Si usted creía que las estafas eran un correo mal escrito de un «príncipe nigeriano» que le dejó una herencia, póngase al día. Los delincuentes de 2026 tienen herramientas mucho más finas, y casi todas funcionan con inteligencia artificial.

La primera, la más nueva y la estafa que casi nadie conoce, es la del código QR. Hasta tiene nombre técnico: «quishing».
Imagínese que ve un carro en venta con un papelito pegado en el vidrio. Dice que el vehículo tiene un comparendo y que ahí mismo, escaneando el código QR, puede pagar la multa con descuento. Usted escanea, lo lleva a una página que parece la del banco, mete sus datos, y listo: le acaban de robar la información bancaria.
Esa modalidad ya tiene decenas de casos reportados en Colombia, según El Tiempo. Los delincuentes pegan códigos QR falsos encima de los verdaderos: en parquímetros, en publicidad de la calle, en restaurantes. El truco funciona porque confiamos ciegamente en los códigos QR. Una encuesta encontró que el 73 % de la gente escanea sin verificar a dónde lo lleva. El enlace va escondido dentro de la imagen, así que uno no alcanza a ver si es sospechoso hasta que ya es tarde.
La segunda ya la hemos tratado, pero sigue creciendo: la voz clonada. Con unos segundos de su voz, sacados de un video o una nota de audio, la IA crea una copia casi idéntica. Después suena el teléfono y es la voz de su hijo, llorando, pidiendo plata para una emergencia. En Colombia ya hay casos: la Policía Nacional reportó en Bolívar 64 denuncias por extorsión, 24 de ellas asociadas a voces clonadas.

La tercera son los videos falsos, los deepfakes. Videos donde aparece un funcionario o un familiar diciendo cosas que nunca dijo, usados en videollamadas para pedir transferencias. Un reporte reveló que el 85 % de las empresas sufrió al menos un incidente con deepfakes en el último año.
¿Por qué de repente hay tantas estafas y tan bien hechas? Por la inteligencia artificial. Antes, el estafador escribía cada correo a mano, con sus errores de ortografía que lo delataban. Hoy la IA le genera millones de mensajes perfectos por minuto. Los expertos lo llaman una «atarraya virtual»: tiran la red enorme y algo cae.
Ahora, lo importante: cómo defenderse. No se necesita ser ingeniero, solo tres costumbres nuevas.
Con los códigos QR: desconfíe de cualquiera pegado en la calle, en un carro o en un afiche. Antes de meter datos bancarios, mire bien la dirección de la página. Y nunca pague una «multa» por un QR que se encontró pegado por ahí; eso se paga en los canales oficiales.
Con las llamadas: si lo llaman con una emergencia pidiendo plata, cuelgue y llame usted mismo al número real de esa persona. Y lo más efectivo: acuerde con su familia una palabra secreta que no esté en redes sociales. Si llaman pidiendo dinero y no la saben, es estafa.
Con todo en general: si algo le genera urgencia o lo apura para actuar ya mismo, sospeche. Esa prisa es el arma principal del estafador. Respire, cuelgue, verifique. Diez segundos de calma le pueden salvar los ahorros de toda una vida.
La tecnología avanza, y los delincuentes con ella. Pero hay algo que no cambia: el estafador necesita que usted confíe y actúe rápido. Si le quita esas dos cosas, se queda sin negocio.
Desconfiar a tiempo ya no es ser malpensado. Es cuidarse. Y cuidar también a los papás y abuelos de la casa, que son los que más caen, contándoles todo esto. Porque la mejor defensa contra una máquina que engaña sigue siendo una familia que se avisa.
Redacción Tecnología / IA
La entrada La nueva camada de estafas con inteligencia artificial: ahora le roban hasta con un código QR pegado en el carro se publicó primero en Boyacá 7 Días.



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