que comercializaban el acero producido por Acerías PazdelRío. Esa combinación fue suficiente para cimentar un negocio que no demoraría en expandirse.

La familia G&J. Foto: archivo particular

Primero llegó la apertura de la sucursal en Tunja. Más tarde, cuando sus hijos se trasladaron a estudiar a Bogotá, los fundadores vieron en la capital una oportunidad natural: abrir un pequeño local en la zona ferretera de la calle 13 con Avenida Boyacá. Ese punto, que comenzó como una bodega modesta, terminó siendo el puente para abastecer mejor a Boyacá con mercancía importada y fue el primer paso hacia una expansión sostenida.

A esa tienda le siguió otra en la carrera 65B, que con el tiempo se consolidó como la sede principal de G&J Ferreterías S.A. y marcó el rumbo de una compañía que dejaría de ser regional para convertirse en un jugador nacional.

Crecimiento, integración y una apuesta por la industria

El modelo de filiales permitió a G&J llegar a ciudades como La Dorada e Ibagué, y derivó en un entramado empresarial que, con los años, sumó firmas como Ferrexpress, GYJ Especiales, Comercial GYJ e Hidepalma. Pero fue el paso hacia la integración vertical el que transformó de fondo la estructura del grupo.

Gustavo Antonio Ramírez Barrera (q.e.p.d.), fundador de G&J junto a su hermano Jaime. Foto archivo particular

En 1994, ante la apertura económica que dejó a varias compañías de insumos al borde del cierre, G&J adquirió la planta de trefilado y mallas Almasa. Con ello amplió su portafolio hacia productos para el sector agrícola y la vivienda, y se consolidó como un jugador integral en la cadena del acero.

Ya en los años 2000, toda su red empresarial se unificó bajo el nombre G&J Ferreterías S.A., dedicada a la comercialización, distribución y transformación de productos de acero para la construcción, la metalmecánica, la industria petrolera y el agro. Para entonces, la marca ya tenía presencia en Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cartagena, Tunja, Duitama y Sogamoso.

El apetito por crecer no se detuvo. En el 2006, el grupo adquirió Tubos Colmena —histórica empresa del Grupo Haime— y más adelante una firma transformadora en Barranquilla. Luego, en el 2014, se alió con el grupo mexicano Deacero para construir una siderúrgica en el corregimiento de Juan Mina, un proyecto ambicioso que, aunque ha enfrentado dificultades, sigue en marcha.

Hoy, la organización está encabezada por Jaime Hernando Ramírez Acevedo, gerente general de G&J Ferreterías S.A.S., y por Óscar Ramírez Acevedo, presidente ejecutivo del conglomerado que integra Almasa, Colmena, Sigma Steel, Steel y la red de ferreterías. Óscar, además, es uno de los fundadores de la Cámara Colombiana del Acero (Camacero), creada en el 2014.

Una cementera y un equipo de fútbol: industria y pasión por Boyacá

Ferretería de G&J en La Dorada, Caldas. Foto archivo particular

El espíritu empresarial de la familia también los llevó a entrar en un sector inusual para un grupo ferretero: el del cemento. En el 2015 adquirieron una pequeña planta a las afueras de Sogamoso y la bautizaron Cementera Patriota, en homenaje a la historia libertadora del departamento.

Ese mismo nombre ha estado presente en otro de los proyectos más visibles de los Ramírez: el equipo de fútbol Patriotas Boyacá, fundado en el 2003 por Óscar Ramírez y el entonces gobernador de Boyacá, Miguel Ángel Bermúdez. Al igual que en su negocio principal, en el fútbol también han dejado huella: la cementera fue patrocinadora del club y el apellido Ramírez quedó ligado a la historia reciente del elenco rojo.

Empresa familiar con vocación pública

La tercera generación de la familia ya participa en la organización. Sin embargo, algunos miembros también han encontrado en la política un camino paralelo: Óscar Jaime Ramírez Vahos, hijo de Óscar Ramírez Acevedo, es concejal de Bogotá y completa su segundo periodo. Y el propio fundador, Jaime Francisco Ramírez Barrera, fue senador liberal entre 1998 y el 2002 y luego integró la lista al Senado liderada por Germán Vargas Lleras.

Tres generaciones de la familia G&J: de Der. a Izq. Jaime Ramírez Barrera, Óscar Ramírez Acevedo y Óscar Jaime Ramírez Vahos. Foto: archivo particular

Constanza Ramírez Acevedo, hermana de Óscar, también incursionó en lo público como alcaldesa de Duitama (2012-2015), consolidando una tradición familiar de liderazgo no solo empresarial sino también cívico.

55 años después, un gigante boyacense que resiste los retos del mercado

Hoy, cuando la actividad constructora vive uno de sus momentos más difíciles por la contracción económica y la incertidumbre del mercado, G&J Ferreterías mantiene ventas anuales cercanas al billón 300.000 pesos. La cifra no solo demuestra su músculo empresarial, sino también la capacidad de adaptación que la ha caracterizado desde sus inicios en Duitama.

La historia de G&J es, en esencia, la historia de cómo un negocio familiar, nacido en una pequeña ciudad de Boyacá, logró convertirse en un engranaje fundamental de la industria del acero en Colombia. Cinco décadas y media después sigue siendo un ejemplo de visión empresarial, arraigo regional y compromiso con la industria nacional.

L.F.L.R.  

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