
En 1850 la Sierra Nevada de Güicán o El Cocuy tenía 148,7 kilómetros cuadrados de hielo, y en el 2024 contaba con tan solo 11,88 kilómetros cuadrados. En 1956 la Sierra tenía 40 kilómetros cuadrados de hielo, lo que significa que en los últimos 70 años ha perdido más del 70 por ciento de su masa glaciar.
En los años 80 la pérdida anual de hielo en promedio fue de 10 a 15 metros, mientras que en los 90 aumentó de entre 15 y 20 metros. En el 2006 la pérdida de hielo fue de 26 metros lineales. Aunque la Sierra Nevada de Güicán o El Cocuy es actualmente la masa glaciar más grande del país, expertos pronostican que los glaciares boyacenses desaparecerán totalmente en unos 40 años, si no antes.
De acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), el área glaciar nacional se redujo un 6,8 % entre el 2022 y el 2024, lo que equivale a una pérdida de 2,26 kilómetros cuadrados, esto significa que el país conserva solo 30,83 kilómetros cuadrados de glaciares, frente a los 33,09 km² registrados en el 2022.
Desde el Ideam han señalado que, los expertos del Instituto atribuyen este acelerado derretimiento al fenómeno climático extremo El Niño 2023-2024, que generó temperaturas más altas y precipitaciones escasas que fundieron rápidamente la nieve acumulada durante La Niña 2022-2023 y posteriormente el hielo.
“Es el caso del glaciar Ritacuba Blanco, localizado al norte de la Sierra Nevada El Cocuy o Güicán, que, durante el 2024, en pleno fenómeno, derritió siete metros el espesor del hielo y nieve. Este fenómeno climático ha sido uno de los que más ha impactado a los glaciares colombianos desde que el Ideam inició su monitoreo en el 2006. Para la Sierra Nevada El Cocuy o Güicán, ‘El Niño’ derritió 22 % más masa glaciar que el mismo fenómeno del 2015-2016”, aseguró el Ideam.
A mediados del 2024, en la Sierra Nevada de Güicán o El Cocuy desapareció el glaciar Campanillas Blanco, y ahora el Ideam confirma la extinción del glaciar de los Cerros de la Plaza. “Su desaparición no fue abrupta, sino el resultado de un proceso sostenido de transformación climática que se aceleró en las últimas décadas”, señalaron desde la entidad.
Según el Instituto, hacia mediados del siglo XIX este glaciar alcanzaba una extensión aproximada de 5,5 km², pero más de un siglo después, en el 2016, su área se había reducido a apenas 0,15 km².
“Hoy, su cobertura es de 0 km². Su extinción es definitiva. Detrás de esta pérdida hay múltiples factores que interactúan entre sí: el aumento sostenido de la temperatura, la disminución de la precipitación en forma de nieve y su ubicación a una altitud relativamente baja para las condiciones actuales del clima”, indicó el Ideam.
La explicación técnica es que en los Andes tropicales los glaciares son especialmente sensibles a estas variaciones, lo que los convierte en indicadores directos del cambio climático.
“Desde el Ideam, con el apoyo de las herramientas del Observatorio de la Tierra y el Territorio del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), se realizó el monitoreo satelital que permitió documentar su extinción. Este seguimiento no solo permite confirmar su extinción, sino también comprender con mayor precisión la velocidad y los impactos del cambio climático en Colombia”, sostuvo el Instituto.
Recalcó que, la desaparición de un glaciar no es un hecho aislado: es la manifestación visible de un sistema climático que está cambiando, y que los glaciares cumplen funciones clave en la regulación hídrica y en los ecosistemas de alta montaña, por lo que su pérdida tiene implicaciones que van más allá del paisaje.
“Este hecho deja una señal clara: el cambio climático es una realidad que ya está transformando nuestros territorios. Y lo que está en juego no es solo el paisaje, sino el equilibrio mismo de estos ecosistemas”, puntualizaron desde el Ideam.
Por tanto, ya no son amenazas ni especulaciones: estamos ante hechos reales que demuestran que el cambio climático ya está causando graves efectos en nuestra región, y aunque la desaparición de los glaciares en el territorio boyacense ya no tenga solución, como se advierte, la lección que nos deja es que no se pueden dar más largas para proteger inmediatamente y con contundencia los páramos, los ríos, las lagunas y, por supuesto, nuestro lago de Tota.
No hay ninguna excusa válida para que las autoridades sigan permitiendo la intervención de estos ecosistemas. ¡A propósito¡, ¿qué habrá pasado con la planta de tratamiento de aguas residuales de Aquitania y con las denuncias de volteo de tierras en la ronda del lago de Tota?
La entrada La Sierra Nevada de Güicán o El Cocuy está agonizando – Héctor H. Rodríguez A. #Elinforme H.H. se publicó primero en Boyacá 7 Días.











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