Este puente festivo en Colombia continúa el 29º Festival de Astronomía en la Plaza Mayor de Villa de Leyva.

En la helada madrugada de Villa de Leyva, cuando hasta los perros dudan si ladrar o seguir dormidos, una pequeña multitud decidió hacerle frente al frío con bufandas, café y una fe casi heroica en el universo.
Turistas somnolientos, curiosos trasnochados y astrónomos perfectamente despiertos se dieron cita en la Plaza Mayor, rodeando una docena de telescopios de la Asociación de Astrónomos de Colombia (Asasac) que apuntaban, disciplinados, hacia un cielo que parecía tener otros planes.
Era el día del equinoccio, ni más ni nada menos. El tipo de evento que suena importante incluso si uno no sabe exactamente por qué.
Los expertos hablaban de planetas, alineaciones y momentos precisos, mientras los asistentes asentían con respeto, como quien escucha una receta complicada que igual no piensa cocinar.
Pero el cielo —caprichoso, coqueto, quizás un poco bromista— decidió cubrirse con una manta de nubes espesas. Ni planetas, ni estrellas, ni el más mínimo guiño cósmico.
Solo una gran pantalla gris, como si el universo hubiera dicho: “hoy no hay función”.
Hubo intentos. Muchos. Astrónomos aficionados y los expertos de Asasac ajustando sus lentes con la esperanza de que la paciencia despejara el firmamento, visitantes preguntando si “ahí sí se ve algo” y alguien, inevitablemente, sugiriendo que tal vez más tarde.
Siempre más tarde…
Y sin embargo, pasó algo curioso: nadie se fue.

Porque entre explicación y explicación, alguien aprendió qué es un equinoccio sin necesidad de verlo; entre tinto y tinto, nacieron conversaciones improbables; entre risas, el frío dejó de ser enemigo y se volvió excusa.
El amanecer, ese sí puntual y generoso, terminó robándose el espectáculo con una luz suave que pintó la plaza y las montañas de oro pálido.
Al final, los telescopios no mostraron planetas, pero la noche mostró algo mejor: que a veces el plan falla… y aun así vale completamente la pena.
Porque no todos los días uno decide madrugar para mirar el cielo, rodeado de desconocidos que terminan siendo cómplices, en uno de los paisajes más bellos del planeta.
Y aunque las nubes ganaron esta vez, el universo —sabio— dejó intacta la mejor parte: las ganas de volver a intentarlo.
La entrada Crónica de un cielo tímido: telescopios listos, nubes invitadas en Villa de Leyva se publicó primero en Boyacá 7 Días.

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