
En Boyacá seguimos dando debates intensos sobre seguridad, empleo, gestión pública. Y son necesarios. Pero hay una realidad más profunda, más silenciosa y más determinante que no estamos enfrentando con la misma seriedad: la fragilidad emocional de nuestras familias.
No es una percepción. Es una realidad. En Colombia más de 28.000 personas intentaron suicidarse en el 2025, y en más de un tercio de los casos el detonante fue el conflicto familiar. Es decir, el lugar que debería ser refugio, hoy se está convirtiendo lamentablemente en el origen del dolor.
Y esto no ocurre porque las personas no quieran amar. Ocurre porque están agotadas. Agotadas por la presión económica, agotadas por la incertidumbre, agotadas por una vida que exige cada vez más y acompaña cada vez menos. Porque no se puede hablar de estabilidad emocional en hogares que aún enfrentan condiciones de pobreza o vulnerabilidad. En Colombia más de cinco millones de personas siguen viviendo en pobreza multidimensional. Esa realidad no es abstracta: se vive en la mesa, en el silencio, en la tensión diaria de miles de familias.
Antes, las familias se sostenían por tradición, por deber o por necesidad. Hoy deben sostenerse por comunicación, por equilibrio emocional, por corresponsabilidad. Y ahí está el quiebre: nadie nos enseñó a sostener relaciones en medio del ritmo actual.
Estamos viviendo una transición silenciosa. Pasamos de familias obligadas a familias elegidas. Pero no construimos las herramientas para que esas elecciones sean sostenibles. Cada vez menos personas creen en la estabilidad de largo plazo: los matrimonios vienen disminuyendo en el país, reflejando un cambio profundo en la forma de construir familia.
El resultado es evidente: más conflictos, más distancia, más ansiedad. Y no es un fenómeno aislado. En Colombia las muertes asociadas a trastornos mentales se han multiplicado de forma alarmante en las últimas décadas, evidenciando que estamos frente a una crisis emocional estructural, no coyuntural.
Y cuando la familia se debilita, no solo pierde el hogar. Se debilita la comunidad. Se rompe la confianza. Se tensiona la sociedad. Hay una verdad incómoda que debemos asumir sin rodeos: una sociedad con familias emocionalmente fracturadas es una sociedad más vulnerable, más desconfiada y más difícil de sostener.
Por eso esta no es una discusión privada. Es una discusión pública.
No se trata de defender modelos ideales de familia. Se trata de fortalecer a las familias reales: las que enfrentan infidelidades, dificultades económicas, las que están encabezadas por una madre o un padre que hacen el doble esfuerzo, las que intentan reconstruirse después de una ruptura, las que, a pesar de todo, siguen intentando salir adelante.
Y eso no se logra con discursos. Se logra con decisiones. Necesitamos llevar la educación emocional a los colegios. Necesitamos retomar las redes de apoyo en barrios y veredas que vuelvan a conectar a las personas. Necesitamos acceso cercano a la salud mental, no solo en los hospitales, sino en la comunidad. Necesitamos entender que sin tiempo compartido no hay vínculo que resista.
Y también necesitamos mirar el futuro con seriedad. Colombia, nuestra Boyacá está envejeciendo, y cada vez más familias tendrán que asumir cargas de cuidado de los mayores sin el acompañamiento suficiente. Si hoy no fortalecemos el núcleo familiar, mañana enfrentaremos una presión social aún más compleja.
Boyacá ha sido históricamente tierra de comunidad, de palabra, de cercanía. Ese es nuestro mayor activo. Pero incluso aquí, ese tejido empieza a tensarse. Y si no actuamos ahora, lo que hoy es una alerta silenciosa mañana será una crisis visible.
Fortalecer la familia no es volver al pasado. Es prepararnos para el futuro. Un futuro donde el desarrollo no se mida solo en cifras, sino en algo más profundo: la capacidad de convivir sin rompernos.
Porque al final, la pregunta no es si las familias están cambiando. La pregunta es si vamos a estar a la altura de ese cambio. Y esa respuesta mi estimado lector, nos guste o no, no es solo personal.
Es política.
La entrada Boyacá no se está rompiendo por la política: se está rompiendo por dentro se publicó primero en Boyacá 7 Días.


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