Comprender que la edad es multifactorial permite enfocar las acciones en la adopción de prácticas que promuevan la independencia y la salud en la vejez.

Es común encontrar personas que, debido a factores biológicos y a sus hábitos, aparentan menos años de los que realmente tienen y presentan un estado de salud favorable frente a sus contemporáneos. Lejos de tendencias sobre la juventud, la ciencia ha avanzado en la medición del envejecimiento, introduciendo conceptos como la edad biológica y la edad subjetiva.
A diferencia de la edad cronológica, el envejecimiento biológico ocurre a ritmos distintos en cada persona y en cada órgano. A nivel molecular, este proceso está relacionado con la longitud de los telómeros y cómo estos se reducen por factores como el estrés oxidativo, el sedentarismo, la falta de sueño y la alimentación.
A esto se suma la edad subjetiva, que es la percepción que cada individuo tiene sobre su propio envejecimiento. Estudios indican que una percepción de juventud tiene un impacto en la longevidad y el bienestar, ya que suele relacionarse con la disposición para mantener hábitos saludables y vínculos sociales.
No obstante, en contextos donde existe discriminación por edad (edadismo), las transformaciones naturales del cuerpo pueden generar estigmas que afectan la salud mental y emocional de las personas.
“Hoy se sabe que uno de los marcadores más importantes para estimar la edad biológica es la velocidad con la que caminamos y realizamos nuestras actividades diarias; si vemos a un paciente de 80 años que es funcional, no es frágil y no presenta alteraciones cognitivas, podemos decir que su edad biológica es mucho menor que su edad cronológica. Hoy en día, aún me resulta extraño que no exista, en todas las profesiones, una cátedra sobre el adulto mayor. ¿Cuáles son sus limitaciones? ¿Cuáles son sus ventajas? ¿Cómo podemos crear conocimiento en su beneficio? Que, a fin de cuentas, es el beneficio de toda la humanidad”, comenta Héctor Cárdenas, geriatra adscrito a Colsanitas.
Para fomentar un envejecimiento saludable y reducir el deterioro celular, se recomiendan los siguientes hábitos:
- Alimentación con componentes específicos: incluir alimentos con resveratrol (uvas, arándanos, maní) y quercetina (cebolla morada, manzanas, brócoli, té verde), los cuales contribuyen a la reparación del ADN y a la reducción de la inflamación.
- Actividad física regular: el movimiento constante ayuda a conservar la masa muscular y ósea, además de favorecer la regeneración celular.
- Gestión del estrés: reducir niveles de hormonas como el cortisol y la adrenalina es fundamental, pues estas pueden acelerar el desgaste de los telómeros.
- Fortalecimiento de la red de apoyo: mantener vínculos sociales y evitar el aislamiento disminuye el riesgo de depresión y deterioro cognitivo.
- Definición de un propósito: contar con metas a largo plazo en la adultez mayor brinda motivación y contribuye al bienestar integral.
Comprender que la edad es multifactorial permite enfocar las acciones en la adopción de prácticas que promuevan la independencia y la salud en la vejez.
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