Del escritorio al territorio

lunes 31 de agosto de 2026, 7:00 am

Hay una escena que debería repetirse mucho más en la vida pública de Boyacá: un gobernante sentado frente a su comunidad, escuchando.

No inaugurando una obra. No pronunciando un discurso. No entregando un informe. Escuchando.

Por estos días, Tunja ha vuelto a poner sobre la mesa una herramienta que, bien utilizada, puede transformar la manera de gobernar: los consejos comunales. Más allá de la metodología, de las intervenciones y de los compromisos que puedan surgir, hay algo mucho más importante detrás de estos espacios: la posibilidad de que quienes toman decisiones conozcan de primera mano lo que ocurre en los barrios, las veredas y las comunidades.

Porque una cosa es leer las necesidades de un territorio en un informe y otra muy distinta es mirar a los ojos a quien lleva años esperando una solución.

Un administrador público puede tener excelentes indicadores, equipos técnicos preparados y una planeación cuidadosamente estructurada. Pero si no escucha a la gente, corre el riesgo de administrar un territorio que conoce en los documentos, pero no en la realidad.

La comunidad tiene algo que ningún sistema de información puede reemplazar: experiencia.

El campesino sabe dónde está fallando una vía cuando llegan las lluvias. La madre de familia sabe qué significa realmente que el transporte no pase a determinada hora. El comerciante conoce los problemas de su sector. El joven identifica oportunidades que muchas veces no aparecen en los diagnósticos institucionales. El presidente de una junta de acción comunal conoce las necesidades de su comunidad con una precisión que ningún escritorio puede ofrecer.

Por eso, escuchar no es simplemente un gesto de cercanía política. Es una herramienta de gobierno.

Y aquí quisiera hacer una invitación respetuosa a la Asamblea Departamental y a la Gobernación de Boyacá. Llevemos también estos ejercicios a los municipios.

Boyacá no termina en Tunja.

Hay comunidades en cada una de nuestras provincias esperando ser escuchadas. Municipios con necesidades diferentes, vocaciones distintas, problemas particulares y enormes capacidades que muchas veces permanecen invisibles desde las oficinas de la administración departamental.

¿Por qué no pensar en una agenda de encuentros territoriales donde diputados y Gobierno departamental puedan sentarse con alcaldes, concejales, juntas de acción comunal, organizaciones sociales, campesinos, jóvenes, empresarios y ciudadanos?

No para hacer política de escritorio en los municipios, sino para hacer política pública desde el territorio.

La Asamblea Departamental tiene una responsabilidad enorme: representar las voces de los boyacenses. Y para representar bien, primero hay que escuchar bien.

La Gobernación, por su parte, tiene el desafío de articular las necesidades municipales con una visión departamental. Y esa articulación será mucho más efectiva cuando los proyectos y decisiones no solamente bajen desde el nivel central, sino que también suban desde las comunidades.

Esto no significa prometerle a cada ciudadano que todo será resuelto. Significa algo más serio: decirle a la gente que su voz importa, que será tenida en cuenta y que existen canales institucionales para convertir sus preocupaciones en decisiones, prioridades y acciones.

Porque escuchar también implica responder.

Un consejo comunal no debería terminar cuando se apagan los micrófonos. La verdadera prueba comienza después: ¿qué compromisos quedaron?, ¿quién los asumió?, ¿qué recursos existen?, ¿cuáles son los tiempos?, ¿qué se puede hacer y qué no?, ¿cómo se hará seguimiento?

Ahí está el verdadero valor de la participación.

Como administrador público territorial creo profundamente que gobernar no puede reducirse a ejecutar presupuesto. Gobernar es priorizar, coordinar, planear, resolver y, sobre todo, construir confianza.

Y la confianza pública no se decreta. Se construye cuando el ciudadano siente que su gobierno está cerca, que puede ser escuchado y que sus problemas no desaparecen después de una reunión.

Tunja y Boyacá necesitan más conversaciones de frente. Más territorio. Más articulación entre alcaldías y Gobernación. Más diálogo entre la institucionalidad y las comunidades. Y menos distancia entre quienes toman las decisiones y quienes viven sus consecuencias.

Los consejos comunales pueden ser un buen comienzo.

Mi invitación es a que no los dejemos como una estrategia coyuntural. Hagamos de la escucha una práctica permanente de gobierno.

Que la Gobernación recorra Boyacá. Que la Asamblea escuche a Boyacá. Que los alcaldes abran las puertas de sus municipios. Que las comunidades tengan espacios reales para plantear sus necesidades y también sus soluciones.

Porque cuando una institución escucha al territorio, el territorio también empieza a confiar en sus instituciones. Y quizás esa sea una de las grandes tareas que tenemos por delante: volver a encontrarnos alrededor de lo público, entender que las diferencias pueden convertirse en acuerdos y recordar que ningún gobierno, ninguna Asamblea y ningún municipio puede sacar adelante a Boyacá solo.

El departamento necesita que trabajemos juntos.

Pero para trabajar juntos, primero tenemos que sentarnos a escucharnos.

Porque escuchar a la comunidad no es solamente oír lo que la gente tiene para decir. Es tener la voluntad de dejar que esa voz transforme la manera en que gobernamos.

La entrada Del escritorio al territorio se publicó primero en Boyacá 7 Días.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Buscar

Contenido relacionado

Categorías

Radio Offline