Fe y decepción

viernes 22 de mayo de 2026, 1:00 pm

Recientemente vi una película llamada The Devil All the Time, del director Antonio Campos. El filme está atravesado por el hecho religioso, es decir, por la manera en que la religión se configura con las decisiones de vida de las personas y cómo se utiliza la fe como marco de comprensión del devenir existencial. Lastimosamente, la película muestra perversiones de una religión mal llevada: por ejemplo, la manipulación de las conciencias, la instrumentalización de las creencias en las personas más sencillas, el fanatismo, la incredulidad frente a las leyes naturales que gobiernan la vida y el mundo, el abuso, la falta de criterio y el sacrificio mal entendido.

En definitiva, la idea que tengamos de Dios y de lo trascendente tiene repercusiones en la vida. Sin embargo, ese constructo empieza a cultivarse desde una edad muy temprana. Si una persona crece afirmando que Dios lo puede todo y que para Él no hay nada imposible, tendrá frustraciones muy fuertes, dado que existen leyes naturales que hacen parte de la vida humana y de la forma en que funciona el mundo: la muerte, el paso del tiempo, el deterioro de la vida, el azar y muchas otras cosas del orden existencial.

Algunas personas utilizan la religión como una moneda de cambio con lo trascendente; es decir, creen que, si se ora o se hacen sacrificios, se puede alargar la vida de un ser querido o lograr favores para que los planes se hagan realidad. Sin embargo, esta práctica, en la que todos caemos frente al desespero, el dolor y el desconsuelo, trae consecuencias muy graves, como las que se plantean en la película: decepción, tristeza, fanatismo y locura.

La película me hizo pensar que, si desde niños nos relacionáramos con la fe de otra manera, es decir, no cultivando la idea del Dios que lo puede todo, sino la del Dios que nos guía en la aceptación de lo que no podemos cambiar; del Dios que nos da la fuerza para acompañar al otro en el dolor, abrazarlo, estar presente y comprender que todo en la vida, por doloroso e incomprensible que sea, tiene un sentido, no sufriríamos tanto. Cambiar la idea de Dios nos ayudaría a no dejarnos manipular por líderes religiosos carismáticos que, en ocasiones, quieren hacer negocio con la fe y las tristezas de la gente.

Voy a decir algo de la película; sin embargo, es un spoiler muy mínimo frente a todo lo que trabaja el film. Hay una mujer buena, dulce, que se enferma de cáncer. Su esposo, en vez de acompañarla, se refugia en lo religioso, la descuida y la abandona, al punto de que parece que la mujer muere sola. Su esposo y su hijo, obligado por su padre, tienen que orar en un oratorio improvisado para que su madre no muera. No obstante, ella perece.

Es verdad: expresar lo dicho en esta columna incomoda. Dios es el único recurso que nos queda, por ejemplo, frente a la enfermedad de un ser amado. No obstante, la creencia de que Dios puede curar o salvar a alguien del trágico destino humano nos decepciona, nos hace caer en trampas manipulativas y nos aleja de lo humano y de quien sufre.

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