El dolor real – #ColumnistaInvitada

sábado 1 de agosto de 2026, 8:30 am

En la película ‘Un dolor real’, protagonizada por Jesse Eisenberg y estrenada en 2024, seguimos la historia de dos primos que viajan a Polonia para rendir homenaje a la memoria de su abuela, una sobreviviente del Holocausto.

Sin embargo, lo que comienza como un recorrido por el pasado termina convirtiéndose en una profunda reflexión sobre el suicidio, la salud mental y, como sugiere el propio título, el dolor real.

La película contrapone el horror indecible del Holocausto con las heridas invisibles que cargan dos jóvenes de la modernidad y plantea una pregunta incómoda: ¿cómo se mide el sufrimiento humano y quién puede decidir cuándo se ha vuelto insoportable?

El caso de Catalina Giraldo parece dialogar con estos mismos interrogantes. Tras acceder a una muerte digna el pasado 9 de julio, después de padecer durante años depresión y otros trastornos psiquiátricos, la psicóloga de 31 años se convirtió en un símbolo de la eutanasia.

Su historia, que le dio la vuelta al mundo, volvió a poner sobre la mesa uno de los debates bioéticos y jurídicos más complejos de nuestro tiempo: cómo responder al inmenso y persistente sufrimiento que pueden producir tanto las enfermedades físicas como las mentales.

Su caso tenía, además, un elemento que recuerda lo mucho que aún está en juego cuando se habla de muerte digna. Catalina no murió como quería. Tras una larga batalla legal librada junto con su abogado, Lucas Correa, no pudo acceder al suicidio médicamente asistido y terminó recurriendo a la eutanasia.

En la práctica, la diferencia entre ambos mecanismos es importante. En el suicidio médicamente asistido es el propio paciente quien se administra los medicamentos que pondrán fin a su vida, mientras que en la eutanasia es un profesional de la salud quien realiza el procedimiento.

Según Correa, para algunas personas la diferencia puede parecer sutil. Para otras, sin embargo, resulta esencial. La posibilidad de causar la propia muerte constituye una expresión de libertad y autonomía a la que muchos quisieran acceder, especialmente cuando atraviesan el requisito fundamental para estos procedimientos: padecer una enfermedad grave e incurable cuyo sufrimiento es incompatible con su concepción de una vida digna.

Las múltiples trabas que enfrentó Catalina cuando buscaba acceder al suicidio médicamente asistido reavivaron debates que han acompañado la construcción del derecho a morir dignamente en Colombia.

¿Debe aplicarse también a las personas que padecen sufrimientos mentales y trastornos psiquiátricos? ¿Deben las convicciones religiosas, éticas o morales limitar el alcance de este derecho? ¿Es posible determinar, desde la legislación, qué constituye un sufrimiento incurable y qué no?

Las respuestas a estas preguntas han sido tan trascendentales que el Congreso de la República sigue sin legislar sobre la materia, pese a las múltiples exhortaciones de la Corte Constitucional para que lo haga. Esa ausencia no es menor. Una Ley Estatutaria consolidaría el desarrollo jurisprudencial de las últimas décadas y otorgaría mayor estabilidad normativa a este derecho.

Los argumentos en contra de su desarrollo también han estado acompañados de la estigmatización que todavía rodea a las enfermedades mentales y a padecimientos como la ansiedad y la depresión.

Juzgar el dolor ajeno y decidir qué tratamientos deberían bastar para aliviarlo parece ser una costumbre más vigente que nunca. Se habla, en distintos escenarios y de muchas maneras, sobre la forma correcta en que los demás deberían afrontar sus aflicciones.

Catalina se convirtió en el símbolo de una realidad incómoda: el deterioro mental puede llegar a ser tan irreversible como el físico. Después de cuarenta esquemas farmacológicos, varios ciclos de terapia electroconvulsiva, más de una docena de hospitalizaciones y tratamientos con ketamina sin éxito, le recordó a Colombia (y al mundo) que el dolor real no siempre necesita consejos. También necesita empatía.

Y, en ocasiones, soluciones jurídicas capaces de reconocer que la dignidad humana incluye el derecho de cada persona a decidir cuándo el sufrimiento ha dejado de ser compatible con su propia idea de una vida que vale la pena habitar.

La entrada El dolor real – #ColumnistaInvitada se publicó primero en Boyacá 7 Días.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Buscar

Contenido relacionado

Monguí tendrá más seguridad y nueva Estación de Policía

Monguí tendrá más seguridad y nueva Estación de Policía

En consejo de seguridad se habló de reforzar el pie de fuerza, mejorar la movilidad de los policías y la construcción de la nueva Estación. Consejo de Seguridad en Monguí. Foto: Alcaldía de Monguí Un consejo de seguridad se llevó a cabo en el municipio de Monguí con...

Falleció reconocido abogado de Duitama

Falleció reconocido abogado de Duitama

El abogado Héctor Elías Becerra Guevara murió en la mañana de ayer. Esta tarde se le dará el último adiós en la Catedral de Duitama. Abogado Héctor Elías Becerra Guevara, q.e.p.d. Foto: Archivo particular Héctor Elías Becerra Guevara, reconocido abogado duitamense,...

Categorías

Radio Offline