
“Que no hay que dar alimento más que al que tiene hambre de ese alimento». Nietzsche
“Solo sé que nada sé” es una de las expresiones más conocidas de Sócrates. Esta frase se popularizó y se utiliza coloquialmente con una carga de humor. Sin embargo, poco se piensa en ella. ¿Qué implica no saber? ¿Qué oportunidades supone reconocer ese desconocimiento?
Tal vez para Sócrates, ese pensador inquieto, cuestionador, incómodo y meditativo, la expresión era la entrada al saber. Solo se puede aprender y conocer cuando uno se reconoce ignorante. Solo se puede llenar algo cuando se reconoce el vacío. En cambio, cuando una persona se siente conocedora, llena, es muy difícil que algo nuevo pueda entrar.
Pues bien, en estos días en los que se celebra el Día del Profesor, esta expresión socrática debería ser meditada por estudiantes y profesores. Uno de los retos más grandes que tenemos los profesores consiste en enfrentarnos a la soberbia de algunos alumnos; es decir, a no admitir que, para que pueda haber conocimiento, tiene que haber reconocimiento de la ignorancia.
De igual modo, uno de los retos que en ocasiones enfrentan los alumnos consiste en enfrentarse a docentes que consideran que ya lo saben todo, o sea, que no asumen la ignorancia necesaria para ser interpelado, cuestionado y capacitado para poner el conocimiento en diálogo.
De hecho, la ciencia avanza gracias a que se reconoce el vacío, es decir, que todavía no está hecha ni completa. Así mismo, debería pensarse la comunidad académica como sujetos que están en proceso de construcción. De no ser así, la tarea académica se hace titánica.
La aceptación de ese “solo sé que nada sé” tiene múltiples consecuencias. Por un lado, quien sabe que no sabe y reflexiona sobre ello se siente impelido a aprender. Para aprender utiliza la habilidad más vulnerada de este tiempo: la atención. La atención le permite pensar, preguntar, contemplar, crear y dialogar con los docentes y con sus pares.
Estas prácticas le motivarán a buscar bibliografía, a leer en su casa, a consultar; a buscar congresos, coloquios y clubes de lectura; a construirse una biblioteca. Además, le animará a vivir. Habrá razones para levantarse en las mañanas: los libros que le aguardan, las conversaciones intensas, los descubrimientos, la capacidad de crear, en otras palabras, la vida que se hace efervescente.
Vivir una vida, como planteaba Sócrates, en la que hay un constante examen, es una vida que vale la pena ser vivida. Puesto que todo acto de evaluación no es otra cosa sino admitir el vacío y el camino que hace falta por andar.
La entrada ¿Qué implica reconocerse ignorante? se publicó primero en Boyacá 7 Días.










0 comentarios