
Vivimos una campaña atípica para elegir el próximo alcalde de Tunja. Sin embargo, lo verdaderamente atípico no debería ser la fecha de las elecciones, sino la forma en que estamos entendiendo la política.
Cada día resulta más frecuente encontrar en las redes sociales publicaciones, comentarios y perfiles falsos dedicados exclusivamente a atacar la vida privada de quienes participan en la contienda política. Se “investiga” la intimidad de las personas, se involucra a sus familias y se difunden señalamientos que poco o nada tienen que ver con el verdadero propósito de una elección democrática.
Como administrador público territorial, considero que el control ciudadano y el escrutinio son pilares de la democracia. Quien aspira a ejercer un cargo público debe responder por sus decisiones, por su trayectoria, por sus propuestas y por la manera en que pretende administrar los recursos públicos. Ese debate no solo es válido, sino necesario.
Lo que no fortalece la democracia es convertir la vida íntima en un escenario de confrontación política. La familia no debería ser utilizada como arma electoral. La dignidad de las personas no puede depender de la intensidad de una campaña. Y las diferencias ideológicas jamás deberían justificar el odio, la descalificación o la difamación.
Me preocupa que hoy dediquemos más tiempo a encontrar errores personales que a discutir cómo mejorar la seguridad, generar empleo, fortalecer la educación, recuperar el espacio público, impulsar el desarrollo económico o construir una visión de ciudad para las próximas generaciones.
Las redes sociales, que nacieron para acercar a las personas, hoy muchas veces terminan amplificando la agresión y el anonimato. Detrás de perfiles falsos es fácil destruir reputaciones; mucho más difícil es construir una propuesta seria para resolver los problemas de Tunja.
La ciudadanía merece una campaña de ideas, no una competencia de escándalos. Merece conocer programas de gobierno, contrastar soluciones, escuchar argumentos y decidir con libertad, no bajo el ruido de la desinformación o el ataque permanente.
Al finalizar las elecciones, los candidatos volverán a ser ciudadanos y los seguidores continuaremos compartiendo los mismos barrios, las mismas calles y los mismos desafíos. La ciudad seguirá necesitando diálogo, confianza y capacidad para trabajar en equipo. El odio sembrado durante una campaña difícilmente desaparecerá al día siguiente de las urnas.
Por eso hago una invitación respetuosa a todos los actores políticos, a sus equipos, a quienes participan en las redes sociales y, especialmente, a la ciudadanía.
Elevemos el nivel del debate. Defendamos nuestras posiciones con argumentos, no con ofensas, con propuestas, no con ataques personales, con respeto, no con odio.
Tunja merece una política que inspire confianza y una ciudadanía que exija altura en el debate. Porque cuando la política invade la vida privada, no pierde un candidato, pierde la democracia.
La entrada Cuando la política invade la vida privada, la democracia pierde – #ColumnistaInvitado se publicó primero en Boyacá 7 Días.





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