Cuando la gasolina cara es una buena noticia para Colombia – Cristian Morales Reyes #ColumnistaInvitado

domingo 29 de marzo de 2026, 9:00 am

Cada vez que el precio del petróleo sube en el mundo, la reacción automática suele ser de preocupación. En Estados Unidos y en Europa esto se traduce casi de inmediato en el bolsillo de los ciudadanos: la gasolina aumenta en cuestión de días y el debate público gira en torno al costo de vida, la inflación y los riesgos económicos de las crisis geopolíticas.

La reciente tensión en el estrecho de Ormuz —uno de los corredores energéticos más importantes del planeta— volvió a demostrarlo. Las amenazas de cierre por parte de Irán y la escalada militar en Oriente Medio dispararon los precios internacionales del crudo y, con ellos, el precio del combustible en varias economías occidentales.

Sin embargo, en Colombia la situación parece, al menos en el corto plazo, paradójica. Mientras en otras partes del mundo el alza del petróleo se percibe como una mala noticia, aquí puede interpretarse como algo relativamente positivo.

La razón principal es estructural: Colombia no es un gran consumidor de petróleo en términos globales, pero sí es un país exportador de crudo. Esto significa que cuando el precio internacional del barril aumenta, el país recibe más ingresos por exportaciones petroleras, lo que fortalece las finanzas públicas y mejora el ingreso de divisas.

Ecopetrol, que sigue siendo una de las empresas más importantes del país y una fuente significativa de ingresos fiscales, se beneficia directamente de esos incrementos.

A diferencia de Estados Unidos o gran parte de Europa, donde los precios del combustible se determinan casi exclusivamente por el mercado, en Colombia existe un sistema de regulación que amortigua las fluctuaciones internacionales.

El Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles permite que los cambios en el precio del petróleo no se trasladen inmediatamente al consumidor. Esto explica por qué, incluso cuando el crudo se dispara en los mercados internacionales, el precio en las estaciones de servicio colombianas no siempre sube de forma inmediata ni en la misma magnitud.

Este mecanismo genera una especie de “desfase”: el país puede beneficiarse de un petróleo caro en términos de exportaciones mientras el impacto sobre el consumidor se diluye o se retrasa.

Por supuesto, esta aparente ventaja tiene matices. El fondo de estabilización no elimina los aumentos, solo los difiere. Cuando el precio del petróleo se mantiene alto durante mucho tiempo, el déficit del fondo crece y el Gobierno termina trasladando gradualmente esos costos al consumidor.

Lo que hoy parece una buena noticia puede convertirse mañana en un ajuste inevitable.

Pero aun con esa salvedad, la coyuntura revela una diferencia importante en la posición económica de Colombia frente al sistema energético global. Mientras muchas economías desarrolladas dependen casi totalmente de importar energía, Colombia aún conserva la ventaja —cada vez más discutida políticamente— de ser productor de petróleo.

En un mundo donde las crisis geopolíticas siguen teniendo al petróleo como protagonista, esta condición explica por qué una misma noticia internacional puede generar efectos políticos y económicos completamente distintos según el país.

Lo que en Europa se vive como una amenaza inflacionaria, en Colombia puede aparecer, al menos por un tiempo, como una oportunidad fiscal.

En otras palabras, cuando el barril sube en los mercados internacionales, la reacción natural en buena parte del mundo es preocuparse. En Colombia, en cambio, el reflejo puede ser otro: mirar el precio del petróleo y pensar que, al menos por ahora, las cuentas nacionales respiran un poco mejor.

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