El cambio que no cambia: elecciones y circulación de élites en Colombia – Cristian Morales Reyes #ColumnistaInvitado

domingo 10 de mayo de 2026, 8:00 am

Cada ciclo electoral en Colombia parece venir acompañado de la misma promesa: el cambio. Los candidatos hablan de romper con las viejas élites, de transformar la política tradicional y de inaugurar una nueva etapa en la vida pública del país.

El discurso es potente porque conecta con una aspiración legítima de la ciudadanía: que la política deje de estar controlada por unos pocos y responda realmente al interés general. Sin embargo, si se observa este fenómeno desde la teoría política, la historia suele ser menos épica de lo que la retórica electoral sugiere.

El sociólogo italiano Vilfredo Pareto explicó hace más de un siglo que las sociedades no eliminan las élites; simplemente cambian quién las compone. A este proceso lo llamó circulación de las élites. Según Pareto, las revoluciones y los grandes cambios políticos rara vez destruyen las estructuras de poder existentes. Lo que ocurre, en la mayoría de los casos, es que una élite que se desgasta o pierde legitimidad es reemplazada por otra que emerge con un nuevo discurso, nuevas alianzas y nuevas formas de legitimarse ante la sociedad.

La literatura política también ha ilustrado esta idea con gran claridad. En ‘Rebelión en la granja’, George Orwell narra cómo los animales se levantan contra el granjero humano para construir una sociedad basada en la igualdad. Sin embargo, con el paso del tiempo, los cerdos terminan convirtiéndose en la nueva élite dominante de la granja. La revolución no elimina la jerarquía, simplemente cambia a quienes la encarnan.

Algo similar parece ocurrir en muchas democracias contemporáneas y, Colombia no es la excepción. En cada elección surgen movimientos que se presentan como una alternativa frente al establecimiento. Denuncian a las élites tradicionales, prometen abrir el sistema político y aseguran que representarán a quienes históricamente han estado excluidos del poder. Sin embargo, una vez llegan al gobierno, esos mismos movimientos deben adaptarse a las dinámicas del Estado, negociar con los actores existentes y construir sus propias redes de poder.

El resultado suele ser menos disruptivo de lo que prometían las campañas. Nuevos liderazgos ocupan los cargos, nuevas coaliciones se forman y nuevos discursos dominan la agenda pública, pero la lógica del poder —las alianzas políticas, la competencia entre élites y la disputa por el control del Estado— permanece relativamente estable.

Las próximas elecciones en Colombia probablemente volverán a presentarse como un momento decisivo de cambio. Y, en cierto sentido, lo serán: cada elección redefine quién gobierna y qué coaliciones dirigen el país. Pero conviene recordar la advertencia de Pareto y la metáfora de Orwell. Muchas veces, lo que llamamos cambio no es la desaparición de las élites, sino su renovación.

En política, como en la granja de Orwell, las caras pueden cambiar. La estructura del poder, en cambio, suele ser mucho más resistente.

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