Boyacá está perdiendo su sentido de pertenencia, y ese puede ser el problema más grande que tenemos como región

lunes 6 de abril de 2026, 7:00 am

Después de recorrer gran parte del departamento de Boyacá, de escuchar a su gente, de caminar sus veredas, municipios y espacios comunitarios, he llegado a una conclusión que no es cómoda, pero sí necesaria: Boyacá está perdiendo su sentido de pertenencia, y ese puede ser el problema más grande que hoy tenemos como región.

Después de recorrer gran parte del departamento de Boyacá, de hablar con campesinos, jóvenes, comerciantes, líderes comunales, profesores, transportadores, emprendedores y ciudadanos del común; después de caminar veredas, municipios, plazas de mercado, instituciones y barrios, he llegado a una conclusión que hoy quiero convertir en reflexión y en esta importante columna de opinión:

Estamos perdiendo nuestro sentido de pertenencia.

Y por eso hoy quiero escribir esto, para que quien lo lea empiece también a generar cambios, así sea desde el hogar. Pero si quien lee tiene el poder de liderar una institución, un municipio, una organización, una empresa o un proceso social, entonces hagamos algo poderoso por recuperar ese sentido de pertenencia que es la base del desarrollo de cualquier territorio.

Porque hay algo que he entendido recorriendo el departamento:

Boyacá no está mal por falta de gente buena, ni por falta de talento, ni por falta de historia, ni por falta de riqueza cultural. Boyacá empieza a tener problemas cuando dejamos de sentir que Boyacá es responsabilidad de nosotros mismos.

El sentido de pertenencia no es ponerse la ruana en las fiestas, ni cantar el himno en los eventos, ni decir que somos la cuna de la libertad. El sentido de pertenencia es mucho más profundo: es cuidar lo público, es respetar la tierra, es participar en la comunidad, es pagar impuestos con responsabilidad, es no dañar lo que es de todos, es apoyar lo nuestro, es creer que este territorio vale la pena.

Cuando se pierde el sentido de pertenencia, pasa algo muy grave:

La gente empieza a vivir en el territorio, pero deja de construir territorio.

Y entonces aparecen los problemas:

  • La gente bota basura.
  • La gente daña los parques.
  • La gente no participa.
  • La gente solo critica.
  • La gente quiere irse.
  • La gente no cree en las instituciones.
  • La gente siente que lo público no es suyo.

Y cuando lo público no se siente propio, nadie lo cuida, nadie lo defiende y nadie lo mejora. Pero también hay que decir algo con toda la claridad:

El sentido de pertenencia no se perdió solo por culpa de la gente. También se pierde cuando los gobiernos no cumplen, cuando hay corrupción, cuando las instituciones se alejan de la ciudadanía, cuando los líderes dividen en lugar de unir, cuando la educación no forma ciudadanos sino solo estudiantes, y cuando como sociedad dejamos de hablar de valores, comunidad, cultura ciudadana y responsabilidad colectiva.

Es decir, el problema del sentido de pertenencia es un problema de todos, pero también la solución tiene que ser de todos.

Y aquí quiero dejar una reflexión muy importante desde mi visión como administrador público territorial y como persona que cree profundamente en el desarrollo desde las regiones:

Los territorios no se desarrollan primero por la plata, ni por las obras, ni por los gobiernos. Los territorios se desarrollan cuando su gente vuelve a creer en ellos.

Por eso hoy el llamado no es solo a los gobernantes, ni a los políticos, ni a los líderes sociales. El llamado es a todos:

  • A las familias, para que formen ciudadanos honestos y responsables.
  • A los profesores, para que enseñen amor por la tierra y por lo público.
  • A los líderes comunales, para que vuelvan a unir la comunidad.
  • A los jóvenes, para que crean que pueden salir adelante sin abandonar su territorio.
  • A los funcionarios públicos, para que entiendan que servir es un honor.
  • A los gobernantes, para que gobiernen con transparencia y pensando en la gente.
  • Y a cada ciudadano, para que entienda que el territorio también es su responsabilidad.

Porque recuperar el sentido de pertenencia no empieza en la Gobernación, ni en la Alcaldía, ni en una oficina. Empieza en la casa, en la cuadra, en la vereda, en la escuela, en la comunidad. Empieza cuando dejamos de decir “eso no es mío” y empezamos a decir “eso también es mi responsabilidad”.

Recuperar el sentido de pertenencia no es un discurso bonito, es una tarea colectiva. Es volver a sentir orgullo, pero también asumir compromiso. Es dejar de esperar y empezar a actuar.

Y hay que decirlo sin rodeos: Boyacá no necesita que la salven. Necesita que su gente vuelva a creer en ella.

El día que entendamos que Boyacá no es un lugar donde vivimos sino un territorio que estamos obligados a cuidar, mejorar y dejar mejor a las próximas generaciones, ese día empezará la verdadera transformación del departamento.

Porque al final, los territorios no se atrasan por falta de recursos, se atrasan cuando su gente deja de sentirse parte de ellos. Y los territorios no avanzan solo cuando llega un buen gobierno, avanzan cuando su gente decide, de manera colectiva, volver a creer, volver a participar y volver a construir comunidad.

Tal vez el futuro de Boyacá no dependa únicamente de los próximos gobernantes, alcaldes o dirigentes. Tal vez el futuro de Boyacá dependa de algo más simple y más poderoso: que volvamos a sentir que esta tierra sí vale la pena, que sí es nuestra y que sí somos responsables de su futuro.

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