El rescate de una reliquia – Gustavo Núñez Valero #CrónicasYSemblanzas

domingo 22 de marzo de 2026, 7:00 am

Un video aparecido el 10 de agosto de 2025 en la cuenta de Facebook de Ronal Malagón revivió mis recuerdos de infancia. A Ronal no lo conozco, pero a menudo miro sus publicaciones porque muestran paisajes y escenas del acontecer de la provincia de Márquez y del Valle de Tenza, zona circundante a Úmbita, mi pueblo natal. Ese testimonio visual, según él lo aclara, no es de su autoría sino de alguien identificado como Tobo Jiménez. En este se registra un acontecimiento en el parque de Tibaná, en la mitad del mismo costado donde está situado el templo parroquial. Del garaje de una amplia casona es sacado y colocado en una grúa un oxidado y destartalado bus.

Al instante lo reconocí. Se trata de un vehículo “muchilero” en el que viajé numerosas veces. Su propietario era un hombre alto, delgado, vestido con traje de paño o dacrón, por lo general de colores grises y oscuros. Lucía siempre un sombrero de fieltro. Se llamaba Manuel León, pero todos lo conocían con el sobrenombre de “El Pescado”. Además de conducir su bus, administraba la agencia de Transportes La Macarena y una tienda en el primer piso de su residencia.

Las imágenes me trasladaron al periodo 1959-1966, tránsito de mi infancia a la juventud, época de emociones plácidas, fértil en lo intelectual y profusa en sueños y fantasías.

El bus en el garaje donde permaneció guardado por varios años. Foto: Tobo Jiménez

Yo vivía con mis padres en Úmbita. Mientras cursaba la primaria, participaba en las actividades de mi familia. Viajaba con mi padre a Tunja, a donde debía trasladarse con frecuencia, tanto a presentar sus informes del cargo de oficial de estadística del municipio, como a comprar materiales para desarrollar sus actividades artísticas de pintura y escultura. Con mi madre me desplazaba, en tiempo de vacaciones escolares, los sábados a Chinavita, los lunes a Turmequé y los martes a Tibaná; ella hacía esos viajes para aprovisionarse de mercado de grano, frutas y verduras que requería en su pequeño restaurante, en donde tomaban la alimentación el juez y su secretario, el recaudador de rentas departamentales, los agentes de policía y varios profesores.

Manuel León, a quien conocí en Tibaná, extrañamente bautizó su bus con un nombre femenino: “La Gitana”.

El bus sobre la grúa frente a la iglesia de Tibaná. Foto: Tobo Jiménez

Mi coterráneo y coetáneo Antonio Daza Sarmiento, un conocedor profundo del transporte de pasajeros en Colombia, me dijo que ese bus, de seis ventanas, 31 sillas y una amplia bodega trasera, es un Ford F-600, modelo 1955, chasis corto, importado de los Estados Unidos. 

—Lo compró para prestar el servicio de “muchileo” en Tibaná, Turmequé y Úmbita.

Manuel León mantenía una estrecha amistad con uno de los hermanos de mi madre, Efraín Valero. Por eso, mis padres frecuentaban su negocio en Tibaná y en ocasiones lo contrataban para que trasladara en expreso a nuestra familia y a otros umbitanos a Chiquinquirá, a cumplir promesas a la Virgen y a Tunja, a presenciar los desfiles de carrozas del Aguinaldo Boyacense.

“La Gitana” debió transitar por vías en mal estado de conservación, consecuencia del abandono gubernamental y de las inclemencias del tiempo. No eran carreteras sino trochas que ponían en peligro la vida de quienes las recorrían.  Claro que en los últimos 60 años la situación se ha mantenido igual, según lo testifica el médico y abogado José Miguel Gaona Rodríguez.

Parque de Tibaná. Foto: Tobo Jiménez

—Recorrí con mi esposa, haciendo rural en San Luis de Gaceno, esas trochas en buses de la Valle de Tenza y La Macarena, que se alternaban diariamente en jornadas de entre seis y siete horas en 1980. A la fecha no ha cambiado nada. Es triste andar por la trocha de Turmequé a Jenesano, en las goteras de Tunja, con el gobierno central en sus narices.

Un desplazamiento en el bus de Manuel León no era confortable porque carecía de calefacción, de sillas reclinables, de cojinería acolchada, de radio, de televisor y de baño. En verano el polvo se filtraba por todos los resquicios y dejaba rucios a los pasajeros. En invierno, los deslizamientos de tierra bloqueaban la vía durante varios días y tornaban lisas las calzadas, lo que generaba riesgo de accidentes. De todas maneras, gracias a la pericia, intrepidez y buena voluntad del conductor se llegaba al destino previsto.

Este vehículo facilitó el desplazamiento de los habitantes de Tibaná, Turmequé y Úmbita. Se constituyó en un instrumento de apoyo al desarrollo de las actividades regionales y alivió las penalidades de comunidades trabajadoras, alejadas de la comodidad de los centros urbanos, dotados estos de vías pavimentadas y servicio de transporte continuo.

Parque de Úmbita. Foto: Gustavo Núñez Valero

Esa oleada de remembranzas generada por el video me hizo recordar que en medio de dificultades y limitaciones creció una generación forjada por el sacrificio, el tesón y la fortaleza espiritual de sus antepasados. Aquellas virtudes las vi en mis padres. Recuerdo a mi madre constante, esforzada y valiente, sometiéndose a las inclemencias de recorridos extenuantes como los que realizaba de Tibaná a Úmbita, cubriendo un primer tramo en “La Gitana” por una carretera desbaratada e imposible hasta el sitio denominado la Laguna, jurisdicción de Tibaná y, luego, de allí hasta el casco urbano de Úmbita, transitando a pie una distancia de 12 kilómetros,  cargando, sobre sus hombros y espalda, canastos y talegos que contenían alimentos y artículos de aseo del hogar y de su negocio. La vi sudar copiosamente, pero nunca le escuché una queja frente a cualquier escollo y mucho menos vi lágrimas en sus mejillas al enfrentar contratiempos o reveses. Todo lo contrario, fui testigo de su laboriosidad y arrojo. También recuerdo a mi padre defendiendo, a través de su comportamiento, principios y valores morales, dando lecciones de coherencia en el actuar. Desde luego, personas como ellos y como Manuel León dejaron una impronta de constancia, astucia, habilidad, emprendimiento y servicio a los demás.

Y en ese fluir de recuerdos provocados por el documento visual que fortuitamente encontré en las redes sociales, apareció una rareza para aquel momento: la convivencia pacífica en esta región de Boyacá. A pesar de que Úmbita se caracterizaba por ser un pueblo de abrumadora mayoría de militantes del partido conservador y los municipios vecinos, por el norte y el nororiente, Turmequé y Tibaná, eran de absoluta mayoría liberal, no había sectarismo y no se recuerdan enfrentamientos por razones políticas. Siempre ha existido convivencia, permanente intercambio comercial y colaboración incondicional.

Parque de Turmequé. Foto: Diego Peña, Oficina de Prensa Gobernación de Boyacá.

Según se anota en el video, fue una persona radicada en Tunja quien rescató esta que, sin duda, es una reliquia del transporte colombiano. Ojalá, pronto la podamos ver restaurada, con colores relucientes, para tenerla como recordación de la tenacidad de los boyacenses y de la hermandad entre Úmbita, Tibaná y Turmequé.

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