
Una de las grandes preocupaciones de las universidades consiste en enfrentarse a los resultados de las Pruebas Saber Pro. Para ello, las instituciones organizan talleres y simulacros que buscan preparar a los estudiantes. Sin embargo, aunque esos esfuerzos son loables y hacen parte de una pedagogía problémica, el verdadero meollo, como ha dicho Julián de Zubiría en distintas oportunidades, es que somos un país que ha perdido muchísimos años en su escolaridad: somos ineficaces en lectoescritura.
El gran fracaso de la educación radica precisamente en eso: en no saber leer y no saber escribir. Y lo más grave es que, con el paso del tiempo, esta deficiencia tiende a agudizarse. Hoy, con el auge de la inteligencia artificial, se le pide a la tecnología que interprete lecturas y redacte textos. Encomendarle estas tareas a la IA no es otra cosa que pedirle que piense por nosotros. La interpretación, al contrario, es una apuesta por pensar por sí mismos.
Si las universidades desean obtener resultados satisfactorios en las pruebas de Estado, primero deben aceptar que la lectura es más necesaria que nunca. Gracias a ella podemos hacernos preguntas y, gracias a esas preguntas, somos capaces de escribir. Muchos han dicho que, para poder escribir, primero hay que leer.
Recuerdo que hace muchos años un profesor a quien aprecio, Juan Medina, repetía constantemente: “Lectura y escritura, lectura y escritura, todos los días”. Mi profesor decía que solo se puede escribir cuando se ha leído tanto que se necesita empezar a dialogar con los escritores leídos. Tal vez por eso hay un fracaso en la escritura dentro de nuestra educación: porque no hemos tenido la experiencia previa y necesaria de leer.
También debemos quitarnos el prejuicio de que leer es un acto aburrido o que los estudiantes solo son capaces de comprender videos cortos o infografías. Leer es un gimnasio mental en el que, como lo ha dicho Richard Rorty, se activan partes del cerebro que solo la lectura puede despertar. Quienes leen con frecuencia habrán experimentado que en la lectura hay un acto creativo: a medida que uno va leyendo, también va creando.
Ojalá que las universidades, más allá de los simulacros, motiven a la comunidad académica a leer. Que no sea extraño encontrar a un profesor leyendo en una banca, ni que se cuestione por qué no está frente a una pantalla llenando formularios. Que, si vemos a un estudiante recostado en el pasto leyendo un libro, no pensemos que es un desocupado. Ojalá no tengamos que escondernos para leer, sino que leer haga parte de la vida universitaria.
Solo así será posible mejorar los resultados en las pruebas de Estado (aunque esto sea lo que menos debería preocuparnos). Si hay lectura, los buenos resultados se reflejarán por sí mismos.
Por último, la lectura nos permite conversar con nosotros mismos y sostener diálogos más ricos y profundos con los demás. La complejidad de los textos también nos ayuda a responder a los problemas del mundo, como propone Martha Nussbaum en su libro ‘Sin fines de lucro’: al concebirnos como ciudadanos del mundo, nos volvemos capaces de trascender las lealtades nacionales.
Ojalá vuelvan a verse libros de papel que nos desconecten de las pantallas. Que tengamos libros que, aunque también nacen de los árboles, den frutos más valiosos que la simple adicción a las redes sociales. Ojalá que los libros vuelvan a ser compañía, objetos con los cuales ocuparnos. Las cosas nos piden que nos ocupemos de ellas, y qué mejor que hacerlo con los libros y poder vivir entre ellos. Una vida así, parece, es una vida bella y hermosa, como lo planteó Rilke en ‘Cartas a un joven poeta’.
La entrada Sin lectura no solo fracasaremos en las pruebas saber pro se publicó primero en Boyacá 7 Días.
![[Infografía] ¿Cuáles son los países con la mayor y menor libertad de expresión en la región?](https://www.ondasdelporvenir.com/wp-content/uploads/2026/03/1000002990-aqow2I-1080x675.jpg)










0 comentarios