
La propuesta de la Dimayor de implementar un torneo Sub-23 a partir de 2026 abre un
debate necesario sobre uno de los puntos más sensibles del fútbol profesional colombiano:
la falta de competencia regular para los jugadores que superan la etapa juvenil, pero que aún no logran consolidarse en las nóminas titulares de los equipos profesionales.
En el rango de edad entre los 20 y 23 años, numerosos futbolistas quedan relegados a un
segundo plano. Son jugadores que ya cuentan con contrato profesional, entrenan de forma
permanente con el primer equipo y hacen parte del proyecto deportivo de los clubes, pero
que, por razones competitivas, estructurales o presupuestales, disponen de escasos minutos
en torneos oficiales. Esta realidad impacta directamente su proceso de maduración
futbolística y limita el aprovechamiento del talento que el sistema formativo produce año
tras año.
El planteamiento de un campeonato Sub-23 con la participación de los 36 clubes afiliados a
la Dimayor, distribuidos en fases de grupos zonales, responde a una lógica organizativa que
busca equilibrio entre desarrollo deportivo y sostenibilidad económica. La competencia
regular, con calendario definido y partidos oficiales, permitiría ofrecer un entorno adecuado
para que estos jugadores mantengan ritmo, continuidad y evaluación permanente.
Desde el punto de vista estructural, el torneo Sub-23 puede convertirse en un eslabón clave
dentro del modelo de desarrollo del fútbol colombiano, especialmente ante la ausencia de
una tercera división profesional consolidada que funcione como instancia de transición
entre las divisiones menores y el fútbol de alto rendimiento. En ese sentido, la iniciativa
apunta a cerrar una brecha histórica en el proceso de formación y consolidación del jugador
profesional.
No obstante, el impacto real de este campeonato dependerá de su implementación. Para que
el torneo Sub-23 cumpla su propósito, deberá ser integrado de manera efectiva a los
proyectos deportivos de los clubes. Su valor no estará únicamente en la cantidad de partidos
disputados, sino en la forma en que los cuerpos técnicos y las direcciones deportivas
utilicen esta competencia como herramienta de seguimiento, evaluación y proyección hacia
el primer equipo.
Para regiones como Boyacá, este torneo representa una oportunidad relevante. La
posibilidad de contar con un escenario competitivo para futbolistas Sub-23 puede fortalecer
los procesos regionales, dar continuidad a proyectos formativos y evitar la deserción
temprana de jóvenes talentos que, por falta de minutos, terminan abandonando el fútbol
profesional.
La entrada Más minutos, más oportunidades: el reto del Torneo Sub-23 en el fútbol profesional colombiano – Luis Francisco Lagos #Columnista7días se publicó primero en Boyacá 7 Días.











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