Viajeros de todo el mundo descienden a este templo de sal para vivir una experiencia que combina historia, arte y compromiso ambiental, convirtiéndolo en uno de los grandes orgullos turísticos de Colombia.
Por: Nury Vargas
A 180 metros bajo tierra, en el interior de una mina milenaria, la Catedral de Sal de Zipaquirá se consolida como uno de los destinos patrimoniales subterráneos más importantes del mundo y como referente latinoamericano en turismo sostenible.
Visitantes de más de 100 países recorren cada año sus galerías talladas en sal y roca. La experiencia trasciende lo arquitectónico y lo espiritual: es un encuentro con la geología del territorio y con una propuesta que promueve la contemplación, el respeto por los recursos naturales y la valoración del patrimonio como parte de la identidad cultural.
Reconocida por medios internacionales como una de las maravillas subterráneas del planeta, la Catedral ha evolucionado hacia un modelo de turismo con propósito. La conservación del entorno, la gestión responsable de los recursos minerales y la protección de su ecosistema hacen parte de una estrategia que equilibra desarrollo y sostenibilidad.
El espacio también se ha fortalecido como escenario cultural activo. Conciertos, exposiciones y experiencias artísticas dialogan con la fuerza simbólica de la roca y resignifican el patrimonio ante nuevas audiencias. Este modelo ha impulsado la proyección internacional de Zipaquirá, dinamizando su economía y consolidando al municipio dentro de los circuitos del turismo global consciente.
Desde las profundidades de la tierra, la Catedral de Sal reafirma que el patrimonio, gestionado con visión y responsabilidad ambiental, puede convertirse en motor de desarrollo sostenible y orgullo nacional.
Redactora de Boyacá Sie7e Días
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