
Dentro de las sorpresas que uno se lleva en cada elección, hoy me llamó particularmente la atención la votación que obtuvo en nuestro departamento Gersson Vargas Valdeleón, también conocido en redes sociales como el Señor Biter.
Si revisamos el orden de votación al Senado en Boyacá, encontramos en primer lugar la Alianza Verde, donde el hermano del gobernador obtuvo la votación más alta del departamento superando la barrera de los 60.000 votos. Por otro lado, la lista cerrada del Pacto Histórico superó los 95.000 votos y el Centro Democrático también pasó los 87.000.
En el caso del Partido Conservador Colombiano, candidatos como Miguel Ángel Barreto Castillo y Soledad Tamayo Tamayo, quienes vienen a buscar votos al departamento cada cuatro años, también lograron sumar más de 11.000 y 3.800 votos respectivamente.
Sin embargo, mi verdadera sorpresa llegó al revisar la votación del Partido Liberal Colombiano. Desde algunos grupos políticos se le estaba haciendo campaña a José Horacio Serpa Moncada e incluso a Richard Aguilar Villa. Lo cierto es que la sorpresa dentro del liberalismo fue Gersson Vargas, quien, sin maquinarias tradicionales, se embolsilló en la tierra de la libertad más de 5.500 votos, la votación más alta de ese partido para el Senado en nuestro departamento.
El caso resulta llamativo si se observa la lógica histórica de la política boyacense. Durante décadas, el éxito ha dependido de estructuras territoriales y redes de líderes locales. Bajo esa lógica se movía la candidatura de José Horacio Serpa, quien tenía el respaldo político del actual representante a la Cámara Héctor David Chaparro. Aun así, el resultado sugiere que esa estructura tradicional no fue suficiente frente a un fenómeno distinto: el capital digital convertido en capital electoral.
A diferencia de los candidatos tradicionales, el Señor Biter no construyó su base política en directorios municipales, sino desde redes sociales, donde consolidó una comunidad interesada en temas de movilidad, comparendos y derechos de los conductores.
Esto introduce una lógica diferente. Mientras los políticos tradicionales dependen de redes territoriales concentradas, los influenciadores movilizan comunidades temáticas dispersas. En el caso del Señor Biter, su mensaje conecta con un grupo social amplio que comparte frustraciones frente a las fotomultas o los procedimientos de tránsito.
Además, la estructura del Senado en circunscripción nacional favorece este tipo de candidaturas. Por eso resulta sorprendente que un personaje del ecosistema digital haya logrado superar electoralmente a un candidato con apoyos políticos en el territorio y el respaldo de un representante en ejercicio.
Este episodio refleja un cambio profundo: las maquinarias territoriales ahora deben competir con nuevas formas de movilización basadas en audiencias digitales y comunicación directa con los votantes. El resultado del Señor Biter muestra cómo la política de redes sociales empieza a disputar espacios a las estructuras tradicionales de poder.
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