Hay una palabra que a los que peinamos canas nos devuelve de golpe a la juventud: Walkman. Ese aparatico que uno se colgaba del cinturón, con los audífonos de esponjita amarilla y que fue para toda una generación la primera vez que la música cabía en el bolsillo.

Sony, la marca que inventó el Walkman, mantiene vivo este icónico aparato en pleno 2026. No es el mismo de casetes, claro, pero sigue llamándose Walkman y sigue teniendo el mismo propósito de siempre, que es entregar música con una calidad que ningún celular alcanza.
Los modelos de hoy son otra cosa. Tienen pantalla táctil, se conectan a internet, permiten bajar Spotify o YouTube Music, guardan miles de canciones y presumen de un sonido de altísima fidelidad, tan limpio y detallado como el artista lo grabó. Sony ya prepara una versión nueva para finales de este año, y los que saben de audio la esperan con ansias. Eso sí, no es barato, porque el gusto por el buen sonido cuesta, y estos aparatos se van fácil por encima de los dos o tres millones de pesos.
Pero más que el aparato nuevo, lo que a mí me mueve es lo que representa, y creo que a usted también.
El Walkman original salió en 1979, hace casi cincuenta años, y vendió más de 400 millones de unidades en el mundo. Para los que crecimos con él, no era solo un reproductor, era una forma de vivir la música que hoy se perdió. Uno grababa sus casetes con paciencia de monje, esperando horas frente a la radio para capturar la canción favorita, rezando para que el locutor no hablara encima del final.
Uno armaba el casete de la novia con dedicación, escogiendo tema por tema, porque regalar un casete era casi una declaración de amor. Y cuando se enredaba la cinta, tocaba sacarla con cuidadito y devolverla con un esfero, en ese ritual que cualquiera de mi generación recuerda con una sonrisa.

Hoy tenemos toda la música del mundo en el celular, gratis o casi, con solo pedirla. Y sí, es una maravilla, no lo voy a negar. Pero se perdió algo en el camino, y es el valor de lo que cuesta conseguir. Cuando uno tenía diez casetes, se los sabía de memoria, los cuidaba, los quería. Ahora tenemos millones de canciones y no nos acordamos ni de la que sonó ayer.
Por eso me alegra que el Walkman siga existiendo, aunque sea para unos pocos amantes del buen sonido. No tanto por el aparato, sino por lo que nos recuerda. Que hubo una época en que la música se escuchaba con toda la atención, sin notificaciones que interrumpieran, sin saltar de canción cada quince segundos, sentados en la cama con los ojos cerrados, dejando que un álbum entero nos contara una historia de principio a fin.
Quizás no necesitamos comprar el Walkman nuevo para recuperar eso. Quizás solo necesitamos, de vez en cuando, volver a escuchar una canción completa, sin afán, como se hacía antes. Porque la buena música, igual que las cosas buenas de la vida, se disfruta más cuando uno le presta toda la atención.
Y esa, amigos, es una tecnología que nunca pasa de moda.
La entrada El Walkman volvió, y con él nos vuelve el recuerdo de cuando la música se cuidaba como un tesoro se publicó primero en Boyacá 7 Días.


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