

Colombia enfrenta una coyuntura económica particularmente compleja. A los desafíos estructurales de productividad y competitividad se suman tres factores que pueden determinar el comportamiento de la economía durante los próximos años: un déficit fiscal elevado, un peso fuertemente revaluado y una creciente incertidumbre energética.
Cada uno de estos problemas representa un desafío. Pero lo verdaderamente preocupante es la interacción entre ellos.
El primer frente es el déficit fiscal. Un Estado con necesidades crecientes de gasto y un espacio fiscal reducido tiene menos capacidad para responder ante una desaceleración económica, financiar infraestructura, impulsar la productividad o enfrentar una eventual emergencia energética. Además, mayores necesidades de financiamiento pueden elevar el costo del crédito y reducir el espacio disponible para la inversión privada.
El segundo problema es la revaluación del peso.
Una moneda fuerte puede ser positiva cuando es consecuencia de mayor productividad, inversión y capacidad exportadora. Pero cuando se aprecia mientras la productividad y las exportaciones no crecen al mismo ritmo, puede convertirse en un problema de competitividad.
Los resultados recientes son una señal de alerta. Colombia creció 3,5 % en el segundo trimestre de 2026 y acumuló un crecimiento de 2,9 % durante el primer semestre. Sin embargo, las exportaciones apenas crecieron 0,3 %, mientras las importaciones aumentaron 5,6 %.
Esto significa que el crecimiento está dependiendo en buena medida de la demanda interna, mientras las importaciones están ganando terreno frente a la producción nacional.
Para nuestros exportadores, el problema es evidente. Si una empresa recibe menos pesos por cada dólar exportado, pero sus costos laborales, energéticos, logísticos y financieros continúan aumentando, sus márgenes se reducen. Y Colombia no compite sola: nuestros productos enfrentan en los mercados internacionales a países con estructuras de costos que pueden resultar más competitivas.
El tercer frente es quizás el más estratégico: la crisis energética.
Una economía que aspira a industrializarse, aumentar sus exportaciones y generar empleo necesita energía abundante, confiable y competitiva. Colombia enfrenta dificultades en el abastecimiento de gas natural y retrasos en proyectos de generación y transmisión eléctrica. A esto se suma el riesgo climático, que puede afectar la generación hidroeléctrica y aumentar la necesidad de generación térmica.
La combinación puede ser especialmente peligrosa: déficit fiscal + peso revaluado + energía costosa = menor margen para crecer y competir.
El empresario colombiano puede terminar enfrentando simultáneamente mayores costos y menores ingresos en pesos por sus exportaciones. Esto puede desestimular la inversión, reducir la producción y afectar el empleo.
Además, si las importaciones continúan creciendo mucho más rápido que las exportaciones, una parte creciente de la demanda de los colombianos terminará financiando producción y empleo en otros países.
El riesgo, entonces, no es solamente crecer menos. Es perder capacidad productiva y competitiva mientras mantenemos un crecimiento basado principalmente en consumo y gasto.
Colombia necesita enfrentar esta coyuntura con una estrategia integral. La prioridad debe ser recuperar el equilibrio fiscal, garantizar seguridad energética, aumentar la productividad, fortalecer la infraestructura y crear condiciones para que las empresas puedan competir internacionalmente.
No se trata de defender artificialmente un dólar alto ni de combatir la fortaleza del peso. Se trata de evitar que la revaluación ocurra mientras nuestra productividad, nuestras exportaciones y nuestra capacidad industrial avanzan más lentamente.
Una moneda fuerte es una ventaja cuando está respaldada por una economía fuerte.
Pero si tenemos déficit fiscal, exportaciones débiles, importaciones crecientes, energía costosa y pérdida de competitividad, el peso fuerte puede terminar convirtiéndose en una debilidad.
Colombia tiene que decidir qué quiere fortalecer: el precio de su moneda o la capacidad productiva de su economía.
Porque al final, la verdadera fortaleza de un país no se mide por cuántos pesos cuesta un dólar, sino por su capacidad de producir, exportar, generar empleo y competir exitosamente en el mundo.
El desafío que tenemos por delante no es menor: ordenar las finanzas públicas, garantizar la energía y recuperar la competitividad antes de que estos tres factores terminen limitando nuestro crecimiento.
La entrada Déficit fiscal, peso revaluado y crisis energética: ¡la coyuntura que Colombia tendrá que enfrentar! se publicó primero en Boyacá 7 Días.











0 comentarios