
Dicen por ahí, que el tiempo vuela cuando uno disfruta y ama lo que hace, y hoy, al celebrar estos primeros 30 años de servicio en la Universidad Santo Tomás Seccional Tunja, confirmo que no solo ha volado: ha dejado una huella profunda. Miro atrás y veo historias, rostros y aprendizajes que, honestamente, jamás cabrían en una hoja de cálculo.
Comencé mi camino en la Santoto Tunja cuando todo se hacía a mano y los archivos llenaban estantes enteros. Es cierto que la tecnología ha transformado nuestras oficinas, pero hay algo que permanece siempre: la esencia del servicio. Mi labor, me enseñó que mi escritorio no es solo para hacer trámites, es en realidad un puente para los demás.
Casi siempre se cree que la educación solo pasa entre el profesor y sus alumnos en el aula, pero tras tres décadas de camino, puedo decir que la educación también se construye en una oficina, se nota en la empatía al tramitar una matrícula, en el orden de cada proceso y, sobre todo, en esa sonrisa con la que recibimos a quien llega buscando apoyo, ya sea un alumno, un padre de familia, o un docente, etc.
Nosotros somos quienes guardamos la memoria de la institución. He visto durante este tiempo entrar jóvenes con miedo y temores y, años después, salen convertidos en profesionales llenos de gratitud. He visto crecer esta Seccional y adaptarse a todo, y la verdad me llena de orgullo de ser parte de ese motor todo el tiempo.
Estar en el día a día de esta universidad me ha enseñado que el éxito de un proceso no nace de un sello o una firma, sino de la voluntad de las personas. He aprendido que un “buenos días” sincero o un “cuenta conmigo” tiene tanto profesionalismo como el trámite más difícil.
Llegar hasta aquí no ha sido solo cuestión de tiempo, sino de lealtad diaria. En este recorrido confirmé que la verdadera fortaleza administrativa nace de la paciencia, el orden y la calidez humana que transforma cualquier gestión en algo valioso. No es solo llegar a la meta, es cómo decidimos caminarla cada día.
Hoy, al celebrar este aniversario, no miro el reloj esperando que termine el día, lo miro con la emoción de quien sabe que cada minuto cuenta, hecho un vistazo atrás con una gratitud inmensa por esos compañeros que la vida convirtió en familia y miro hacia adelante con la satisfacción del deber cumplido y el entusiasmo de lo que está por venir; porque servir a la Santoto Tunja desde la administración ha sido, y sigue siendo sin duda, la mejor carrera de mi vida.
Me siento afortunada de que mi trayectoria no se cuente en números, sino en vida compartida.
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