La carpintería del poder: el ajedrez definitivo tras el 31 de mayo

miércoles 3 de junio de 2026, 7:00 am

La primera vuelta presidencial del 31 de mayo del 2026 demostró que la política colombiana se trasladó a las pantallas en un país profundamente dividido. Abelardo de la Espriella alcanzó el 43,77 % de los votos con un discurso punitivo, mientras Iván Cepeda logró el 40,88 %. Este resultado obliga a ambas fuerzas a jugarse el todo por el todo en la segunda vuelta del próximo 21 de junio.

El debate de propuestas quedó sepultado por una avalancha de publicidad y bodegas digitales financiadas con dinero oscuro y sin control fiscal. Esta saturación devoró las estructuras tradicionales, provocando el desplome del Centro Democrático de Paloma Valencia, que cayó al 6,48 % porque sus votantes migraron hacia el fenómeno de de la Espriella. En contraste, la resistencia de Cepeda demostró que el progresismo mantiene una base sólida y fiel en Bogotá y las regiones periféricas.

El peligro inminente radica en la retórica radical y excluyente de de la Espriella, quien plantea abiertamente extinguir a la fuerza a la oposición política. Esta intención de exterminio ideológico pone en jaque el pluralismo constitucional, pero actúa como un bumerán sociopolítico: lejos de someter al disenso, genera una ciudadanía más fuerte, cohesionada y unida para resistir en las calles y en las urnas frente a la amenaza autoritaria.

Ante el estancamiento de las opciones intermedias —donde Sergio Fajardo obtuvo el 3,92 % y Claudia López el 1,00 %— la tesis de Clara López Obregón sobre una pedagogía política incluyente se vuelve un imperativo. La polarización absorbió al centro tradicional, pero irónicamente, deja el futuro del país exclusivamente en manos de este centro, del electorado independiente, los indecisos y los sectores abstencionistas que rechazaron la intoxicación digital de los extremos.

Para ganar, Cepeda necesita atraer a la centroizquierda sumando el 2,50 % de las bases de Fajardo mediante acuerdos institucionales, el 0,80 % de Claudia López bajo banderas ambientales, un 0,80 % de la reducción natural del voto en blanco (que marcó 1,85 %) y un 0,50 % de empresarios moderados que temen a la imprevisibilidad económica del outsider.

Contrario a los análisis facilistas, la extrema derecha no absorberá automáticamente el 6,48 % de Paloma Valencia. Los candidatos derrotados y la centroderecha orgánica guardan profundas distancias éticas frente a de la Espriella debido a sus discursos homofóbicos, sus ataques a minorías y sus formas desobligantes. Este quiebre democrático ante el revanchismo del candidato opositor abre una fisura crucial donde miles de conservadores institucionales preferirán la abstención antes que validar una agenda de intolerancia.

Ahí es donde se define la contienda a través de la carpintería de la política práctica y territorial. Operadores experimentados como Roy Barreras y Armando Benedetti pueden desequilibrar la balanza mediante acuerdos de intereses y gobernabilidad con las maquinarias regionales que hoy actúan como agentes libres. Mientras Barreras tiende puentes con un centro político celoso de las leyes, Benedetti opera la gestión territorial, especialmente en la Costa Caribe, para amarrar respaldos y restar fuerzas a la derecha radical.

Es precisamente en esa carpintería de la política práctica y territorial donde se hace evidente que la inactividad proselitista de los congresistas elegidos por el Pacto Histórico pudo ser una de las causas determinantes en la pérdida de la primera vuelta presidencial; una circunstancia de crítica constructiva que se tiene que revaluar con urgencia si se quiere ganar la presidencia. Al tratarse de representantes beneficiados por una votación global mediante una lista cerrada bajo el liderazgo de Gustavo Petro, muchos legisladores se distanciaron del trabajo de base, provocando un vacío que las maquinarias no pueden llenar solas.

El caso de Sogamoso es el vivo reflejo de este abandono: la ‘Plaza Roja’ de Boyacá extrañó la presencia del candidato Iván Cepeda, un bache que debió ser suplido por los dos senadores que ostenta la región, con quienes era viable duplicar la votación. Por el contrario, la inacción parlamentaria provocó que los aproximadamente 35.000 ciudadanos que respaldaron el proyecto en el 2022 se redujeran hoy a cerca de 27.500, una alarmante pérdida de 7.000 votos que demuestra que la ingeniería política de los operadores nacionales fracasará si los líderes locales no abandonan la comodidad centralista y regresan de inmediato al barro de las calles a recuperar la confianza popular.

El reto metodológico final exige cambiar esta fría ingeniería política, con una actividad proselitista más activa, combinada con una narrativa digital capaz de motivar al voto joven y abstencionista. El éxito del progresismo el 21 de junio dependerá de arrebatarle a la extrema derecha el monopolio de las redes sociales, y activar el proselitismo progresista, demostrando ser la única alternativa real para desactivar los discursos de odio, detener la exclusión y garantizar la estabilidad democrática del país.

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