Si su hijo hace las tareas con inteligencia artificial, esto le va a interesar.
El MIT, una de las universidades más prestigiosas del mundo, le puso un casco con sensores cerebrales a 54 estudiantes durante cuatro meses. Quería ver qué pasaba en sus cabezas mientras escribían.

Los dividieron en tres grupos. Uno escribía solo con la cabeza. Otro podía buscar en Google. El tercero solo podía usar ChatGPT.
Los resultados son para sentarse a pensar.
El grupo que usó solo ChatGPT mostró hasta 55% menos actividad cerebral que el grupo que escribió sin nada. El cerebro, literalmente, se acostumbró a no trabajar.
Y lo más serio: cuando a esos mismos estudiantes les quitaron ChatGPT, la actividad cerebral siguió baja. El daño no desapareció al apagar la aplicación. Los investigadores lo llamaron «deuda cognitiva».
Hubo un detalle más. Los estudiantes del grupo de ChatGPT confesaron que no sentían suyos los textos que entregaban. Había palabras, sí. Pero sin alma.

Esta semana, el psicólogo español Javier Haro lo dijo claro: la IA está haciendo que los niños pierdan la capacidad de pensar por sí mismos. Y la psicóloga chilena Carolina Flores agregó algo que duele: «el mayor problema es que muchos adultos que deberían supervisar a los niños tienen menos conocimiento de la IA que ellos.»
Ahí está el lío. Una herramienta poderosa, en manos de menores, sin que los adultos sepamos ni cómo guiarlos.
Tres ideas para usar en casa
- Lo primero: enseñarle al niño a pedirle preguntas a la IA, no respuestas. Si le pregunta «quién descubrió América», la IA le da el dato y el cerebro no trabaja. Pero si le pide «hazme 10 preguntas sobre el descubrimiento de América para repasar», entonces sí tiene que pensar. La misma herramienta, dos resultados opuestos.
- Lo segundo: siéntese al lado del niño cuando esté usando ChatGPT. No para vigilar, sino para acompañar. Pídale que le explique con sus propias palabras lo que entendió. Esa conversación vale más que mil prohibiciones.
- Lo tercero, lo más importante: recuerde que un niño aprende sufriendo un poco el problema. Equivocándose, borrando y volviendo a intentarlo. Esa frustración no es un castigo, es lo que hace crecer la mente. Cuando la IA entrega la respuesta masticada, le quita justo lo que el niño más necesita.
Hay algo que vale la pena recordar: los mismos creadores de ChatGPT no dejan que sus propios hijos pequeños la usen.

Y el Papa León XIV, en su encíclica de la semana pasada, lo dijo en una frase para enmarcar: «Usen la inteligencia artificial de tal manera que, si desapareciera mañana, siguieran sabiendo cómo pensar.»
Si su hijo abrió el computador, hizo la tarea con IA en cinco minutos y la entregó sin procesar nada, no aprendió. Hizo trampa contra sí mismo.
Y la única persona que se va a dar cuenta del costo, dentro de unos años, es él.
La entrada Lo que ChatGPT le está haciendo al cerebro de los niños, según un estudio del MIT se publicó primero en Boyacá 7 Días.
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