
En Boyacá, de 1.045.700 ciudadanos habilitados para votar, apenas el 51,23 % acudió a las urnas. Esto significa que casi el 49 % del electorado decidió guardar silencio. Más de 510.000 boyacenses no ejercieron su derecho al voto de Cámara y Senado.
La cifra no es menor. No es un dato técnico ni una simple estadística electoral. Es, en realidad, un síntoma político y social que merece una reflexión seria y honesta. Porque cuando casi la mitad de una sociedad decide no participar en la elección de sus representantes, la democracia está fallando por desconexión entre la ciudadanía y la política.
Boyacá no es cualquier territorio en la historia democrática de Colombia. Es una tierra profundamente marcada por la idea de libertad y participación. En estas montañas se forjó buena parte del destino republicano del país. Por eso resulta inevitable preguntarse: ¿qué está pasando con nuestra cultura democrática?
La indiferencia: el terreno más peligroso
Los datos revelan algo interesante. Entre quienes sí votaron, la gran mayoría lo hizo por partidos y candidatos. El voto en blanco fue relativamente bajo, lo que sugiere que no estamos frente a una protesta electoral organizada. El fenómeno es otro: la abstención silenciosa. No es una rebelión electoral, es algo más preocupante: la indiferencia.
La política deja de ser vista como un instrumento colectivo para resolver problemas y empieza a percibirse como un escenario distante, ajeno o incluso inútil.
Como administrador público territorial, y también como ciudadano que cree profundamente en el valor de la participación, considero que la democracia se debilita cuando la ciudadanía se retira silenciosamente de ella. Sin participación, las decisiones públicas terminan quedando en manos de una minoría cada vez más pequeña.
Un llamado a la reflexión profunda
La verdadera pregunta es por qué tantos ciudadanos dejaron de sentir que vale la pena hacerlo. Tal vez la política necesita recuperar su capacidad de escuchar. Tal vez los liderazgos públicos debemos volver a conectar con las preocupaciones reales de la gente. Gobernar no es solo administrar instituciones, sino representar sueños, expectativas y esperanzas colectivas.
Boyacá, tierra de historia y de libertad, no puede acostumbrarse a que casi la mitad de su voz permanezca en silencio. Porque en democracia, cuando la ciudadanía calla, la política pierde su sentido.
La entrada El silencio de 510.000 boyacenses: cuando la apatía se vuelve la mayor amenaza para la democracia se publicó primero en Boyacá 7 Días.
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