Alimentarse en medio del tratamiento oncológico: claves para sobrellevar los efectos secundarios

miércoles 15 de abril de 2026, 7:00 pm

Desde porciones pequeñas hasta cambios en la preparación de los alimentos, existen múltiples estrategias que permiten a los pacientes afrontar las molestias físicas durante el tratamiento.

*Por: Nury Vargas

Ajustar la dieta ayuda a sobrellevar el tratamiento oncológico. Foto: suministrada a Boyacá Sie7e Días.

El tratamiento contra el cáncer no solo enfrenta al paciente a la enfermedad. También transforma su relación con la comida. Náuseas, alteraciones en el gusto, pérdida o aumento del apetito y problemas digestivos suelen aparecer en el camino, dificultando algo tan básico como alimentarse bien.

En ese contexto, especialistas en nutrición insisten en que mantener un adecuado estado nutricional es tan importante como el tratamiento mismo. No se trata solo de comer más o menos, sino de adaptar la alimentación a lo que el cuerpo tolera en cada etapa.

El peso: un equilibrio necesario

Los cambios de peso son frecuentes durante el tratamiento. La pérdida involuntaria puede disminuir la masa muscular, la resistencia y la calidad de vida. En contraste, el aumento puede derivar en enfermedades como la diabetes o afectaciones cardíacas. La recomendación es intentar mantener el peso estable, incluso si está por fuera de los rangos considerados normales.

Apetito variable: cómo enfrentarlo

El apetito puede disminuir o aumentar. Cuando se pierde el interés por la comida, se aconseja optar por porciones pequeñas pero ricas en calorías, como yogur, frutos secos, mantequilla de aguacate. Comer en los momentos en que el hambre aparece y tener refrigerios a la mano puede facilitar la ingesta.

Si, por el contrario, se come más por estrés, es preferible elegir alimentos como frutas, verduras o palomitas de maíz, y buscar alternativas para manejar la ansiedad, como caminar o hablar con alguien cercano.

Náuseas: pequeños cambios que ayudan

Las náuseas y los vómitos dificultan la alimentación, pero algunos ajustes pueden aliviar el malestar. Los alimentos suaves como galletas saladas, tostadas, arroz, pasta simple o sopas claras suelen ser mejor tolerados.

También se recomienda hacer entre cinco y seis comidas pequeñas al día, no saltarse tiempos de comida —ya que el estómago vacío puede empeorar las náuseas— y consumir líquidos en pequeñas cantidades a lo largo del día. En algunos casos, alimentos secos como galletas pueden acompañar los medicamentos, si el equipo médico lo autoriza.

Cambios en el gusto y el olfato

El tratamiento puede alterar la percepción de los sabores. Algunos pacientes sienten la comida insípida, mientras otros perciben sabores metálicos o demasiado intensos.

Para mejorar la experiencia, se puede intensificar el sabor con limón, lima o vinagre (si no hay irritación), usar especias como canela, jengibre, albahaca o romero, o añadir un toque dulce si los alimentos resultan amargos. También es útil probar marinados, cambiar las fuentes de proteína y utilizar utensilios de plástico o bambú si aparece el sabor metálico.

Cuando los olores resultan molestos, se recomienda consumir alimentos fríos o a temperatura ambiente, cocinar en microondas o con ollas de cocción lenta, cubrir los alimentos durante la preparación y ventilar los espacios.

Dolor al comer o dificultad para tragar

El dolor en la boca o la garganta puede convertir la alimentación en una tarea difícil. En estos casos, se aconsejan alimentos suaves como purés, cereales cocidos o huevos revueltos, así como opciones frías como batidos o helados.

Cortar los alimentos en trozos pequeños, evitar productos picantes, ácidos, cítricos o gaseosas, y chupar hielo puede ayudar a reducir la incomodidad.

Problemas digestivos: diarrea y estreñimiento

Los cambios intestinales son comunes durante el tratamiento. Para la diarrea, se recomiendan comidas pequeñas y frecuentes, alimentos blandos y bajos en fibra, además de evitar cafeína, alcohol, lactosa y edulcorantes como sorbitol, xilitol o manitol. Mantener una buena hidratación, incluso con bebidas con electrolitos, es fundamental.

En el caso del estreñimiento, el clave aumentar la ingesta de líquidos —entre ocho y diez tazas diarias—, consumir fibra, mantener horarios regulares de comida y realizar actividad física, aunque sea leve. Bebidas calientes en la mañana pueden estimular el tránsito intestinal.

Acompañamiento médico, clave en el proceso

Cada paciente responde de manera distinta al tratamiento. Por eso, el equipo de salud se convierte en un aliado fundamental para orientar sobre los síntomas y ajustar la alimentación según cada caso, así lo explica Grace Fjeldberg, especialista en nutrición oncológica del Sistema de Salud de Mayo Clinic en Mankato (Minnesota, Estados Unidos).

*Redactora de Boyacá Sie7e Días

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