Bill Gates dice que solo tres trabajos van a sobrevivir a la IA. Pero hay un cuarto que se le olvidó mencionar en serio

jueves 14 de mayo de 2026, 11:00 am

El mensaje de Gates no es ni pesimista ni triunfalista, es práctico. Si está pensando qué estudiar, qué carrera tomar o cómo prepararse para los próximos 10 años, su consejo es claro: ubíquese donde la IA todavía no llega bien.

Bill Gates afirma que la biología, la energía y la programación son los tres únicos sectores que la inteligencia artificial no podrá reemplazar en el corto y mediano plazo. Foto:  Alex Welsh for The New York Times
Bill Gates afirma que la biología, la energía y la programación son los tres únicos sectores que la inteligencia artificial no podrá reemplazar en el corto y mediano plazo. Foto:  Alex Welsh for The New York Times

Bill Gates lleva 50 años acertando en las predicciones tecnológicas. En 1980 dijo que iba a haber un computador en cada casa cuando casi nadie tenía uno. En 1999 escribió que íbamos a tener celulares con acceso a internet, asistentes virtuales y pagos digitales. Hoy, todo eso es la vida normal de cualquiera.

Por eso, cuando este hombre dice algo sobre el futuro del trabajo, vale la pena escucharlo. Y lo que acaba de decir es duro: solo tres profesiones van a sobrevivir al avance de la inteligencia artificial.

La afirmación la hizo el cofundador de Microsoft en una entrevista con el profesor de Harvard Arthur Brooks a comienzos de este año, y la ha repetido varias veces desde entonces en programas como ‘The Tonight Show’ de Jimmy Fallon y en conversaciones con medios internacionales. Su mensaje central es claro: la IA va a reemplazar a los humanos en la mayoría de las tareas. Pero hay tres áreas donde, al menos por ahora, los humanos siguen siendo irreemplazables.

La primera es la biología. Gates argumenta que los avances científicos más importantes de la humanidad surgen de una mezcla de intuición, creatividad y saltos lógicos que la IA no puede dar todavía. Una máquina puede analizar millones de datos sobre cómo se comporta una célula, pero no puede formular la hipótesis original que abre un nuevo campo de investigación. Esa chispa, esa capacidad de imaginar «qué tal si…» sigue siendo profundamente humana.

La segunda es la energía. Acá Gates tiene un interés personal: lleva años invirtiendo miles de millones de dólares en energía nuclear de nueva generación a través de su empresa TerraPower. Pero más allá de su negocio, su argumento es sólido: la gestión de redes eléctricas, la transición a fuentes limpias y la respuesta a crisis energéticas requieren decisiones éticas y técnicas que ningún algoritmo puede tomar solo.

La tercera es la programación y desarrollo de inteligencia artificial. Aunque suene contradictorio (la IA ya escribe código mejor que muchos programadores junior), Gates insiste en que los humanos seguirán siendo necesarios para diseñar, supervisar, depurar y mantener los sistemas de IA. Las máquinas pueden generar código, pero no pueden todavía pensar de forma original sobre arquitectura, seguridad o ética computacional.

El cuarto trabajo que Gates mencionó casi de pasada

Hay un detalle que pocos medios están contando. En el programa de Jimmy Fallon, Gates agregó un cuarto sector que considera blindado contra la IA: los deportistas profesionales. Lo dijo medio en broma, pero el punto es serio. «Como el béisbol», explicó. «No vamos a querer ver computadores jugando béisbol«.

Esa frase, aunque parezca trivial, tiene una capa más profunda. Lo que Gates está diciendo es que hay actividades humanas cuyo valor no está en el resultado sino en el proceso. No nos importa quién corra más rápido, nos importa ver a un ser humano esforzándose por correr más rápido. Una máquina perfecta no nos emociona. Nos aburre.

Y ahí, sin darse cuenta del todo, Gates dijo algo más grande de lo que parece: todas las profesiones que requieren conexión humana real, presencia física, vulnerabilidad y autenticidad podrían estar también, en cierta medida, protegidas. Un profesor que mira a sus alumnos a los ojos. Una enfermera que toma la mano de un paciente. Un peluquero que conoce los gustos de sus clientes. Un cocinero que sirve un plato con historia.

La IA puede hacer mejor muchas tareas, pero no puede ser humana mientras lo hace. Esa diferencia, en un mundo cada vez más automatizado, podría volverse el verdadero diferencial profesional.

El mensaje de Gates no es ni pesimista ni triunfalista, es práctico. Si está pensando qué estudiar, qué carrera tomar o cómo prepararse para los próximos 10 años, su consejo es claro: ubíquese donde la IA todavía no llega bien. La biología, la energía y el desarrollo de IA son los tres sectores técnicos más seguros. Pero también lo son todas las profesiones donde el contacto humano es el corazón del oficio.

La inteligencia artificial va a transformar todo, pero no todo lo que importa cabe en un algoritmo. Y mientras los humanos sigamos necesitando que otros humanos nos miren, nos toquen, nos cuiden y nos emocionen, va a haber trabajo. Diferente, pero trabajo.

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